miércoles, 29 de julio de 2026

MIÉRCOLES XVII T.O. A


Hoy miércoles las lecturas nos quieren mostrar cuál es el camino de la vida. En la primera lectura el profeta sufre porque se siente lejos de Dios y ve que el pueblo no escucha sus palabras frente a los ídolos. Pero Dios le dice que lo convertirá en muralla contra la que no podrán hacer frente. En el evangelio nos muestra las acciones de Marta y María y las quejas de Marta contra María. Marta actúa sirviendo a todos, pero su acción está más preocupada por agradar que por servir; María en cambio actúa contemplando la Palabra de Jesús y dejando que le llene y así pueda servir con sentido en el mundo. Tengamos hoy atención a nuestra forma de servicio: si nos llenamos de Dios, transmitiremos a Dios; si nos esforzamos por darnos sin Dios, desfalleceremos y dejaremos de servir a Dios para buscar nuestra propia gloria. Seamos buenos y confiemos en Dios, que es nuestra verdadera fortaleza frente al mundo egoísta.



1ª Lectura (Éx 32, 15-24.30-34): En aquellos días, Moisés bajó del monte y regresó trayendo en sus manos las dos tablas de la alianza, que estaban escritas por ambos lados. Las tablas eran obra de Dios y la escritura grabada sobre ellas era también obra de Dios. Cuando Josué oyó los gritos del pueblo, le dijo a Moisés: «Se oyen gritos de guerra en el campamento». Moisés le respondió: «No son gritos de victoria ni alaridos de derrota. Lo que oigo son cantos». Cuando Moisés se acercó al campamento y vio el becerro y las danzas, se enfureció, arrojó las tablas y las hizo añicos al pie del monte. Luego tomó el becerro que habían hecho, lo echó al fuego y lo molió hasta reducirlo a polvo, que esparció en el agua y se la hizo beber a los israelitas.

Después le dijo Moisés a Aarón: «¿Qué te ha hecho este pueblo para que lo hayas arrastrado a cometer un pecado tan grave?». Aarón le respondió: «No te enfurezcas, señor mío, pues tú ya sabes lo perverso que es este pueblo. Me dijeron: ‘Haznos un dios que nos guíe, pues no sabemos lo que le ha pasado a Moisés, ese hombre que nos sacó de Egipto’. Yo les contesté: ‘Los que tengan oro, que se desprendan de él’. Ellos se quitaron el oro y me lo dieron; yo lo eché al fuego y salió ese becerro».

Al día siguiente, Moisés le dijo al pueblo: «Habéis cometido un pecado gravísimo. Voy a subir ahora a donde está el Señor, para ver si puedo obtener el perdón de ese pecado». Así pues, fue Moisés a donde estaba el Señor y le dijo: «Ciertamente este pueblo ha cometido un pecado gravísimo al hacerse un dios de oro. Pero ahora, Señor, te ruego que les perdones su pecado o que me borres a mí de tu libro que has escrito». El Señor le respondió: «Al que haya pecado contra mí, lo borraré de mi libro. Ahora ve y conduce al pueblo al lugar que te he dicho y mi ángel irá delante de ti. Pero cuando llegue el día de mi venganza, les pediré cuentas de su pecado».


Salmo responsorial: 105

R/. Perdona, Señor, las culpas de tu pueblo.

En el Horeb se hicieron un becerro, un ídolo de oro, y lo adoraron. Cambiaron al Dios, que era su gloria, por la imagen de un buey que come pasto.

Se olvidaron del Dios que los salvó, que hizo portentos en Egipto, en la tierra de Cam, mil maravillas y en las aguas del mar Rojo, sus prodigios.

Por eso hablaba Dios de aniquilarlos; pero Moisés, que era su elegido, se interpuso, a fin de que, en su cólera, no fuera el Señor a destruirlos.


Versículo antes del Evangelio (Sant 1, 18): Aleluya. El Padre ha querido engendrarnos por su Palabra de verdad, para que seamos como las primicias de su creación. Aleluya.



Texto del Evangelio (Lc 10, 38-42): En aquel tiempo, Jesús entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude». Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada».
















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