sábado, 18 de agosto de 2018

MEDIOS PARA ADQUIRIR LA PACIENCIA SEGÚN SAN ANTONIO MARÍA CLARET

¡Cristiano! En este valle de lágrimas y penas eres un desterrado; y he aquí porque la paciencia te es tan esencial como el pan de que te alimentas. ¿La quieres de veras? Yo te la prometo, sin temor de que me desmientas, con tal de que practiques los avisos siguientes:

1º. Estando enfadado, calla. Ninguna acción has de hacer, ni proferir palabra arrebatado de ira, porque después no solo te pesaría de lo dicho o hecho, sino que quizás serían ya irremediables los males que con tus arrebatos hubieses causado.

2º. Acuérdate de que si Dios te hubiera quitado la vida cuando pecaste la primera vez, ahora arderías ya en los infiernos, padeciendo allí mucho más que ahora aquí; y si te dieran a escoger entre lo que ahora padeces y lo que allí padecieras, ¿no preferirías esto a lo del infierno? Pues entonces hazte cargo de que Dios te conmuta en estas penas las que allí debías padecer. ¿Y no las sufrirás?...

3º. Levanta tu consideración al cielo y mira cuánta es la gloria que allí te aguarda, si sufres con paciencia: no pueden compararse las penas de esta vida con la gloria y galardón que por ellas te dará Dios después. Y haz de saber que, como dice san Gregorio, nadie puede llegar a los grandes premios del cielo sino por el camino de grandes trabajos; y estos trabajos han de sufrirse con paciencia y en gracia, de lo contrario de nada sirven para ir al cielo.

4º. Piensa que nadie será coronado de gloria sin haber sufrido con paciencia y gracia; de suerte, que san Juan vio que todos los santos del cielo llevaban palmas, que son el símbolo del martirio o paciencia con que habían sufrido las penas de esta vida. Lee la vida de los santos y santas, las de Jesús y María, y verás con qué paciencia sufrieron las calumnias, persecuciones, privaciones y toda clase de tormentos, a pesar de ser inocentes; y tú, miserable pecador, que tantos años hace que deberías arder en los infiernos, ¿no sufrirás?

5º. ¿No bastan estos ejemplos para aquietarte? Pues voy a poner otro delante de tus ojos que creo te moverá: ven conmigo, vamos al Calvario... ¿Ves aquellos dos que están al lado de Jesús? Pues son dos ladrones: ambos padecen una misma clase de penas, ambos están allí ajusticiados; pero ¡qué fin tan distinto el de entrambos! El uno pasa del suplicio al paraíso, y el otro de la cruz al infierno. ¿Y por qué? Porque este se desespera impaciente, al paso que el otro sufre su condena con paciencia. Entiende, pues, que todos los hombres llevan su cruz en este mundo; pero con esta diferencia, que el que la lleva con paciencia, gracia y humildad, persuadido de que por sus pecados merece aquello y mucho más, irá al cielo con el buen ladrón; mas el que la lleva rabiando, blasfemando y desesperado, irá con el mal ladrón a rabiar por una eternidad a los infiernos.

6º.  La virtud de la paciencia la alcanzamos pidiéndola con humildad a Jesús y a María santísima, rezándoles a este fin todos los días por la mañana un Padrenuestro y tres Avemarías. En los trabajos dirás con frecuencia: "Jesús mío, asistidme. Virgen santísima, ayudadme. Sea por amor de Dios, sea en descuento y satisfacción de mis pecados". A la noche examina si has faltado entre día, y si hallas haber faltado, di tantas Avemarías cuantas fueren las faltas.

                                        ADVERTENCIA
Para que la paciencia sea fructuosa y meritoria, es indispensable sufrir las penas en estado de gracia; porque al que está en pecado mortal de nada le sirve para ganar el cielo el mucho sufrir con paciencia: solo sí le sirve para la tierra, quiero decir, para ganar bienes temporales. Y para que esto se entienda mejor, quiero valerme del mismo símil o ejemplo con que Jesucristo exhortó a sus discípulos a la paciencia, anunciándoles que mientras vivan en este mundo, serán como una mujer que está de parto, la cual en el acto del alumbramiento padece, es verdad, dolores intensos; pero después los da por bien empleados con el gozo que le causa el ver que ha dado al mundo un hermoso niño. En efecto: los verdaderos cristianos mientras están en este mundo, son como madres que están de parto: les dan mucho que sufrir las penas y trabajos inseparables de este valle de lágrimas, y les causan alguna tristeza; pero al fin de la vida se alegrarán al ver que han dado a luz tan grandes y buenas obras para la patria celestial.  


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