Buenos días. Hoy sábado por la mañana las lecturas nos muestran la nueva ley: la del Amor. En la primera lectura Dios ha dado unos mandamientos a Moisés para que el pueblo comience a seguir a Dios y los cumpla de corazón. Y en el evangelio, Cristo, nuevo Moisés, nos trae unos mandamientos nuevos: las Bienaventuranzas que marcan una vida llena de amor, esperanza y fe. En este tiempo de Cuaresma Cristo nos enseña que la conversión significa amar incluso a los que no nos aman, y si no cambiamos nuestro corazón seguiremos viviendo los mandamientos como un cumplimiento pero no con todo el corazón y con toda el alma. Seamos buenos, confiemos en Dios y convirtamos nuestro corazón para ser perfectos como nuestro Padre es perfecto.
1ª Lectura (Dt 26, 16-19): Moisés habló al pueblo, diciendo: «Hoy el Señor, tu Dios, te manda que cumplas estos mandatos y decretos. Acátalos y cúmplelos con todo tu corazón y con toda tu alma. Hoy has elegido al Señor para que Él sea tu Dios y tú vayas por sus caminos, observes sus mandatos, preceptos y decretos, y escuches su voz. Y el Señor te ha elegido para que seas su propio pueblo, como te prometió, y observes todos sus preceptos. Él te elevará en gloria, nombre y esplendor, por encima de todas las naciones que ha hecho, y serás el pueblo santo del Señor, tu Dios, como prometió».
Salmo responsorial: 118
R/. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor.
Dichoso el que, con vida intachable, camina en la ley del Señor; dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón.
Tú promulgas tus mandatos para que se observen exactamente. Ojalá esté firme mi camino, para cumplir tus decretos.
Te alabaré con sincero corazón cuando aprenda tus justos mandamientos. Quiero guardar tus decretos exactamente, tú no me abandones.
Versículo antes del Evangelio (2Cor 6, 2): He aquí ahora el tiempo favorable, he aquí ahora el día de la salvación.
Texto del Evangelio (Mt 5, 43-48): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial».


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