Buenos días. Feliz Navidad. Hoy lunes 5º día de la Octava de Navidad las lecturas nos muestran a Cristo Luz del mundo. La primera lectura nos habla de que el mandamiento del Amor no es nuevo, la novedad viene de cómo Cristo nos habla de ese amor. Y nos enseña que si no vivimos amando como Él, entonces significa que dentro de nosotros todavía hay oscuridad y no hemos llegado a la auténtica felicidad. Y en el evangelio Simeón señala que sus ojos ciegos y ancianos han visto la Luz, la salvación en el niño frágil e inocente. La Luz ha venido al mundo y los que se dejan iluminar se sienten llenos de alegría. Los que se dejan iluminar se convertirán en espejos que reflejan la Luz que ilumina desde el Cielo. Seamos buenos, confiemos en Dios y contemos sus maravillas a todas las naciones.
1ª Lectura (1Jn 2, 3-11): En esto sabemos que conocemos a Jesús: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: «Yo le conozco», y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos en él. Quien dice que permanece en él debe vivir como vivió él.
Queridos, no os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que tenéis desde el principio. Este mandamiento antiguo es la palabra que habéis escuchado. Y, sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo —lo cual es verdadero en él y en vosotros—, pues las tinieblas pasan, y la luz verdadera brilla ya. Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano está aún en las tinieblas. Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe a dónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.
Salmo responsorial: 95
R/. Alégrese el cielo, goce la tierra.
Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre.
Proclamad día tras día su victoria. Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones.
El Señor ha hecho el cielo; honor y majestad lo preceden, fuerza y esplendor están en su templo.
Versículo antes del Evangelio (Cf. Lc 2,32): Aleluya. Tú eres, Señor, la luz que alumbra a las naciones y la gloria de tu pueblo, Israel. Aleluya.
Señor, dame un corazón humilde y confiado, como el de Simeón y Ana, como el de María. Ellos no tenían nada y, precisamente por eso, se acercaban a Ti, ponían en Ti toda su confianza, cumplían tu voluntad, observaban la ley.
Señor, líbrame de la idolatría de las riquezas, no dejes que tenga otro Dios fuera de Ti y ayúdame a vivir siempre atento a Ti y a tu palabra. No permitas que confíe demasiado en las personas, ni siquiera en mis propias fuerzas. Qué sólo confíe plenamente en Ti.
Ayúdame a estar siempre disponible para caminar hacia Ti, para compartir todo lo que tengo con total generosidad, sin dejarme atar por ninguna propiedad.
Dame sabiduría y fuerza para ser libre de verdad, para renunciar a todo lo que me aparte de Ti, para estar abierto del todo a la plenitud de tu Amor.



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