Oh amante y fervorosa Margarita, oh feliz y agraciado dechado de desengaños, ¿quién sabrá explicar lo crecido de tus fervores? Pues resuelta a seguir a tu Dueño, trocaste las delicadas galas por las rigurosas armas de la penitencia, no dando a tu cuerpo descanso alguno, siendo tu mayor alivio el padecer por tu Amado. Alcánzame, gloriosa y querida santa mía, que pues te he seguido en el pecar te imite en la penitencia para desagraviar a tu amado Dueño; alcanza de su bondad luz para todas las almas que están en el triste y oscuro cautiverio de la culpa mortal, para que viviendo en su amistad y gracia, te acompañemos en las eternas moradas de la Gloria. Amén.
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