Hoy sábado por la mañana celebramos la fiesta del Martirio de Juan Bautista. Las lecturas nos ayudan a comprender que Dios ha escogido lo débil y a la gente sin poder para que podamos entender que todo lo que somos es por la gracia de Dios. Así en el evangelio vemos a Herodes, todopoderoso que hace lo que le da la gana, que puede pervertir las normas y cometer adulterio con la mujer de su hermano, pero que en el fondo admira las palabras de Juan, porque son verdaderas. Pero no es capaz de hacer lo correcto y acaba siendo esclavo de su egoísmo y vanidad. Sin embargo, Juan estando en la cárcel es libre, porque sigue la voluntad de Dios y su conciencia está tranquila porque sabe que lo que hace y dice es de Dios. Hoy nosotros debemos mirar si vivimos desde la humildad que deja actuar a Dios y nos hace libres, o si somos esclavos del poder y la vanidad de un mundo que nos convierte en esclavos. Seamos buenos y confiemos en Dios, que fija sus ojos en los que esperan su misericordia.
1ª Lectura (2Tes 3, 6-10.16-18): En nombre de nuestro Señor Jesucristo, hermanos, os mandamos: no tratéis con los hermanos que llevan una vida ociosa y se apartan de las tradiciones que recibieron de nosotros. Ya sabéis cómo tenéis que imitar nuestro ejemplo: no vivimos entre vosotros sin trabajar, nadie nos dio de balde el pan que comimos, sino que trabajamos y nos cansamos día y noche, a fin de no ser carga para nadie. No es que no tuviésemos derecho para hacerlo, pero quisimos daros un ejemplo que imitar. Cuando vivimos con vosotros, os lo mandamos: El que no trabaja, que no coma. Que el Señor de la paz os dé la paz siempre y en todo lugar. El Señor esté con todos vosotros. La despedida va de mi mano, Pablo; ésta es la contraseña en toda carta; ésta es mi letra. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con todos vosotros.
Salmo responsorial: 127
R/. Dichosos los que temen al Señor.
Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos. Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien.
Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida.
Versículo antes del Evangelio (1Jn 2, 5): Aleluya. Quien guarda la palabra de Cristo, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. Aleluya.






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