viernes, 17 de marzo de 2017

ORACIÓN DE SAN ANSELMO A MARÍA SANTÍSIMA

Socorrednos ¡oh misericordiosísima Señora! sin deteneros por la multitud de nuestros pecados. Acordaos que nuestro Creador tomó carne humana de vuestro casto seno, no para condenar a los pecadores, sino para salvarlos. Si no hubieseis sido hecha Madre de Dios, sino para vuestra honra y gloria, se podría decir, tal vez, que os interesaba menos el que nosotros nos salvásemos o perdiésemos; mas si Dios se vistió de vuestra carne por vuestra salvación y por la salvación de todos los hombres, ¿de qué nos serviría que fueseis tan poderosa y tan gloriosa, si no nos hicierais participantes de vuestra felicidad? Ayudadnos y protegednos. Vos sabéis bien la necesidad que tenemos de vuestra asistencia. A Vos nos recomendamos: haced que no nos condenemos, sino que sirvamos y amemos eternamente a vuestro Hijo Jesucristo.

ORACIÓN A SAN JOSÉ (22)

Al punto, sobre nuestra vista sube tu gloria y contento, al fijarla en la participación de la divina autoridad que te daba tu mando sobre Jesús. En dos distintas ocasiones, en el Tabor y en el Jordán, dejó oír su voz el Eterno, velado por oscura nube, al exclamar, hablando de su Hijo encarnado: "Este es mi Hijo en quien he puesto mis complacencias". ¿Y quién te vedaba, ¡oh José glorioso!, exclamar en iguales o parecidas frases? Decir podías, y sin duda lo habrías repetido en tu interior, y acaso a tus amigos y allegados, señalando a Jesús: "Este es mi Hijo en quien pongo todo mi contento y alegría". No debía, en verdad, ser de otro modo si atendemos a que es también el blanco de todas las miradas que se cruzan en el Cielo; el fin y objeto de todos los suspiros y exclamaciones de los santos; la paz y dicha de los predestinados.

JACULATORIA. Haz que nos fijemos en nuestro modelo Jesús y copiemos sus virtudes, para que, como tú, tengamos en Él nuestra eterna felicidad. Amén.

ORACIÓN PARA DESPUÉS DE LA CONFESIÓN

Por los merecimientos de la Bienaventurada siempre Virgen María vuestra Madre, y de todos los santos, humildemente te suplico, Señor mío Jesucristo, que te sea acepta y agradable esta confesión que acabo de hacer: suple con tu misericordia los defectos que en ella haya cometido, para que por los méritos de tu preciosa Sangre alcance la perfecta y plenaria absolución de mis pecados. Amén.

jueves, 16 de marzo de 2017

ORACIÓN PARA ANTES DE CONFESARSE

Dios y Señor de las misericordias: todo cubierto de confusión, y penetrado del dolor de mis culpas, vengo, Señor, a tus pies. Yo vengo con firme resolución de abominarlas todas, y con un verdadero pesar de haber ofendido a un Dios tan bueno, tan amable y tan digno de ser amado. ¡Ay Dios mío de mi alma! ¿Es esta la correspondencia que merecen, Señor, tus piedades? ¿Es este, Dios mío, el reconocimiento que Tú esperabas de mí, después de haberme amado, hasta derramar tu preciosa sangre por librarme de la crueldad de mis enemigos y de las llamas del infierno? Sí, Señor, yo he sido contigo muy vil e ingrato. Te pido humildemente perdón de todos mis pecados; dame gracia para hacer digna penitencia de ellos; haz, Dios mío, que me llegue a los pies del confesor, que en tu nombre me espera, con las disposiciones necesarias; dame luz para conocer la fealdad de mis culpas; dame una verdadera contrición de ellas; abre mi boca para que las confiese enteramente, a fin de que reciba dignamente el Santo Sacramento de la Penitencia, y obtenga tu divina gracia. Amén.

ORACIÓN A SAN JOSÉ (21)

¡Oh Santo Patriarca!, desearíamos saber qué es lo que por tu corazón pasaría al oír de los divinos labios de Jesús, dulce y amable, el escogido entre millares, aquellas tiernísimas palabras con que en todas partes te llamaba: ¡Padre mío!, expresión mágica y fuerte que resistirla no puede aun el mismo Dios, cuando arranca de un corazón arrepentido. ¡Padre mío! lo dice un hijo, el más hermoso; así exclamó el salmista: eres de más hermoso talante que los demás hijos de los hombres; la gracia y ternura están como de asiento en tu semblante. este, pues, te llamaba ¡Padre! y así es que, amándote como a tal, te comunicaba, en cuanto le era posible, las infinitas perfecciones que en grado también infinito poseía. ¡Qué humildad en el Hijo del Eterno! ¡Qué alteza y elevación en ti, oh José glorioso! ¡Jesús, Dios, Hijo de José! ¡José, padre de Jesús, Verbo eterno!

JACULATORIA. Acreditar queremos, ¡oh glorioso Patriarca! para con nuestro Padre celestial, que somos sus hijos; como Cristo lo acreditó contigo, durante su vida. Así sea.

AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Corazón Santo,
Fuente de amor,
consuela el llanto
del pecador.

Jesús del alma,
Dueño amoroso,
Padre piadoso,
Dios de bondad:

Yo herí tu pecho
con mi pecado.
¡Lloro humillado
mi iniquidad!

Jesús amable,
Jesús piadoso,
Dueño amoroso,
Dios de bondad.

Vengo a tus plantas,
si Tú me dejas,
humildes quejas
a presentar.

Divino pecho
donde se inflama
la dulce llama
de caridad.

Tu sangre pura
borre del mío,
perverso y frío,
tanta maldad.

En él arroja
divino fuego,
y todo luego
se inflamará.

Que si lo abrasa
tu amor ardiente
eternamente
tuyo será.

Corazón dulce,
manso y clemente,
divina fuente
de santidad.

Tú eres la prenda
de mi victoria;
Tú eres mi gloria,
mi eterna paz.

Tú solo puedes,
omnipotente,
mi sed ardiente
refrigerar.

Aquí, Bien mío,
aquí el postrero
suspiro quiero
por Ti exhalar.

miércoles, 15 de marzo de 2017

HABLA EL CRUCIFIJO QUE ESTÁ EN LA IGLESIA

Quien quiera que por aquí pasas y entras en este sagrado templo, espera un poco y pon los ojos en mí que, siendo inocente, por tus culpas padecí muerte tan cruel.
Mira traspasada mi cabeza con una corona de espinas, corriendo hilos de sangre viva sobre mi rostro, en pena de tus vanos y perversos pensamientos. ¿Y tú, emplearás aún el entendimiento y razón que yo te di, para acrecentar mis dolores?
Mira mis ojos tristísimos y llenos de lágrimas que en esa cruz se oscurecieron para librarte a ti de las tinieblas perdurables. ¿Y tú, me ofenderás con tus ojos lascivos, y los harás ventanas por donde entre la muerte en tu alma?
Mira cómo están mis labios cárdenos y secos, y amargados con hiel y vinagre, en justo castigo de lo que pecaste por tu boca. ¿Y tú soltarás esa lengua para blasfemarme, y para maldecir y murmurar de tu prójimo?
Mira la palidez de mi rostro difunto, afeado con las salivas que escupieron en él mis verdugos, cuando por ti padecía yo tan grandes ultrajes. ¿Y tú me afrentarás todavía, avergonzándote de parecer mi discípulo, entre los impíos y pecadores?
Mira los agujeros de mis manos taladradas por tu amor con los clavos durísimos, para satisfacer la pena de tus malas obras. ¿Y tú osarás hacer de tus manos instrumentos para ofenderme con abominables torpezas?
Mira las llagas de mis pies enclavados también en este árbol de la cruz para redimirte. ¿Y tú, llevarás tus pasos como Judas traidor, por los caminos de la iniquidad, huyendo siempre como Caín de tu Dios?
Mira esa gran herida de mi costado que me abrieron con la lanza para que pudiese derramar por tu amor hasta las últimas gotas de sangre que en mi corazón quedaban. ¿Y tú me pagarás estas finezas de amor imitando la negra ingratitud de los judíos?
Mira todo mi cuerpo descoyuntado, consumido y hecho un retablo de dolores para librarte a ti de los eternos suplicios. ¿Y tú, volverás a crucificarme por no mortificar un poco ese tu cuerpo criminal que debieras mirar como tu mayor enemigo?
Mírame colgado y lleno de ignominia en este patíbulo airentoso, pagando aquí el castigo de la soberbia del hombre. ¿Y tú, te alzarás aún con orgullo, hasta el extremo de no humillarte a nadie ni aun a tu Dios?
Mira cuán desnudo y avergonzado estoy habiéndose los verdugos repartido mis vestiduras. ¿Y tú, añadirás a mi confusión tus impurezas, escándalos y desvergüenzas?
Mira qué pobre y miserable me ha puesto la codicia de los hombres, sin tener una gota de agua para templar mi sed, ni vestido con que cubrir mis carnes, ni otro lecho en que morir que este lecho durísimo de la cruz. ¿Y tú, que tantas veces usaste de mis bienes para ofenderme, no podrás llevar en paciencia alguna falta de las cosas necesarias?
Mírame ultrajado y escarnecido en esta cruz por los autores de mi muerte, y rogando yo a mi Padre Eterno por los sayones que me estaban crucificando. ¿Y tú, no perdonarás a tus enemigos, después de haberte yo perdonado y haberte librado de la muerte eterna?
Mírame clavado en este madero, por obedecer a mi Padre celestial, que con mi pasión y muerte quiso salvar a los pecadores. ¿Y tú, desobedecerás a Dios, y arrojarás como el rebelde Lucifer el yugo suavísimo de mis santos mandamientos?
Mira cuánta sangre derramé por ti cuando con acerbísima muerte te compré el paraíso y la vida eterna. Y tú por un vil interés, por un punto de honra y por un sucio placer venderás el cielo que me ha costado toda la sangre de mis venas?
Mírame, pecador, hecho víctima de propiciación y llevando sobre mí el peso de la ira de Dios, irritada por el pecado de los hombres. ¡Ay de ti si no te conviertes y no te acoges a mi clemencia y misericordia infinita! porque, ¿qué será del pecador, si Dios no perdonó a su unigénito Hijo?
Haz de saber en fin, que cuando yo moría en la cruz, el sol se oscureció, y la tierra tembló con espantoso terremoto, y se quebraron las piedras, y hasta los pérfidos judíos, atemorizados y consternados, se daban golpes al pecho y me confesaban por Hijo de Dios. ¿Y tú, cristiano, serás más insensible que la naturaleza falta de sentido, y más duro que las piedras y más obstinado que los judíos? Hinca pues las rodillas y adórame como a tu divino Redentor en ese venerable madero de la cruz: todo el día te estoy aguardando con los brazos extendidos para abrazarte, no solo a ti sino a todos los pecadores. A todos los tenía presentes cuando por todos padecía y moría. En ti pensaba también, por ti padecía y por ti moría. Y era tanto mi amor que por ti solo hubiera padecido y muerto en esa cruz. No desprecies mi amor: besa con reverencia mis llagas y mezcla tus lágrimas con mi sangre preciosa, para alcanzar por los méritos de mi pasión y muerte la eterna vida.

(Del libro "Manual del pueblo" del R. P. Francisco de P. Morell, S. J., 1894)   


jueves, 9 de marzo de 2017

ORACIÓN A SAN JOSÉ (20)

Si es verdad ¡oh glorioso Patriarca! que Dios, fuera de habitar, por la ubicuidad, en todas partes, se halla de un modo especial en el alma justa, comunicándole del tesoro de sus infinitas perfecciones, también lo es que tú, como justo por excelencia, recibirías, con muchas creces sobre los demás, los consuelos que en tu corazón derramaría el Rey de cielos y tierra, no ya solo por la gracia, sino, y especialmente, por aquella íntima y familiar unión que con Él te ligaba. Y como las cosas de Dios, y del Cielo, cuanto más se gustan, tanto más se apetecen, y el hombre se hace más capaz de recibirlas, mientras de ellas se van llenando los profundos senos de su corazón, claro está que tú, José, moverías a emulación, a ser de ella capaces, a los ángeles mismos del Empíreo, al fijarse en el sinfín de felicidad y dichas que Dios a tu lado te daba a disfrutar.

JACULATORIA. Haz que cada día aumentemos en amor a Dios, y así crecerá también la paz de nuestra alma. Así sea.

ORACIÓN PARA LOS MALOS PENSAMIENTOS (Tomás de Kempis)

Señor, Dios mío, no te alejes de mí. Dios mío, mira en mi favor, que se han levantado contra mí varios pensamientos y grandes temores que afligen mi alma. ¿Cómo pasaré sin lesión?, ¿cómo los destruiré? Yo iré, dice Dios, delante de ti, y humillaré a los soberbios de la tierra, abriré la puerta de la cárcel, y revelarte he los secretos de las cosas escondidas. Hazlo así, Señor, como lo dices, y huyan de tu presencia todos los malos pensamientos. Esta es mi esperanza y singular consolación, confiar en Ti, y llamarte de todas maneras y esperar pacientemente tus consuelos.

(De la obra "Imitación de Cristo")

ESTAMPA DE SANTA GEMA



SOLO LA MISERICORDIA DE DIOS PUEDE CAMBIAR EL MUNDO (Revista "Misión" nº 43, marzo-abril-mayo 2017)



domingo, 5 de marzo de 2017

ORACIÓN PARA PEDIR EL CUMPLIMIENTO DE LA VOLUNTAD DE DIOS (Tomás de Kempis)

Otórgame, benignísimo Jesús, tu gracia, que esté conmigo, obre conmigo y persevere conmigo hasta el fin. Dame gracia con que desee y quiera siempre lo que es más agradable a tu majestad: tu voluntad sea la mía, y mi voluntad siga siempre la tuya y se conforme muy bien con ella. Séame, Señor, un querer y no querer contigo, y no pueda querer, ni no querer salvo lo que Tú quieres o no quieres. Dame, Señor, que muera a todo lo que es en el mundo. Y dame, Señor, que ame por Ti ser despreciado y olvidado en este mundo. Dame que sobre todo lo deseado huelgue en Ti, y se pacifique mi corazón en Ti. Tú eres la verdadera paz del corazón, solo Tú eres felicidad. Fuera de Ti toda cosa es dura, y sin sosiego. En esta paz, que es en Ti un sumo y eterno bien, dormiré y holgaré.

                                                     (De la obra "Imitación de Cristo")

ORACIÓN PARA PEDIR LA GRACIA DE LA DEVOCIÓN (Tomás de Kempis)

Señor Dios mío, Tú eres todo mi bien. ¿Quién soy yo para que te ose hablar? Yo soy un pobrísimo siervo tuyo, gusanillo desechado, mucho más pobre y más digno de ser despreciado que sé ni oso decir. Mas acuérdate, Señor, que nada soy, nada tengo, nada valgo. Solo Tú eres bueno, justo y santo. Tú lo puedes todo, Tú lo das todo, Tú lo cumples todo, solo el pecador dejas vacío. Acuérdate, Señor, de tus misericordias y llena mi corazón de tu gracia, pues no quieres que estén tus obras vacías. ¿Cómo me podré sufrir en esta mísera vida, si no es por la fuerza de tu gracia? No me vuelvas el rostro. No dilates tu visitación. No desvíes tu consolación; porque no sea mi alma como la tierra sin agua. Señor, enséñame a hacer tu voluntad: enséñame a conversar ante Ti digna y humildemente, que Tú eres mi sabiduría, que en verdad me conoces y conociste antes que el mundo se hiciese, y yo en el mundo naciese.

                                                     (De la obra "Imitación de Cristo")

sábado, 4 de marzo de 2017

ORACIÓN A SAN JOSÉ (19)


No hay duda sino que vislumbrando, ¡oh San José! por lo que te dejaba sentir Jesús, los goces que en el cielo te aguardaban, cual el Apóstol de las gentes quisieras mil veces que se te rompieran las ataduras de tu cuerpo, y dejaran así libre y desembarazada tu alma angelical. ¿Que no? Que mucho que animaran a José semejantes sentimientos, si estos eran los que daban vida y calor a muchos santos; si Santa Teresa de Jesús, contemplando de lejos, en los coloquios, apariciones con que Jesús la acariciaba, la inefable dulzura que esperaba en el cielo, no podía menos de exclamar: "Es tanta la dicha que espero, que muero porque no muero". Morir para unirte con Cristo, por medio de los indestructibles lazos de la gloria es, sin duda, lo que de lleno ocupaba tu corazón; y esto es lo que debiéramos desear con vivas ansias.

JACULATORIA. Aviva la fe en la felicidad y goces del cielo para entrar en ardientes deseos de disfrutarlos en tu compañía ¡José dichoso! Amén.

viernes, 3 de marzo de 2017

DEPRECACIONES A NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO PARA ALCANZAR LA GLORIA DEL CIELO

Divino Jesús, Redentor y Glorificador de los hombres, oye los ardientes suspiros de mi alma que desea ya estar contigo en aquella clarísima y alegre mansión de tus escogidos.
Deseo trocar el miserable destierro de este mundo por aquella verdadera patria, llena de hermosura, de felicidad y de inefables delicias. ¡Sálvame, dulcísimo Jesús!
Deseo ver la claridad de tu rostro divino y el trono real de tu infinita magnificencia. ¡Sálvame, dulcísimo Jesús!
Deseo ver a tu inmaculada Madre la Virgen María, y saludarla por Reina y Señora del cielo y de la tierra. ¡Sálvame, dulcísimo Jesús!
Deseo conocer a tu padre putativo, el gloriosísimo patriarca San José. ¡Sálvame, dulcísimo Jesús!
Deseo ver al Santo Ángel de mi guarda y al Santo de mi nombre. ¡Sálvame, dulcísimo Jesús!
Deseo verme en la bienaventurada y gloriosa compañía de los ángeles y santos de tu corte celestial. ¡Sálvame, dulcísimo Jesús!
Deseo reunirme en el cielo con mi padre, con mi madre y con todas las almas más queridas de mi corazón. ¡Sálvame, dulcísimo Jesús!
Deseo morar para siempre en aquellos tan hermosos palacios de la celestial Jerusalén. ¡Sálvame, dulcísimo Jesús!
Deseo descansar en la paz inalterable de tu Reino. ¡Sálvame, dulcísimo Jesús!
Deseo la honra inefable de ser contado entre los hijos de Dios. ¡Sálvame, dulcísimo Jesús!
Deseo oír los cánticos de eterna gloria con que los Ejércitos celestiales celebran tus perfecciones infinitas. ¡Sálvame, dulcísimo Jesús!
Deseo respirar aquellos aires de gloria, que embalsaman con suavísima fragancia aquellos prados floridos del Paraíso. ¡Sálvame, dulcísimo Jesús!
Deseo saborear aquellas inefables dulzuras con que regalas a tus escogidos, haciéndoles participar de tu infinita bienaventuranza. ¡Sálvame, dulcísimo Jesús!
Deseo gozar del júbilo y de las eternas fiestas de tu gloria. ¡Sálvame, dulcísimo Jesús!
Deseo disfrutar de las magnificencias incomprensibles de tu Reino. ¡Sálvame, dulcísimo Jesús!
Deseo contemplar en Ti la eterna Verdad, y ver en una deidad la Trinidad beatísima. ¡Sálvame, dulcísimo Jesús!
Deseo amar tu bondad infinita, y transformarme en Ti por el amor beatífico. ¡Sálvame, dulcísimo Jesús!
Deseo enamorarme de tu infinita hermosura, y conocerte y amarte como te conocen y aman los serafines y querubines. ¡Sálvame, dulcísimo Jesús!
Deseo celebrar para siempre tus infinitas perfecciones y gozar contigo de tu vida perfectísima, bienaventurada y eterna. ¡Sálvame, dulcísimo Jesús!

ORACIÓN. Oh divino Señor, que descendiste a la tierra para que nosotros pudiésemos subir a los cielos, y te hiciste hombre para hacer a los hombres hijos de Dios, acrecienta cada día en mi alma tu santa gracia, para que después de esta vida mortal pueda gozar de tu divina gloria por todos los siglos de los siglos. Amén. 

DEPRECACIONES A NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO PARA ALCANZAR UNA BUENA MUERTE

Jesús, Señor Dios de bondad y Padre de misericordia, yo me presento delante de Ti, y con un corazón contrito y humillado, te encomiendo mi última hora y lo que después de ella me espera.
Cuando mis pies perdiendo el movimiento me adviertan que mi carrera en este mundo está para acabarse: Jesús misericordioso, ten compasión de mí.
Cuando mis manos, trémulas y torpes, no puedan ya estrechar el crucifijo, y a pesar mío, lo dejen caer sobre el lecho de mi dolor: Jesús misericordioso, ten compasión de mí.
Cuando mis ojos, apagados y amortecidos con el dolor de la muerte cercana, fijen en Ti miradas lánguidas y moribundas: Jesús misericordioso, ten compasión de mí.
Cuando mis labios fríos y balbucientes pronuncien por última vez tu santísimo nombre: Jesús misericordioso, ten compasión de mí.
Cuando mi cara, pálida y amoratada, cause ya lástima y terror a los circunstantes, y los cabellos de mi cabeza, bañados del sudor de la muerte, anuncien que está cercano mi fin: Jesús misericordioso, ten compasión de mí.
Cuando mis oídos, próximos a cerrarse para siempre a las conversaciones de los hombres, se abran para oír de vuestra boca la sentencia irrevocable que determine mi suerte por toda la eternidad: Jesús misericordioso, ten compasión de mí.
Cuando mi imaginación, agitada de temerosos fantasmas, se vea sumergida en mortales congojas, y mi espíritu, perturbado del temor de tu justicia a la vista de mis iniquidades, luche con el enemigo infernal, que quisiera quitarme la esperanza de tu misericordia y precipitarme en el abismo de la desesperación: Jesús misericordioso, ten compasión de mí.
Cuando mi corazón débil y oprimido del dolor de la enfermedad, esté sobrecogido del horror de la muerte, fatigado y rendido por los esfuerzos que hubiere hecho contra los enemigos de mi salvación: Jesús misericordioso, ten compasión de mí.
Cuando derrame las últimas lágrimas, síntomas de mi destrucción, recibidlas, Señor, en sacrificio de expiación, para que muera víctima de penitencia, y en aquel momento terrible: Jesús misericordioso, ten compasión de mí.
Cuando mis parientes y amigos, juntos alrededor de mí, lloren al verme en el último trance, y cuando invoquen tu misericordia en mi favor: Jesús misericordioso, ten compasión de mí.
Cuando, perdido ya el uso de los sentidos, el mundo todo desaparezca para siempre de mi vista y gima yo tristemente en las angustias de la última agonía y en los postreros afanes de la muerte: Jesús misericordioso, ten compasión de mí.
Cuando los últimos suspiros del corazón fuercen a mi alma a salir del cuerpo, dejándolo pálido, frío y sin vida, acepta la destrucción de él como un tributo que desde ahora ofrezco a tu divina Majestad, y en aquel instante supremo: Jesús misericordioso, ten compasión de mí.
En fin, cuando mi alma comparezca delante de Ti para ser juzgada, no la arrojes de tu presencia, sino dígnate recibirla en el seno amoroso de tu misericordia, para que cante eternamente tus alabanzas. Jesús misericordioso, ten compasión de mí.

ORACIÓN. Oh, Dios mío, que condenándonos a la muerte, nos has ocultado el momento y la hora, haz que viviendo santamente todos los días de nuestra vida, merezcamos morir con la muerte de los justos. Por los méritos de nuestro Señor Jesucristo que vive y reina contigo, y con el Espíritu Santo. Amén.

jueves, 2 de marzo de 2017

DULZURA DE LOS ÁNGELES

Dulzura de los ángeles, alegría de los afligidos, abogada de los cristianos, Virgen madre del Señor, protégeme y sálvame de los sufrimientos eternos.
María, purísimo incensario de oro, que ha contenido a la Trinidad excelsa; en ti se ha complacido el Padre, ha habitado el Hijo, y el Espíritu Santo, que cubriéndote con su sombra, Virgen, te ha hecho madre de Dios.
Nosotros nos alegramos en ti, Theotókos; tú eres nuestra defensa ante Dios. Extiende tu mano invencible y aplasta a nuestros enemigos. Manda a tus siervos el socorro del cielo. Amén.

ORACIÓN DE CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN INMACULADO DE LA VIRGEN MARÍA

Virgen María, Madre de Misericordia, Reina del Cielo y de la Tierra, refugio de los pecadores, nosotros, adhiriéndonos al Movimiento Mariano, nos consagramos de un modo especialísimo a tu Corazón Inmaculado. Con este acto de consagración queremos vivir contigo y, por medio de ti, todos los compromisos asumidos con nuestra consagración bautismal; nos comprometemos a realizar en nosotros aquella conversión interior tan requerida por el Evangelio, que nos libre de todo apego a nosotros mismos y a los fáciles compromisos con el mundo, para estar, como tú, solo disponibles para hacer siempre la voluntad del Padre.
Y mientras, queremos confiarte nuestra existencia y vocación cristiana, para que tú dispongas de ellas para tus designios de salvación en esta hora decisiva que pesa sobre el mundo. Nos comprometemos a vivirla según tus deseos, en particular por lo que se refiere a un renovado espíritu de oración y de penitencia, a la participación fervorosa en la celebración de la Eucaristía y al apostolado; al rezo diario del santo rosario y a un austero modo de vida conforme al Evangelio. Que sea un buen ejemplo para todos en la observancia de la Ley de Dios, en el ejercicio de las virtudes cristianas, especialmente de la pureza.
 Te prometemos también estar unidos al Santo Padre, a la jerarquía y a nuestros sacerdotes. Bajo tu protección queremos ser los apóstoles de esta hoy tan necesaria unidad de oración y de amor al Papa sobre el cual invocamos de ti una especial protección.
Finalmente, te prometemos llevar a las almas con las cuales entremos en contacto, en cuanto nos sea posible, a una renovada devoción hacia ti. Conscientes de que el ateísmo ha hecho naufragar en la fe a un gran número de fieles, de que la desacralización ha entrado en el Templo Santo de Dios, de que el mal y el pecado se propagan cada vez más en el mundo, nos atrevemos a levantar, confiados, los ojos a ti, Madre de Jesús y Madre nuestra misericordiosa y poderosa, y también hoy, invocar y esperar de ti la salvación para todos tus hijos. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María, protégeme siempre y en todo lugar! Amén.  

martes, 28 de febrero de 2017

ORACIÓN A SAN JOSÉ (18)

¡Oh José glorioso! Tus alegrías no terminaron en el pesebre de Belén, sino que muchísimos eran los motivos que de gozo y alegría tuviste mientras desterrado, como hijo de Adán, habitabas en esta tierra miserable; porque aquella compañía que empezaste a gozar en la santa cueva, no se apartó de ti en toda tu vida; con Jesús y María viviste hasta exhalar el postrer suspiro. En Belén Jesús no hablaba y María estaba sumida en la meditación más profunda, y, por lo tanto, en el más completo silencio. Pero después os entretenía en amenísima conversación con estos seres divinos sobre los más levantados puntos de la Sagrada Teología; y para vislumbrar de qué modo quedaría sublimado José por su trato continuo con su esposa e Hijo, baste recordar los extremos a que han llegado muchos santos a una simple palabra, a la simple presencia de Jesús y María.

JACULATORIA. Dime ¡oh José!  lo que hablabas con Jesús y María, para que cuando me halle a su lado, sepa tratarles cual se merecen. Así sea.

lunes, 27 de febrero de 2017

HIMNO A SAN JOSÉ



Hoy a tus pies ponemos nuestra vida;
hoy a tus pies, ¡glorioso san José!
Escucha nuestra oración y por tu intercesión
obtendremos la paz del corazón.

En Nazaret junto a la Virgen Santa;
en Nazaret, ¡glorioso san José!,
cuidaste al niño Jesús, pues por tu gran virtud
fuiste digno custodio de la luz.

Con sencillez, humilde carpintero;
con sencillez, ¡Glorioso San José!
hiciste bien tu labor, obrero del Señor,
ofreciendo trabajo y oración.

Tuviste fe en Dios y su promesa;
tuviste fe, ¡glorioso san José!
Maestro de oración, alcánzanos el don
de escuchar y seguir la voz de Dios.

ORACIÓN A SAN JOSÉ (17)

¡Oh José glorioso! No hemos visto aún todas tus alegrías de Belén; porque los ángeles del Cielo, que por orden del Eterno Padre bajaron a adorar y a festejar al recién nacido, pasaron luego a darte la enhorabuena; y solo estos cantares del Cielo te pudieron despertar del profundo éxtasis en que te hallabas sumergido. ¡José rodeado de célicas armonías! ¡José en medio de los ángeles! Retiraos, ministros de paz, retiraos; hay un hombre en la tierra que con vosotros compite: vosotros contempláis a Dios y llenos de respeto, cubierto el rostro, le adoráis; mas este Dios es el objeto de las complacencias de José, con él se entretiene, y es tanta la dignidad que de ello recibe, que no podéis menos de postraros a sus pies, y cual a vuestro rey y soberano, rendirle pleito-homenaje.

JACULATORIA. Haz ¡oh José! que en este mundo nos hallemos a tu lado, para que en el Cielo podamos sentir los cánticos que los ángeles te dedican. Así sea. 

ORACIÓN DE SAN ILDEFONSO A MARÍA SANTÍSIMA (2)

¡Oh dulce María! Bien sé que Vos sois la criatura más noble, más sublime, más pura, más bella, más benigna, más santa, más amable de todas las criaturas. ¡Oh si todos os conociesen y amasen como merecéis! Bien quisiera yo amaros, mas conozco que no os amo como debo. Haced, Señora mía, que de hoy en adelante os ame con un amor verdadero, eficaz y perseverante. Si de veras os sé amar, me salvaré, porque esta es una señal de predestinación, y una gracia que Dios no concede sino a aquellos que ha elegido para el cielo. Rogad por mí ¡oh Señora! Rogad hasta que me vea en el cielo, seguro de no perder jamás la gracia de mi Señor, y de amarle por toda la eternidad.

JACULATORIA. Bajo vuestra protección nos acogemos, Santa Madre de Dios.

ORACIÓN DE SAN ILDEFONSO A MARÍA SANTÍSIMA (1)


¡Oh mi Soberana Señora, y Madre de mi Señor! Yo me postro y me humillo en vuestra presencia. Os ruego me alcancéis el perdón de mis pecados y que sea purificado de todas las culpas que he cometido en toda mi vida. Os pido la gracia de unirme con un puro afecto a Dios y a Vos, de servir a vuestro Hijo como a Dios y a Vos como a su querida Madre, a vuestro Hijo como a mi redentor y a Vos como medio de mi redención, porque si Él pagó el precio de mi rescate, lo pagó con la carne que de Vos recibió.
JACULATORIA. Oh sagrada Virgen María, dignaos permitirme que os alabe.

ACTO DE ESPERANZA

Dios mío, por tus promesas y por los méritos de Jesucristo, nuestro Salvador, espero de tu bondad la vida eterna y las gracias necesarias para merecerla con las buenas obras que debo y quiero hacer. Señor, que goce de Ti eternamente.

YA NO TENGO CÁSCARAS PARA MI CERDO (Cuento chino de Xue Tao)


 
La montaña Hefu queda a treinta li de nuestra aldea. Allí, cerca de un pequeño lago, existe un templo que todos llaman el Templo de la Madre Wang. Nadie sabe en qué época vivió la madre Wang, pero los viejos cuentan que era una mujer que fabricaba y vendía vino. Un monje taoísta tenía la costumbre de ir a beber a crédito a su casa. La comerciante no parecía prestarle a ello ninguna atención; cada vez que él llegaba, le servía de inmediato.
         Un día, el taoísta le dijo a la madre Wang:
         - He bebido su vino y no tengo con qué pagárselo, pero voy a cavarle un pozo.
         Cuando hubo terminado el pozo, se dieron cuenta de que contenía muy buen vino.
         - Esto es para pagar mi deuda – dijo el monje, y se fue.
         Desde aquel día, la mujer no volvió a hacer vino; servía a sus clientes el vino que sacaba del pozo, el cual era mucho mejor que el que preparaba antes, con grano fermentado. Su clientela creció enormemente.
         En tres años hizo fortuna: había ganado decenas de miles de onzas de plata.
         Un día, el monje volvió de improviso. La mujer le agradeció efusivamente.
         - ¿Es bueno el vino? – le preguntó el monje.
         - Sí, el vino es bueno – admitió –, ¡solo que, como no fabrico vino, ya no tengo cáscaras de grano con que alimentar a mis cerdos!
         Riendo, el taoísta tomó un pincel y escribió en el muro de la casa:

La profundidad del cielo no es nada,
El corazón humano es infinitamente más profundo.
El agua del pozo se vende por vino;
La mujer aún se queja de no tener cáscaras para sus cerdos.
         
          Terminando su cuarteta, el monje se fue, y del pozo salió agua.

lunes, 20 de febrero de 2017

OFRECIMIENTO DE VIDA

Promesas de la Santísima Virgen a sor Natalia Magdolna: "En el corazón de muchas madres arde el dolor por la conducta inmoral de sus hijos, por su destino eterno. Por amor hacia ellas alcancé las promesas del ofrecimiento de vida (las más excelsas que ha hecho hasta hoy). ¡Que ofrezcan con una entrega total todos los sucesos de su vida!".

ORACIÓN DEL OFRECIMIENTO DE VIDA

Mi amable Jesús, delante de las Personas de la Santísima Trinidad, delante de nuestra Madre del Cielo y toda la Corte celestial, ofrezco, según las intenciones de tu Corazón Eucarístico y las del Inmaculado Corazón de María Santísima, toda mi vida, todas mis santas Misas, Comuniones, buenas obras, sacrificios y sufrimientos, uniéndolos a los méritos de tu Santísima Sangre y tu muerte de cruz: para adorar a la Gloriosa Santísima Trinidad, para ofrecerle reparación por nuestras ofensas, por la unión de nuestra santa Madre Iglesia, por nuestros sacerdotes, por las buenas vocaciones sacerdotales y por todas las almas hasta el fin del mundo.
Recibe, Jesús mío, mi ofrecimiento de vida y concédeme gracia para perseverar en él fielmente, hasta el fin de mi vida. Amén.

JACULATORIAS DE ARREPENTIMIENTO

Jesús mío, ¡te amo sobre todas las cosas! Por amor a Ti, me arrepiento de todos mis pecados. Me duelen también los pecados de todo el mundo. ¡Oh Amor misericordioso!, en unión con nuestra Madre Santísima y con tu Corazón Inmaculado, te suplico a Ti perdón de mis pecados y de todos los pecados de los hombres, mis hermanos, hasta el fin del mundo. Mi amable Jesús, en unión a los méritos de tus Sagradas Llagas, ofrezco mi vida al Eterno Padre, según las intenciones de la Virgen Santísima Dolorosa.
¡Virgen María, Reina del Universo, Intercesora de la humanidad y esperanza nuestra, ruega por nosotros!

PROMESAS DE MARÍA A QUIENES HACEN EL OFRECIMIENTO DE VIDA

1. Nadie de sus familiares caerá en el infierno aun cuando las apariencias externas lo harían suponer, porque antes de que el alma abandone el cuerpo, recibirán la gracia del perfecto arrepentimiento.
2. En el mismo día del ofrecimiento saldrán del Purgatorio todos los difuntos de su familia.
3. En la muerte estaré a su lado y llevaré sus almas a la presencia de Dios sin pasar por el Purgatorio.
4. Sus nombres estarán inscritos en el Corazón de Jesús y en el Corazón Inmaculado de María.
5. Salvarán a muchas almas de la eterna condenación por este ofrecimiento unido a los méritos de Cristo. El mérito de sus sacrificios beneficiará a las almas hasta el fin del mundo.

Aclaración sobre el ofrecimiento


Es suficiente con hacer el Ofrecimiento de vida una vez con humildad y amor. Pero se puede renovar con frecuencia.

Así lo confirmó el Redentor a Sor María Natalia:
"Si alguien, hija mía, no hace sino una vez el Ofrecimiento de vida,
una sola vez, en un momento de gracia, se encendió en su corazón el fuego de amor heroico. ¡Con esto selló toda su vida! su vida, aunque no piense conscientemente en ello, ya es propiedad de los sagrados Corazones. Para mi Padre no existe el tiempo. La vida del hombre está ante Él como un todo".

domingo, 19 de febrero de 2017

GOZOS QUE SE HAN DE DECIR EN LA NOVENA DE SAN JOSÉ

Por vuestro bien y alegría,
José muy gozoso estoy,
y a Dios las gracias le doy,
y el parabién a María.

Por el gozo peregrino
que vuestra alma recibió
al saber que concibió
del espíritu Divino
vuestra Esposa, y que convino
para el bien del alma mía,
a Dios las gracias le doy,
y el parabién a María.

Padre nuestro y Ave María

Por el contento sagrado
que los pastores te dieron,
cuando a Jesús se rindieron
entre pajas reclinado,
y al verle tan festejado
de celestial melodía,
a Dios las gracias le doy,
y el parabién a María.

Padre nuestro y Ave María

Por el gozo que tuviste
cuando en la Circuncisión
pronunció tu devoción
JESÚS, nombre que le diste,
y cuando en esto supiste
que al mundo remediaría,
a Dios las gracias le doy,
y el parabién a María.

Padre nuestro y Ave María

Por el gozo celestial
que tu corazón sintió
cuando al sacerdote oyó
que Jesús era señal
que con su sangre real
a todos remediaría,
a Dios gracias le doy
y el parabién a María.

Padre nuestro y Ave María

Por el gozo y gran consuelo
con que miraron tus ojos
de Jesús como despojos
los ídolos por el suelo,
y que ya vencía el cielo
de Egipto la idolatría:
a Dios las gracias le doy
y el parabién a María.

Padre nuestro y Ave María

Por el gozo y regocijo
que recibiste al oír
que ya podías salir
de Egipto con Madre e Hijo,
y más cuando el Ángel dijo
que a Galilea escogía:
a Dios las gracias le doy,
y el parabién a María.

Padre nuestro y Ave María

¡Oh gozo tan excelente
cuando le hallaste enseñando
en el templo, y disputando
con magisterio eminente!
Dio el motivo reverente
que para el misterio había:
a Dios las gracias le doy,
y el parabién a María.

Padre nuestro y Ave María



DEVOCIÓN A LA DIVINA MISERICORDIA


ORACIÓN POR LAS VOCACIONES DEL PAPA FRANCISCO



martes, 14 de febrero de 2017

ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO (1)

Oh Espíritu Santo, Amor del Padre y del Hijo, inspírame siempre lo que debo pensar, lo que debo decir, cómo debo decirlo, lo que debo callar, cómo debo actuar, lo que debo hacer, para gloria de Dios, bien de las almas y mi propia santificación.
Espíritu Santo, dame agudeza para entender, capacidad para retener, método y facultad para aprender, sutileza para interpretar, gracia y eficacia para hablar.
Dame acierto al empezar, dirección al progresar y perfección al acabar. Amén.

jueves, 9 de febrero de 2017

SÚPLICAS PARA TIEMPOS DIFÍCILES A LA SANTÍSIMA VIRGEN

Tengo muchas dificultades: Ayúdame.
De los enemigos del alma: Sálvame.
En los desaciertos: Ilumíname.
En mis dudas y penas: Confórtame.
En mis soledades: Acompáñame.
En mis enfermedades. Fortaléceme.
Cuando me desprecien: Anímame.
En las tentaciones: Defiéndeme.
En las horas difíciles: Consuélame.
Con tu corazón maternal: Ámame.
Con tu inmenso poder: Protégeme.
Y en tus brazos al expirar: Recíbeme.

DULCE MADRE, NO TE ALEJES

Dulce Madre, no te alejes, tu vista de mí no apartes. Ven conmigo a todas partes y solo nunca me dejes. Ya que tú me quieres tanto como verdadera madre, haz que me bendigan el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

ORACIÓN ANTES DE DORMIR

Gracias, Señor, por todo lo que hoy me has dado. Te pido perdón por mis faltas y confío en tu misericordia. Ilumina nuestra noche y dale paz a nuestro corazón. Manda a tus santos ángeles para que me acompañen y me cuiden del enemigo. Amén.

viernes, 3 de febrero de 2017

ORACIÓN DE LOS ESPOSOS (3)

Señor, Padre Santo, Dios omnipotente y eterno, te damos gracias y bendecimos tu santo Nombre: Tú has creado al hombre y a la mujer para que el uno sea para el otro ayuda y apoyo. Acuérdate hoy de nosotros. Protégenos y concédenos que nuestro amor sea entrega y don, a imagen de Cristo y de la Iglesia. Ilumínanos y fortalécenos en la tarea de la formación de nuestros hijos, para que sean auténticos cristianos y constructores esforzados de la ciudad terrena. Haz que vivamos juntos largo tiempo, en alegría y paz, para que nuestros corazones puedan elevar siempre hacia Ti, por medio de tu Hijo en el Espíritu Santo, la alabanza y la acción de gracias. Amén. 

jueves, 2 de febrero de 2017

NOVENA A RAFAELA YBARRA



ORACIÓN DEL ÁNGEL DE LA PAZ



ORACIÓN PARA HACER REPARACIÓN ANTE CRISTO EUCARISTÍA


Señor Jesús, nos arrodillamos ante Ti, reconociendo tu presencia real en el Santísimo Sacramento. Te agradecemos inmensamente tu permanencia con nosotros, y la fe que nos has dado.
Con profundo dolor sentimos que tantos hombres, redimidos por Ti, te olviden y ofendan; que en tantos sagrarios estés solitario y en tantos hogares no seas invitado.
Nosotros, arrepentidos de nuestros pecados, queremos en la medida de nuestras fuerzas hacerte compañía por cuantos te abandonan, y dedicarte completamente nuestra vida, como ofrenda y desagravio a tu Corazón lleno de amor hacia nosotros.
Santa María, Madre nuestra, confiamos en tu Inmaculado Corazón para que nos alcances gracias para perseverar en la fe, animarnos por la esperanza y vivir la caridad, como satisfacción por todos nuestros pecados y para la salvación del mundo.
Por todas las blasfemias, sacrilegios, profanación de fiestas, que se cometen contra el nombre de Dios y contra sus templos.
Perdón, Señor, perdón.
Por todos los ataques a la Iglesia, persecuciones y propagandas de ateísmo.
Perdón, Señor, perdón.
Por los apóstatas, los que desprecian el Magisterio de los Papas y todos los falsos profetas.
Perdón, Señor, perdón.
Por todas las opresiones de gobierno, de esclavitud, de delincuencia; y todas las injusticias laborales, familiares, sociales.
Perdón, Señor, perdón.
Por todos los actos inhumanos de violencia, asesinatos, torturas, malos tratos, robos, estafas y extorsiones.
Perdón, Señor, perdón.
Por toda la inmoralidad y corrupción: en el trabajo profesional, en las relaciones, espectáculos, diversiones, modas, lecturas, bebidas, drogas.
Perdón, Señor, perdón.
Por todos los pecados de escándalo y de respeto humano.
Perdón, Señor, perdón.
Por todos los pecados contra la santidad de la familia y contra el amor fraterno.
Perdón, Señor, perdón.
Por los sacerdotes indignos, por los políticos ambiciosos, por todos los abusos de autoridad.
Perdón, Señor, perdón.
Cristo Jesús, pedimos en especial a tu Corazón que concedas gracias abundantes a los más necesitados; y que nunca permitas nos apartemos de Ti; sino que aprendiendo en tu Corazón nuestros sentimientos y juicios cada día nos parezcamos más a Ti. Amén.

ORACIÓN DE UN CATÓLICO FRUSTRADO (P. James Martin S.J.)

Señor, a veces me siento muy frustrado con tu Iglesia.
Sé que no estoy solo. Mucha gente que ama a tu Iglesia se siente frustrada con el Cuerpo de Cristo en la tierra. También sacerdotes y diáconos, y hermanos y hermanas, pueden sentirse frustrados. Y apostaría que incluso obispos y papas sienten frustración. Nos preocupamos y molestamos y amargamos y a veces nos escandalizamos porque tu divina institución, nuestro hogar, está lleno de seres humanos pecadores. Como yo.
Pero sobre todo acabo frustrado cuando siento que hay cosas que deben ser cambiadas y no tengo el poder para hacerlo. Por eso necesito tu ayuda, Dios.
Ayúdame a recordar que Jesús prometió que estaría con nosotros hasta el fin de los tiempos, y que tu Iglesia sigue siendo guiada siempre por el Espíritu Santo, incluso si me es difícil verlo. A veces el cambio es repentino y el Espíritu nos sorprende, pero generalmente el cambio ocurre lentamente en la Iglesia. A tu ritmo y no al mío. Ayúdame a confiar en que las semillas que planto con amor en el suelo de tu Iglesia algún día germinarán. Por ello dame paciencia.
Ayúdame a entender que nunca hubo un tiempo sin peleas y disputas dentro de tu Iglesia. Los debates retroceden por toda su historia hasta Pedro y Pablo discutiendo entre sí. Y tampoco hubo un tiempo en el que no hubiese pecado entre los miembros de tu Iglesia. ese tipo de pecado retrocede hasta Pedro negando a Jesús durante su Pasión. ¿Por qué la Iglesia de hoy tendría que ser diferente de la que fue para aquellos que conocieron a Jesús sobre la tierra? Dame sabiduría.
Ayúdame a confiar en la Resurrección. Jesús resucitado nos recuerda que siempre hay esperanza de algo nuevo. La muerte no es nunca la última palabra para nosotros. Tampoco la desesperación. Y ayúdame a recordar que cuando Cristo resucitado apareció a sus discípulos portaba las heridas de su crucifixión. Como Cristo, la Iglesia siempre está herida, pero es siempre portadora de la gracia. Dame esperanza.
Ayúdame a creer que tu Espíritu puede hacerlo todo: suscitar santos cuando más los necesitamos, suavizar corazones cuando parecen endurecidos, abrir mentes cuando parecen cerradas, inspirar confianza cuando todo parece perdido, nos ayuda a hacer lo que parecía imposible hasta que fue hecho. Este es el mismo Espíritu que convirtió a Pablo, inspiró a Agustín, llamó a Francisco de Asís, empujó a Catalina de Siena, consoló a Ignacio de Loyola, confortó a Teresita de Lisieux, animó a Juan XXIII, acompañó a Teresa de Calcuta, fortaleció a Dorothy Day, y le dio coraje a Juan Pablo II.
Ayúdame a recordar a todos tus santos. La mayoría de ellos lo pasó mucho peor que yo. Ellos también a veces resultaron frustrados con tu Iglesia, lucharon con ello e incluso fueron perseguidos. Juana de Arco fue quemada por las autoridades de la Iglesia. Ignacio de Loyola fue puesto en la cárcel por la Inquisición. Mary MacKillop fue excomulgada. Si ellos pudieron confiar en tu Iglesia en medio de esas dificultades, yo yambién puedo. Dame valentía.
Ayúdame a tener calma cuando la gente me diga que no pertenezco a la Iglesia, que soy un hereje por tratar de mejorar las cosas, o que no soy un buen católico. Yo sé que fui bautizado. Tú me llamaste por mi nombre, Señor, a tu Iglesia. Mientras tenga aliento, ayúdame a recordar cómo las aguas del bautismo me acogieron en tu santa familia de pecadores y santos. Deja que la voz que me atrajo a tu Iglesia sea lo que yo escuche cuando otras voces me digan que no soy bienvenido en ella. Dame paz.
Sobre todo, ayúdame a colocar toda mi esperanza en tu Hijo. Tengo fe en Jesucristo. Dame solo su amor y su gracia, que eso me basta.
Ayúdame Dios y ayuda a tu Iglesia. Amén.

LETANÍA DEL SANTO NOMBRE DE JESÚS

Señor, ten piedad de nosotros.
Jesucristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Trinidad Santa, que eres un solo Dios, ten piedad de nosotros.
Jesús, Hijo del Dios vivo, ten piedad de nosotros.
Jesús, esplendor del Padre, ten piedad de nosotros.
Jesús, pureza de luz eterna, ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey de la Gloria, ten piedad de nosotros.
Jesús, sol de justicia, ten piedad de nosotros.
Jesús, Hijo de la Virgen María, ten piedad de nosotros.
Jesús amable, ten piedad de nosotros.
Jesús admirable, ten piedad de nosotros.
Jesús, Dios fuerte, ten piedad de nosotros.
Jesús, Padre del siglo futuro, ten piedad de nosotros.
Jesús, ángel del celestial consejo, ten piedad de nosotros.
Jesús todopoderoso, ten piedad de nosotros.
Jesús pacientísimo, ten piedad de nosotros.
Jesús obedientísimo, ten piedad de nosotros.
Jesús, dulce y humilde de corazón, ten piedad de nosotros.
Jesús, amante de la castidad, ten piedad de nosotros.
Jesús, que nos honras con tu amor, ten piedad de nosotros.
Jesús, Dios de paz, ten piedad de nosotros.
Jesús, autor de la vida, ten piedad de nosotros.
Jesús, ejemplo de las virtudes, ten piedad de nosotros.
Jesús, celador de nuestras almas, ten piedad de nosotros.
Jesús, nuestro Dios, ten piedad de nosotros.
Jesús, nuestro refugio, ten piedad de nosotros.
Jesús, Padre de los pobres, ten piedad de nosotros.
Jesús, tesoro de los fieles, ten piedad de nosotros.
Jesús, buen Pastor, ten piedad de nosotros.
Jesús, verdadera luz, ten piedad de nosotros.
Jesús, sabiduría eterna, ten piedad de nosotros.
Jesús, bondad infinita, ten piedad de nosotros.
Jesús, nuestro camino y nuestra vida, ten piedad de nosotros.
Jesús, alegría de los ángeles, ten piedad de nosotros.
Jesús, Maestro de los Apóstoles, ten piedad de nosotros.
Jesús, doctor de los Evangelistas, ten piedad de nosotros.
Jesús, fortaleza de los mártires, ten piedad de nosotros.
Jesús, luz de los confesores, ten piedad de nosotros.
Jesús, pureza de las vírgenes, ten piedad de nosotros.
Jesús, corona de todos los santos, ten piedad de nosotros.

Sénos propicio, perdónanos, Jesús.
Sénos propicio, escúchanos, Jesús.

De todo pecado, líbranos, Jesús.
De tu ira, líbranos, Jesús.
De las tentaciones del diablo, líbranos, Jesús.
Del espíritu de fornicación, líbranos, Jesús.
De la muerte eterna, líbranos, Jesús.
Del menosprecio de tus divinas aspiraciones, líbranos, Jesús.
Por tu Encarnación, líbranos, Jesús.
Por tu Natividad, líbranos. Jesús.
Por tu infancia, líbranos, Jesús.
Por tu vida, toda divina, líbranos, Jesús.
Por tus trabajos, líbranos, Jesús.
Por tu agonía, líbranos, Jesús.
Por tu cruz y desamparo, líbranos, Jesús.
Por tu languidez, líbranos, Jesús.
Por tu muerte y sepultura, líbranos, Jesús.
Por tu Resurrección, líbranos, Jesús.
Por tu Ascensión, líbranos, Jesús.
Por tu alegría, líbranos, Jesús.
Por tu gloria, líbranos, Jesús.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Jesús.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, escúchanos, Jesús.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, óyenos, Jesús.

ORACIÓN.- Oh, Señor nuestro, Jesucristo, que has dicho "pedid y recibiréis, buscad y encontraréis, llamad y os abrirán", te suplicamos derrames la ternura de tu divino amor en nuestras almas, a fin de que te amemos de todo nuestro corazón, y que de nuestros labios exhale por todas partes el buen olor de este amor, dando señales de él con nuestras obras y no dejando jamás de bendecir tu santo nombre. Amén.