martes, 24 de febrero de 2026

MARTES 1º DE CUARESMA A


Buenos días. Hoy martes aprendemos cómo hablar con Dios Padre: perdonándonos. Dios, como explica Isaías, ha enviado su Palabra como la lluvia, para que empape la tierra y haga brotar frutos. Así es Cristo, Palabra viva, que ha venido a nosotros para darnos el perdón. Y en la misma cruz dirá: Padre, perdónales porque no saben lo que hacen. Dios Padre no quiere nuestra muerte sino nuestra salvación y por eso nos quiere enseñar una cualidad divina que nos hará santos: perdonar. Seamos buenos y confiemos en Dios, que libra a los justos de sus angustias.



1ª Lectura (Is 55, 10-11): Esto dice el Señor: «Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo».


Salmo responsorial: 33

R/. El Señor libra de sus angustias a los justos.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre. Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias.

Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. El afligido invocó al Señor, Él lo escuchó y lo salvó de sus angustias.

Los ojos del Señor miran a los justos, sus oídos escuchan sus gritos; pero el Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria.

Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias; el Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos.


Versículo antes del Evangelio (Mt 4, 4): No de sólo pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.


Texto del Evangelio (Mt 6, 7-15): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo.

»Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».







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