Lectura del santo evangelio según san Marcos 10,28-31
En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús:
«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
Jesús dijo:
«En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más - casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones -, y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».
"No hay nadie que no reciba cien veces más" (Mc 10,28-30)
Señor Jesús, ¡qué pasada! ¡Qué promesa la tuya! Nadie, nunca, que te siga quedará vacío; nadie, nunca, que se ponga en camino tras tus huellas quedará defraudado y desorientado; nadie, nunca, que te diga sí recibirá de Ti la callada por respuesta ¡Qué más podemos pedirte!
Señor Jesús, no hay nadie que no reciba cien veces más de lo que deja, de lo que se sacrifica, de lo que invierte, de lo que sirve, de lo que se entrega. Gracias porque Tú siempre desbordas nuestras expectativas. Gracias porque nunca entenderemos ese modo tuyo de llamarnos, de acogernos, de querernos y de abrazarnos. Gracias porque nuestro seguirte es todo un privilegio.
Señor Jesús, haz que desee ser de los últimos. Haz que desee ser de los que no aparece su nombre en ningún sitio. Haz que sea de los que no firman lo que hacen y que esa sea mi mejor firma. Haz que me niegue a mí mismo para que cuanto menos yo, más Tú.
FRANCISCO HIDALGO VILLARET. Cura regente de Santiago de Antequera. 41 años. Antequera (Málaga), 29/09/1894 - Antequera (Málaga), 06/08/1936.
Este sacerdote antequerano ingresó en el Seminario de Málaga en el curso académico de 1907.
Recibió las Órdenes Menores en 1914, el Subdiaconado en 1916, y finalmente fue ordenado sacerdote el 3 de marzo de 1917. Se doctoró en Teología y ese mismo año fue nombrado coadjutor de
San Juan de Vélez-Málaga. En 1922 fue destinado como coadjutor de San Juan de Málaga; al año
siguiente, cura de Alozaina, y como último destino pastoral, en Santiago de Antequera. Francisco
Hidalgo Villaret se preocupaba por los marginados, por los niños y sobre todo por los más pobres
de Antequera. Era devoto de la Eucaristía y un entusiasta de la catequesis.
Al comienzo de la Guerra Civil de España, en agosto de 1936, se encontraba refugiado en la casa de su hermano, en la que vivían
sus padres, y cuando supo que venían a detenerle, saltó por las tapias del patio a la casa de abajo,
para refugiarse allí. Pero unas niñas comenzaron a chillar e inmediatamente cinco milicianos lo
apresaron, asesinándolo en plena calle a tiros, en la Cruz Blanca, junto a las ventanas de la cripta de la Trinidad.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 25-34
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo».
Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre».
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.
Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo: «Tengo sed».
Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: «Está cumplido». E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.
Hemos llegado al domingo de PENTECOSTÉS, la culminación de la Pascua.
El Espíritu que resucitó a Jesús llena de vida ahora a la Iglesia y anima a la comunidad cristiana empujándola a realizar su misión. Y esto siempre nos llenará de alegría, que es uno de sus muchos dones.
Te invito a pedir cada uno de esos dones con la oración que adjunto.
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 1-11
Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.
Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo:
«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».
Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-23
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
Oh Dios, que hiciste del beato Andrés un modelo excelso por su piedad y doctrina del predicador de tu Palabra y del servicio pastoral, concédenos por su intercesión que, luchando animosamente en tu servicio, podamos obtener frutos abundantes.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
Mira Señor a quienes no pueden dormir o a los que lloran esta noche. Atiende a los enfermos. Calma sus sufrimientos Bendice a los moribundos. Compadécete de los afligidos. Conserva su alegría. Amén.
Lectura del santo evangelio según san Juan 21, 20-25
En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?»
Al verlo, Pedro dice a Jesús:
«Señor, y éste, ¿qué?»
Jesús le contesta:
«Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme.»
Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?»
Este es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni el mundo podría contener los libros que habría que escribir.
Señor Dios, que por la predicación de tu obispo san Agustín de Canterbury llevaste a los pueblos de Inglaterra la luz del Evangelio, concédenos que el fruto de su trabajo apostólico perdure en tu Iglesia con perenne fecundidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
Señor Dios nuestro, que nunca dejas de glorificar la santidad de quienes con fidelidad te sirven, haz que el fuego del Espíritu Santo nos encienda en aquel mismo ardor que tan maravillosamente inflamó el corazón de San Felipe Neri. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Amén.
Lectura del santo evangelio según san Juan 21, 15-19
Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer, le dice a Simón Pedro:
«Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?».
Él le contestó:
«Sí, Señor, tú sabes que te quiero».
Jesús le dice:
«Apacienta mis corderos».
Por segunda vez le pregunta:
«Simón, hijo de Juan, ¿me amas?».
Él le contesta:
«Sí, Señor, tú sabes que te quiero».
Él le dice:
«Pastorea mis ovejas».
Por tercera vez le pregunta:
«Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?».
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez: «¿Me quieres?» y le contestó:
«Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero».
Jesús le dice:
«Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras».
Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme».
Lectura del santo evangelio según san Juan 17, 20-26
En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, oró Jesús diciendo:
«No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.
Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.
Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo en ellos».
ORACIÓN
Padre Santo, concédenos lo que Jesucristo pide para todos nosotros. Danos esta unidad y que ella sea testimonio de nuestro amor. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor, que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
Lectura del santo evangelio según san Juan 17, 11b-19
En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, oró Jesús diciendo:
«Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría cumplida.
Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad».
Lectura del santo evangelio según san Juan 17, 1-11a
En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, dijo Jesús:
«Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a todos los que le has dado. Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo.
Yo te he glorificado sobre la tierra, he llevado a cabo la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía junto a ti antes que el mundo existiese.
He manifestado tu nombre a los que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado.
Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por estos que tú me diste, porque son tuyos. Y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti».
"He manifestado tu nombre a los que me diste de en medio del mundo" (Jn 17, 1-11a)
Señor Jesús, estas palabras tuyas me gustaría esta mañana hacerlas mías. Ojalá pueda yo, con mi vida, manifestar tu nombre a todos aquellos que me rodean. Ojalá pueda predicarte y, si fuera necesario, también con palabras. Ojalá en medio del mundo sea yo una muestra de tu sal y de tu luz.
Señor Jesús, que manifieste tu nombre cuando me retire a hacer mi ratito de oración, cuando te piense al recordar tu nombre y saber que me acompañas, cuando salga de casa y le ponga al día una sonrisa, un gesto amable y una disponibilidad sin condiciones.
Señor Jesús, que manifieste tu nombre cuando me toque interceder y defender al más pequeño, cuando haga falta alzar la voz en nombre de los sin voz, cuando sea necesario sanar heridas, recuperar esperanzas y seguir soñando con un mundo más justo y más fraterno.
Señor Jesús, ayúdame a manifestar tu nombre con mi vida entregada, mis palabras de esperanza, mis gestos solidarios y esas acciones milagrosas que hacen que brille el sol por dentro aunque el día esté nublado. Que toda mi vida sea manifestación de tu presencia.
Santa de lo imposible. Oh, santa patrona de los necesitados, santa Rita, cuyas plegarias ante el Divino Señor son casi irresistibles, quien por la generosidad en otorgar favores has sido llamada mediadora de los sin esperanza e incluso de lo imposible, santa Rita, tan humilde, tan pura, tan mortificada, tan paciente y de tan compadecido amor por Jesús Crucificado que podrías obtener de Él, cualquier cosa que le pidas.
A cuenta de esto recurrimos confiados a ti, esperando, si no siempre alivio, al menos consuelo. Sé favorable a nuestra petición, mostrando el poder de Dios a nombre de este/a suplicante, sé generosa con nosotros, como lo has sido en tantos casos maravillosos, para la más grande gloria de Dios, por la divulgación de tu propia devoción, y por el consuelo de aquellos que confían en ti.
Prometemos, si nuestra petición es concedida, glorificar tu nombre, informando del favor concedido, para bendecir y cantar tus alabanzas por siempre. Confiando entonces en los méritos y poder ante el Sagrado Corazón de Jesús, te rogamos:
(Mencionar la petición).
Santa Rita de Casia, ruega por nosotros y obtén nuestra petición.
Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 29-33
En aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús:
«Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que has salido de Dios».
Les contestó Jesús:
«¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo».
"En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo»" (Jn 16,29-33)
Señor Jesús, dame valor en la lucha cotidiana para que tu Reino sea posible allí donde vivo y trabajo. Dame el valor de predicar con el ejemplo. Dame el valor de usar las palabras oportunas en cada circunstancia. Dame el valor de tener los gestos apropiados con aquellos que me rodean.
Señor Jesús, dame valor para ser tu testigo y para dar testimonio de lo que has hecho en mí. Dame valor para comprometerme en todo aquello que sea bueno para ayudar a los otros a crecer y a ser más felices. Dame valor para ser simple ante la complejidad del mundo. Dame valor para ser sencillo ante tanta complejidad.
Señor Jesús, dame valor para en todo amar y servir, para con todos ser cercano y atento, para en cada circunstancia ser como Tú para los demás, sal y luz, puerta abierta y hogar, perdón y misericordia, buena noticia y esperanza cierta. Dame valor para, como Tú, vencer al mundo. Dame valor en las luchas que hoy tendré.
Querida santa Joaquina de Vedruna, siempre has sido una gran inspiración para mí. Eres un ejemplo de cómo una persona puede superar las adversidades con valentía y fortaleza. Tú siempre has sido una guía para mí, especialmente en los momentos difíciles de mi vida. Te pido que me ayudes a superar este momento difícil que estoy atravesando. Te pido que me des fuerza y valentía para afrontar todos los retos que me esperan. También te pido que me ayudes a mantener la fe, especialmente en los momentos en que me sienta débil y solo.
Sé que con tu ayuda, podré superar todos los obstáculos que me encuentre en el camino. Te agradezco todo lo que has hecho por mí, y espero poder seguir tu ejemplo de fortaleza y valentía.
Que Dios te bendiga, santa Joaquina de Vedruna. Amén.
ANTONIO HEREDIA BAZO. Párroco de Sierra Yeguas (Málaga). 56 años. Motril (Granada), 02/03/1880 - Pantano del Chorro (Málaga), 26/08/1936.
Este sacerdote granadino ingresó muy joven en el Seminario de Granada donde llegó a compaginar
los estudios con el cargo de bibliotecario. El 19 de diciembre de 1903 fue ordenado sacerdote por
el obispo de Guadix. Tras pasar por distintas parroquias, es nombrado coadjutor de Almuñécar en
su anejo de La Herradura; coadjutor de Vélez de Benaudalla, de Motril, de Gualchos en Calahonda y
ecónomo de Pitres. En 1926 llegó a Sierra de Yeguas (Málaga) tras ganar la plaza que estaba vacante. Era extremadamente generoso con los necesitados. Derechas e izquierdas lo querían y respetaban por su gran prudencia y, sobre todo, por su caridad. Iniciada la Guerra Civil en España, estuvo sin ser molestado hasta el 15 de
agosto de 1936, que fue detenido con otros vecinos y después puesto en libertad. El 26 de agosto, fue
sacado de su domicilio y obligado a subir a un coche por cuatro milicianos comunistas del pueblo que lo llevaron
detenido hacia el pantano de El Chorro, donde fue asesinado. Después echaron su cuerpo al agua.
Cuenta una entrañable historia oriental que una persona después de morir, y una vez en el cielo, pidió a Dios que le permitiera contemplar toda su vida, tanto los días alegres como los momentos difíciles; y Dios se lo concedió. Le permitió ver toda su vida como si esta se hallara proyectada a lo largo de una playa de arena y estuviera paseándose por ella. El hombre vio que a lo largo de todo el camino había dos clases de huellas sobre la arena: las suyas y las de Dios que lo acompañaba; pero observó que en los momentos más difíciles solamente había unas huellas. Muy sorprendido y muy triste, le dijo a Dios:
- Veo que en los momentos más difíciles es cuando Tú me has dejado solo.
- ¡De ninguna manera!, hijo mío, -le respondió Dios- Las huellas que ves en los momentos más difíciles de tu vida no son tus huellas sino las mías porque, en esos momentos yo te llevaba en brazos.
El evangelio de hoy termina con el relato que nos propone la Iglesia en la solemnidad de la Ascensión; y en concreto, con esta inolvidable frase:
Sabed que yo estoy con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo.
Esta es la fe que ha animado siempre a las comunidades cristianas. Los seguidores de Jesús, no estamos solos, perdidos en medio de la historia, abandonados a nuestras propias fuerzas. En momentos difíciles y complicados como los que vivimos, nos puede suceder que caigamos en el desánimo, en lamentaciones o en el derrotismo. Y si desgraciadamente es así, olvidamos algo que debemos recordar siempre: Jesús está con nosotros.
Jesús sube a los cielos y nos deja dos mensajes muy claros:
En primer lugar, su compromiso de permanencia. Jesús se queda con nosotros:
Está en la Eucaristía alimentando nuestra fe.
Está en la comunidad cristiana infundiendo su Espíritu.
Está en los necesitados, moviendo nuestros corazones a la compasión.
Y en definitiva, está con nosotros, todos los días hasta el final del mundo.
En segundo lugar, nos deja unos deberes que realizar: “Haced discípulos míos”.
Nuestra sociedad está cansada de palabras, por ello, son necesarios los testimonios.
El papa Pablo VI decía: “El hombre actual escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escucha a los que enseñan, es porque dan testimonio”.
La fiesta de la Ascensión del Señor que celebramos hoy domingo, implica que la presencia de Jesús entre nosotros no es física, pero no por ello es menos real: Jesús actúa a través del Espíritu Santo que distribuye en su Iglesia para que todos sus seguidores tengamos el valor y la fuerza de continuar transformando el mundo. De esta manera, a través de nuestro testimonio, cumpliremos su mandato de haced discípulos suyos enseñándoles todo lo que El nos ha enseñado.
¡Feliz y bendecido Día del Señor!
Conclusión del santo evangelio según san Mateo 28, 16-20
En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
«Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».
Cuando una persona querida se marcha para no volver sentimos el desgarro y la tristeza que provoca la despedida...
Sin embargo, cuando esa "despedida" no es definitiva surge la esperanza de volverse a encontrar más tarde o más temprano...
Jesús se despide pero quiere dejar bien claro que no nos abandona...
Y es que nos pasa muchas veces que sentimos más la cercanía de la gente en la distancia porque quizás las echamos de menos...
Hoy es un día para que nos preguntemos: ¿ Echamos de menos a Jesús?...
Seguro que es eso lo que producirá que sintamos cada vez más cerca su presencia.
El Señor hoy se vuelve a hacer presente en medio de nosotros y nos susurra al oído :
" Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo ..."
- "Yo estoy en el enfermo que acompañas y que espera tu atención."
- "Yo estoy en una esquina o tirado en el suelo, aunque no te guste y me mires con desprecio."
- "Yo estoy junto a ti, en el ascensor, mientras lees el correo y haces como que no me ves."
- "Yo estoy dentro de ti, volviendo tu corazón universal."
Tú eres de los míos, haz discípulos míos, haced personas, no esclavos; haced caminantes, no gente instalada y acomodada; haced servidores y no jefes; haced gente inquieta y no satisfecha...
"Tú ya sabes cómo he actuado, ahora te toca a ti... no temas... confía... no te dejaré... volveré..."
San Arcángel Tadini nació en Verolanuova (Brescia, Italia) el año 1846. A los veinte años ingresó en el seminario de Brescia y en 1870 se ordenó sacerdote. Ejerció distintos cargos pastorales: coadjutor parroquial, maestro de escuela y capellán de suburbio, en los que desarrolló una intensa actividad apostólica, centrada sobre todo, y de modo novedoso, en la educación de la infancia. En 1887 lo nombraron párroco de Botticino Sera (Brescia), y allí permaneció hasta su muerte. Además de atender sus deberes parroquiales, se dedicó a la pastoral social en favor de la juventud y de la clase obrera, y en defensa de los derechos y dignidad de los trabajadores. En 1893 fundó la Sociedad de Socorro Mutuo y una hilandería para evitar la emigración de las jóvenes; también, una hospedería para trabajadores. A fin de asegurar la asistencia a las jóvenes, fundó en 1900 la congregación de las Hermanas Obreras de la Santa Casa de Nazaret, con votos, vida común y hábito religioso, a la vez que comprometidas como verdaderas obreras. Murió en Botticino Sera el 20 de mayo de 1912. Fue canonizado el año 2009.
Señor Dios, que infundiste en el corazón de san Bernardino de Siena un amor admirable al nombre de Jesús, concédenos, por su intercesión y sus méritos, vivir siempre impulsados por el espíritu de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.