domingo, 4 de junio de 2017

NOVENA AL ESPÍRITU SANTO


Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador Padre y Redentor mío, por ser vos quien sois, Bondad infinita y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, prometo firmemente nunca más pecar, confesar y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

Invocación: Veni Sancte Spíritus

Ven, Espíritu Santo,
y envía desde el cielo
un rayo sobre el suelo
de tu luz eternal.
Ven, Padre de los pobres,
ven, dador de los bienes,
que alumbras y sostienes
al infeliz mortal.
Paráclito sincero,
dulce huésped del alma,
su refrigerio y calma;
Santo consolador.
Descanso en el trabajo,
templanza en el estío,
benéfico rocío,
solaz en el dolor.
¡Oh luz amorosísima!
Dulce, clara, serna;
los corazones llena
que aman su claridad.
Sin tu supremo auxilio,
que el pecho nos ensancha,
nada hay puro y sin mancha,
todo el hombre es maldad.
Lava tú lo que es sórdido,
riega lo que está seco;
débil soy cuando peco,
dame tú la salud.
Ablanda lo que es áspero;
templa lo que está frío;
al hombre en su extravío
vuelve a la rectitud.
Concede a los que fieles
en ti solo esperamos,
y humildes te invocamos
tu septiforme don.
Da de virtud el mérito,
da término dichoso,
danos en tu reposo
eterno galardón. Amén.

ORACIÓN

Autor de la santificación de las almas, Espíritu de amor, os adoramos como a principio de nuestra eterna felicidad, y os damos gracias como a soberano dispensador de los bienes que recibimos de lo alto; iluminad nuestro entendimiento, fortaleced la voluntad, purificad el corazón y perdonadnos la loca ceguedad con que tan a menudo hemos resistido a los dulces impulsos de vuestra gracia. Queremos en adelante ser tan dóciles a vuestras inspiraciones, que merezcamos gozar de los consuelos que producen vuestros dones y frutos en las almas. Otorgadnos, Espíritu Santísimo:
Día 1º.- El don de la sabiduría con el cual estimemos y apreciemos en su debido valor los bienes celestiales y aborrezcamos la necedad de las cosas terrenas y caducas.
Día 2º.- El don del entendimiento, infundiendo en nuestro espíritu ilustraciones y rayos de luz que deshagan las nieblas, dudas, perplejidades, desconfianzas y tibiezas, así en el creer y esperar, como en el obrar.
Día 3º.- El don del consejo, inspirándonos la manera de no dejarnos arrebatar de la precipitación y falta de prudencia, y de seguir en todo vuestros acertados impulsos.
Día 4º.- El don de la ciencia, ilustrándonos con vuestras inspiraciones para conocer las astucias de Satanás, las ilusiones del mundo y los engaños de la carne.
Día 5º.- El don de fortaleza, alentando nuestro cobarde corazón a padecer cualquier daño temporal de hacienda, honra o vida, por huir del Eterno.
Día 6º.- El don de piedad, ablandando nuestros corazones para que se muevan a compasión de nuestros prójimos, y les hagan bien y sufran el mal que nos hacen, sin muestras de ira, impaciencia ni venganza.
Día 7º.- El don del temor santo de Dios que reprima nuestra soberbia y vanidad, y nos haga temblar de sus espantosos juicios, manteniéndonos humillados en su servicio.
Día 8º.- Vuestros frutos de caridad, gozo espiritual, paz, paciencia, liberalidad y bondad; con los cuales, regocijada nuestra alma y en paz con Vos y con el prójimo, corramos ligeros por el camino de vuestra santa ley.
Día 9º.- Los frutos de benignidad, mansedumbre, modestia, continencia y castidad, con los cuales nos suframos mutuamente, y sirviéndonos con pureza en la vida, merezcamos gozaros en la eternidad.

Para mejor lograr esta gracia, os decimos tres veces el Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Veni Creator Spiritus

Ven, Creador, Espíritu amoroso,
ven y visita el alma que a Ti clama,
y con tu soberana gracia inflama
los pechos que criaste poderoso.

Tú, que abogado fiel eres llamado,
del Altísimo don, perenne fuente
de vida eterna, caridad ferviente,
espiritual unción, fuego sagrado.

Tú te infundes el alma en siete dones,
fiel promesa del Padre soberano;
Tú eres el dedo de su diestra mano,
Tú nos dictas palabras y razones.

Ilustra con tu luz nuestros sentidos,
del corazón ahuyenta la tibieza;
haznos vencer la corporal flaqueza,
con tu eterna virtud fortalecidos.

Por Ti, nuestro enemigo desterrado,
gocemos de paz santa duradera;
y siendo nuestra guía en la carrera,
todo daño evitemos y pecado.

Por Ti al Eterno Padre conozcamos,
y al Hijo soberano omnipotente,
y a Ti, espíritu, de ambos procedente,
con viva fe y amor siempre creamos.

Todo loor se rinda al Padre eterno,
y al Hijo, de la muerte victorioso,
y al soberano Espíritu amoroso,
ahora y siempre por siglos sempiternos.


Oración para todos los días

Oh Amor divino y comunicación santa del Eterno Padre y de su hijo benditísimo, Espíritu poderoso, consolador clementísimo de todos los afligidos y remediador de todas las necesidades; si es para mayor gloria vuestra que consigamos la gracia que os pedimos, otorgádnosla piadoso, y si no, dadnos lo que sea más conforme a vuestro divino servicio y bien de nuestra alma. Amén.
(Pídase la gracia que se dese alcanzar).

Antífona. Ven, oh Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.
V). Envía tu Espíritu y serán creados.
R). Y renovarás la faz de la tierra.

Oración

Oh Dios que habéis instruido los corazones de los fieles con la ilustración del Espíritu Santo, dadnos el sentir rectamente según este mismo Espíritu y gozar siempre de su consolación. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

jueves, 1 de junio de 2017

LAS QUINCE PROMESAS DE LA VIRGEN MARÍA A QUIENES RECEN EL ROSARIO


1.- El que me sirva, rezando diariamente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.
2.- Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.
3.- El Rosario será un fortísimo escudo de defensa contra el infierno, destruirá los vicios, librará de los pecados y exterminará las herejías.
4.- El Rosario hará germinar las virtudes y también hará que sus devotos obtengan la misericordia divina; sustituirá en el corazón de los hombres el amor del mundo al amor por Dios y los elevará a desear las cosas celestiales y eternas. ¡Cuántas almas por este medio se santificarán!.
5.- El alma que se encomiende por el Rosario no perecerá.
6.- El que con devoción rezare mi Rosario, considerando misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá muerte desgraciada; se convertirá, si es pecador; perseverará en la gracias, si es justo, y en todo caso será admitido a la vida eterna.
7.- Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin auxilios de la Iglesia.
8.- Quiero que todos los devotos de mi Rosario tenga en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia, y sean partícipes de los méritos de los bienaventurados.
9.- Libraré pronto del purgatorio a las almas devotas del Rosario.
10.- Los hijos verdaderos de mi Rosario gozarán en el cielo una gloria singular.
11.- Todo lo que se me pidiere por medio del Rosario se alcanzará prontamente.
12.- Socorreré en todas sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.
13.- Todos los que recen el Rosario tendrán por hermanos en la vida y en la muerte a los bienaventurados del cielo.
14.- Los que rezan mi Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.
15.- La devoción al santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación a la gloria.

ESTAMPA 25 ANIVERSARIO CORONACIÓN DE LA VIRGEN DELA ESPERANZA DE SEDELLA (MÁLAGA)



lunes, 22 de mayo de 2017

ESTAMPA 20 MAYO 2017 NOVENA MARÍA AUXILIADORA MÁLAGA



ORACIÓN PARA PEDIR UN FAVOR A SANTA RITA

Santa de lo imposible, oh Santa Patrona de los necesitados, Santa Rita, cuyas plegarias ante el Divino Señor son casi irresistibles, quien por la generosidad en otorgar favores has sido llamada Mediadora de los sin esperanza e incluso de lo Imposible; Santa Rita, tan humilde, tan pura, tan mortificada, tan paciente y de tan compadecido amor por Jesús Crucificado que podrías obtener de Él cualquier cosa que le pidas. A cuenta de esto recurrimos confiados a ti, esperando, si no siempre alivio, al menos consuelo. Sé favorable a nuestra petición, mostrando el poder de Dios a nombre de este/a suplicante, sé generosa con nosotros, como lo has sido en tantos casos maravillosos, para la más grande gloria de Dios, por la divulgación de tu propia devoción, y por el consuelo de aquellos que confían en ti. Prometemos, si nuestra petición es concedida, glorificar tu nombre, informando del favor concedido, para bendecir y cantar tus alabanzas por siempre. Confiando entonces en los méritos y poder ante el Sagrado Corazón de Jesús, te rogamos:
(Mencione ahora su petición)
Obtén para nosotros nuestra petición:
Por los singulares méritos de tu infancia.
Por la perfecta unión con la Divina Voluntad.
Por los heroicos sufrimientos durante tu vida de casada.
Por el consuelo que experimentaste con la conversión de tu esposo.
Por el sacrificio de tus niños antes de verlos ofender gravemente a Dios.
Por tu milagrosa entrada al Convento.
Por las austeras penitencias y las sangrientas ofrendas tres veces al día.
Por el sufrimiento causado por la herida que recibiste con la espina del Salvador Crucificado.
Por el amor divino que consumió tu Corazón.
Por la notable devoción al Sagrado Sacramento, con el cual exististe por cuatro años.
Por la felicidad con la cual partiste de tus pruebas para reunirte con el Divino Esposo.
Por el ejemplo perfecto que diste a la gente de cada estado de vida.

Oh Dios, Quien en tu infinita ternura has sido bondadoso para escuchar la plegaria de tu sierva, Santa Rita, y otorgas a su súplica lo que es imposible a la vista, conocimiento y esfuerzos, en recompensa de su compadecido amor y firme confianza en tu promesa, ten piedad en nuestra adversidad y socórrenos en nuestras calamidades, que el no creyente pueda saber que Tú eres la recompensa del humilde, la defensa de los sin esperanza, y la fuerza de aquellos que confían en Ti, a través de Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


ORACIÓN A SOR MÓNICA DE JESÚS

Señor omnipotente, que glorificas a los humildes y abates a los soberbios, por la gloria de tu santo Nombre concédenos la gracia de ver glorificada en la tierra a tu fidelísima sierva sor Mónica que solo vivió para Ti y la salvación de las almas, y la gracia que con fe te pedimos (se hace la petición). Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

sábado, 20 de mayo de 2017

POR NO PERDER EL RESPETO (Juan Valera)

La señora Nicolasa, viuda del herrador, recibió una carta en que le participaban la imprevista y repentina muerte de su tío, el más rico tabernero de Córdoba. Convenía ir allí sin tardanza a recoger la herencia, antes que los entrantes y salientes de la casa lo hiciesen todo trizas y capirotes.
Resuelta y activa, la viuda se puso el mantón y sin perder tiempo se fue a ver al tío Blas, el cosario, para que la llevase a la antigua capital de los califas.
-Oiga usté, señá Nicolasa, yo estoy mal de salud, he tenido ciciones y aún no me he repuesto. Hasta dentro de siete u ocho días no pienso salir para Córdoba.
-Mucho me contraría lo que usted me dice -respondió la viuda. -¿Cómo me las compondré? Yo necesito ir a Córdoba inmediatamente.
-Ya usted sabe -replicó el tío Blas- que yo quiero complacerla siempre. Hay un medio de que mañana mismo, antes de rayar el alba, se ponga usted en camino. Puedo dar a usted dos mulos muy mansos y que andan mucho y una persona de toda mi confianza para que la acompañe.
-¿Y quién es esa persona?
-Pues mi nieto Blasillo.
-¡Jesús, María y José! ¿Qué no dirían las malas lenguas del lugar si yo me fuese sola por esos andurriales con un mozuelo de veinte años a lo más, y que, si mal no he reparado, es guapote y atrevido?
-Deje usté que digan lo que quieran, señá Nicolasa. ¿Quién está libre de malas lenguas y de testigos falsos? Hasta de Dios dijeron. Y por otra parte, créame usté, mi niño es un alma de Dios, mejor que el pan, incapaz de cualquier desacato. Con él irá usted más segura que con un padre capuchino.
La viuda estaba decidida a ir a Córdoba y pasó por todo.
-Iré con Blasillo -dijo por último. -Si murmuran, que murmuren. Yo confío en el buen natural y en la cristiana crianza del muchacho, y confío más aun en mi gravedad y entereza.
-Tiene usted razón que le sobra, señá Nicolasa. El chico es tan bueno, noble y tranquilo que no será menester que usté se haga de pencas.
La claridad del día iba extendiéndose por el cielo, se teñía el Oriente de un vago color de rosa que anunciaba la pronta salida del sol, y en la mitad del éter, como joya de oro sobre obscuro manto azul, resplandecía el lucero miguero. Corría un vientecillo fresco; los pajarillos cantaban; el rocío daba lustre y esmalte a la yerba nueva, blanqueaban los almendros en flor, y las nacientes hojas de los árboles deleitaban la vista con su tierna verdura. Era uno de los primeros días del mes de Abril.
La señá Nicolasa había enviudado temprano y tendría a lo más veintiséis o veintisiete abriles. Era alta y esbelta, aunque poco enjuta de carnes. Su ademán decidido y su aspecto señoril, grave y casi imperatorio, se hallaban en perfecta conformidad con la fama que tenía de honrada, severa, valerosa y sobrado capaz de tener a raya a los hombres más insolentes, y de no necesitar protección ni socorro para impedir que le perdiesen el respeto.
En aquella ocasión salió del lugar montada en un poderoso mulo romo, sobre muy lujosas y cómodas jamugas, con blandos almohadones de pluma y con su tablilla para apoyar los piececitos. Iba con tanta majestad y era tan gallarda morena que parecía la propia reina de Sabá cuando caminaba hacia Jerusalem para visitar a Salomón y poner a prueba su sabiduría con enmarañados acertijos.
En el otro mulo, que llevaba el baúl de la viuda y algunos encargos, Blasillo iba detrás muy respetuoso y sin atreverse a hablar a la adusta y floreciente matrona cuya custodia le había confiado su abuelo.
Pasaron no pocas horas, callados siempre los dos caminantes y marchando los mulos a buen paso.
Estaban en medio de la campiña. No había por allí olivares, ni huertas, ni árbol que diese sombra, sino terrenos sin roturar, donde las plantas que más descollaban eran el romero y el tomillo, entonces en flor y que exhalaban olor muy grato, o bien extensas hojas de cortijo, sembradas unas, otras en barbecho o en rastrojo. Lo sembrado verdeaba alegremente, porque aquel año había llovido bien y los trigos estaban crecidos y lozanos. El suelo, formado de suaves lomas, hacía ondulaciones, y como no había árboles, la vista se dilataba por grande extensión sin que nada le estorbase. Aquello parecía un desierto. No se descubría casa ni choza, ni rastro de albergue humano por cuanto abarcaba la vista.
El sol casi culminaba ya en el meridiano, y nuestros viajeros, recibiéndole a plomo sobre las cabezas, apenas proyectaban sombra. Ni en la vereda por donde iban, ni cerca ni lejos parecía bicho viviente.
La señá Nicolasa empezó a sentir calor, fatiga y hambre, y mostró deseos de almorzar y descansar un poco.
-Antes de diez minutos llegaremos -dijo Blasillo-. En cuantico subamos esta cuestecilla y estemos en lo alto de la loma, verá usted el arroyo que está del otro lado, y allí en medio de los álamos negros y de los mimbrones que crecen en la orilla, podremos almorzar muy regaladamente, descansar tres o cuatro horas y hasta echar una siesta.
Todo ocurrió como Blasillo lo anunciaba. Llegaron al arroyo cuya agua era limpia y cristalina. Cubrían su imagen tupido césped y silvestres flores. La espesura de los árboles formaba soto umbrío. En el follaje, por lo mismo que había poquísima arboleda por aquellos contornos, venía a guarecerse innumerable multitud de pajarillos de varias castas y linajes que animaban la esquiva soledad con sus trinos y gorjeos.
Como el tío Blas era muy buen cristiano, muy recto y temeroso de Dios, muy seguro en sus tratos y persona de estrecha conciencia, había, según suele decirse, leído la cartilla a Blasillo y encargándole que no se desmandase en lo más mínimo, que le sacase airoso y que no desmintiese con su conducta las alabanzas que había hecho de él a la joven viuda, aunque para este fin tuviese que luchar con todos los enemigos del alma y vencerlos.
A la verdad, no necesitaba Blasillo de aquellas amonestaciones. Siempre había contemplado a la joven viuda con tan profunda veneración, que el discurso de su abuelo de nada servía para disuadirle de propósitos audaces que jamás había formado. Antes bien, si Blasillo no hubiera sido tan bueno, el discurso del abuelo hubiera podido servir para despertar en su alma candorosa los propósitos susodichos.
Como quiera que fuese, Blasillo distaba tanto de haberlos concebido que se puso más colorado que un pavo cuando, con timidez que por dicha no deslustró su agilidad, su buena maña y la fuerza de sus brazos, recibió a la viuda, que se dejó caer en ellos para echar pie a tierra. Extendió allí Blasillo una limpia servilleta que sacó de las alforjas y colocó sobre ella los boquerones fritos, el pollo fiambre, el blanco pan y las apetitosas chucherías que para la merienda llevaba. Ni faltaron cuchillos y tenedores ni vasos de bien fregado vidrio, en el mayor de los cuales trajo Blasillo agua fresca del arroyo, reservando otros dos vasos más pequeños para el añejo y generoso vino de Montilla que había en su bota.
La viuda y su acompañante se sentaron amistosamente, él enfrente de ella, y comieron y bebieron con fruición y como dos príncipes.
Blasillo, más silencioso que parlanchín, apenas desplegaba los labios; pero la viuda hablaba y procuraba hacer hablar a Blasillo con preguntas y consideraciones. Casi ya terminado el festín y más animada la viuda, dijo a Blasillo:
-Estoy contenta de ti. Estoy satisfecha. Tu abuelito te ha dado muy buena crianza. Pero hablando con franqueza, bien es menester que tenga yo todo el valor que tengo para fiarme, como me he fiado, de un mozuelo como tú, y para venirme sola con él y sin amparo ninguno a un sitio como éste, cuya soledad aterra. Ya ves tú... Ahora serán las doce del día. La tranquilidad y el silencio de estas horas y en estos lugares son casi tan medrosos como la tranquilidad y el silencio de la media noche. No parece sino que tú y yo estamos solitos en el mundo, o por lo menos que no viven en él seres humanos y de bulto, prójimos nuestros, sino pajarillos que cantan y que no saben ni entienden lo que nosotros somos ni lo que hacemos. Declaro que si yo no estuviera tan segura de mí y de ti me arrepentiría de lo hecho como del más osado y peligroso disparate.
-Pues mire su mercé, señá Nicolasa, bien hace en no arrepentirse y mejor aún en no creer disparate lo hecho. Ya me recomendó el abuelo que me portase bien. Y no era menester que me lo recomendase. Yo soy quien soy, y conmigo va su mercé como bajo un fanal.
Lo sé, lo veo, hijo mío -replicó la viuda-. Tú eres de los que no hay; algo de extraño y que no se estila. Y sin embargo... a pesar de tu excelente condición... ¿quién sabe?... ni aquí ni a mucha distancia de aquí hay criaturas de nuestra casta. Pero ¿podremos afirmar que en torno nuestro, sin que nosotros los veamos ni los sintamos, no haya duendes o diablillos traviesos que nos hablen al oído y nos infundan malos pensamientos?... Si he de confesarte la verdad, yo tengo miedo. Y no temo por ti ni por mí, si, naturalmente, seguimos siendo como somos. Temo por el misterio que nos rodea y en el cual tal vez se esconda no sé qué brujería o hechizo.
-Pues nada, señá Nicolasa, sosiéguese usted y no tema. Aquí no hay diablo ni duende que valga. Contra todos ellos, si los hay, me defenderé yo y defenderé a su mercé, y su mercé y yo seguiremos siendo los mismos que antes, sin trastorno ni encantamiento.
Hubo una larga y silenciosa pausa. Luego exclamó la viuda:
-Quiero suponer, hijo mío, que tú a despecho de tu buen natural, movido por un poder irresistible, te atrevieses ahora a perderme el respeto. ¡Qué apuro el mío! ¿Qué recurso me quedaba? Tú tienes mucha más fuerza que yo.
¡Por los clavos de Cristo, señá Nicolasa! No se aflija su mercé ni me aflija suponiendo cosas indignas e imposibles.
-Y con tal de que no sean, ¿qué importa que yo las suponga? Supongámoslas, pues. ¿Qué haría yo entonces?
-Toma -contestó Blasillo-, gritar, que alguien acudiría.
-Pero muchacho, ¿quién había de oírme, si estoy algo ronca y tengo la voz muy débil?
Sobrevino otro largo rato de silencio. Luego dijo Blasillo:
-Aunque fuera su mercé muda, señá Nicolasa, y aunque viniese a tentarme una legión de demonios, en este desierto y a mi vera estaría su mercé tan libre de todo peligro y de toda ofensa como si se encontrase en medio de la plaza de nuestro lugar a la hora del mercado.
La señá Nicolasa se mordió los labios, hizo una ligera mueca, no se sabe si de satisfacción o de despecho, y calló durante largo rato, como sumida en profundas meditaciones.
-Quisiera dormir un poco, -dijo por último.
-Nada más fácil, -contestó Blasillo.
Y sin añadir palabra, trajo la manta y los almohadones de las jamugas, los extendió en el suelo, preparando cama para la viuda y la invitó por señas a que se tendiese y durmiese. Luego añadió:
-Yo me retiraré para que quede su mercé a sus anchas, no sienta ruido y duerma tranquila y a gusto.
-Oye, hijo mío, no te vayas muy lejos, que tendré miedo si me dejas sola.
-Pues está bien. No me iré muy lejos.
Acostóse la viuda, pero se cuenta que no se durmió, aunque cerró los ojos y pareció dormida, y durmiendo, tan bonita o más bonita que despierta.
Pasó más de una hora. Blasillo, desde el punto no muy distante a donde se había retirado, acudió de puntillas a ver si la viuda estaba aún durmiendo. La vio dormir, se detuvo inmóvil, mirando, mirando, reprimiendo el aliento, y se retiró para no despertarla. Siete u ocho veces repitió Blasillo la misma operación. No hacía más que ir y venir. Cada vez llegaba más cerca de la mujer dormida. La última vez, queriendo sin duda verla mejor y más despacio, se hincó de rodillas y se aproximó tanto a ella que, si hubiese estado despierta, según sospechamos, aunque no nos atrevemos a asegurarlo, hubiera sentido la respiración de Blasillo sobre su rostro y agitando los negros rizos de sus sienes, y hasta hubiera recelado que la boca de Blasillo iba al cabo a salvar la distancia cortísima que de la boca de ella la separaba.
Pero no hubo nada de esto. Blasillo se retiró de nuevo. Y entonces, en el supuesto siempre de que la viuda pudiera estar despierta y fingir que dormía, la viuda hubiera podido oír un tenue y larguísimo suspiro.
Al fin la viuda se recobró del sueño, fingido o verdadero, volvió a montar en su mulo, aupada por el respetuoso Blasillo que la levantó en sus brazos, y en gran silencio y sin otra novedad que merezca referirse, llegó a Córdoba aquella misma noche.
La señá Nicolasa tuvo tan buena suerte y estuvo tan hábil, que en menos de cuatro días despachó cuanto en Córdoba tenía que hacer.
Blasillo con sus mulos, la aguardó en una posada, según ella lo había exigido.
Y luego que ella lo dispuso, Blasillo la acompañó y la llevó desde Córdoba al lugar en la misma forma y manera en que hasta Córdoba había ido.
Hubo, no obstante, una notabilísima diferencia al volver.
La señá Nicolasa se mostró a la vuelta más entonada y seria que a la ida. Al merendar en el sotillo, a la margen del arroyo que promediaba el camino, habló poco. No recordó sus pasados recelos y temores, no los tuvo otra vez y no quiso dormir o fingir que dormía.
Por esto y porque los mulos, atraídos por la querencia, parecían tener alas y picaban prodigiosamente, el viaje de vuelta fue mucho más rápido que el de ida, y pronto se encontraron en el lugar los dos viajeros.
Cuando al otro día fue la señá Nicolasa a ver al tío Blas para ajustar cuentas con él y pagarle, se entabló entre ellos el siguiente diálogo:
-Estoy muy agradecida, tío Blas. Su nieto de usted es un santo. Se ha portado muy bien conmigo. Me ha cuidado mucho y no me ha perdido el respeto. Estoy muy agradecida.
Lejos de mostrarse el tío Blas satisfecho de lo que la viuda le decía, la miró fosco y enojado y le dijo:
-Pues yo, señá Nicolasa, no estoy agradecido ni mucho menos. Lo tratado fue que el niño no había de perderle a usted el respeto y no se le ha perdido; pero no fue lo tratado que usted había de hacerle perder el juicio. Y usted se lo ha hecho perder con mil retrecherías, de las que él no me ha hablado, pero de las que yo sospecho que usted se ha valido. El muchacho ha vuelto medio tonto. No come, ni duerme, ni habla, ni ríe. Está como si le hubieran dado cañazo. Si así paga usted que el chico no le perdiese el respeto, más le valiera habérsele perdido.
La desalmada viuda, en vez de afligirse al oír aquellas quejas y al saber la cruel transformación que se había realizado en Blasillo, no acertó a disimular su alegría y dijo al tío Blas:
-Tío Blas, yo me confieso culpada. He provocado a Blasillo. Prendada de él, he dicho y hecho diabluras procurando que me pierda el respeto. No me le ha perdido, pero en cambio yo he perdido el juicio por él, y ahora, aunque usted rabie y se enoje, me alegro de saber de boca de usted lo que yo sospechaba ya, que él también ha perdido el juicio por mí. Pero esto tiene fácil y pronto remedio. Si Blasillo me perdona los seis o siete años que tengo más que él, y si no forma mala opinión de mí por lo desenvuelta que anduve en el sotillo, y si entiende, como entienden todos en el lugar, que nadie me ha tocado el pelo de la ropa sino mi difunto marido, que buen poso haya, acudamos al cura para que nos cure y para que sin perderme el respeto, él y yo recobremos el juicio que ambos hemos perdido. Aquí está mi mano. ¿Querrá Blasillo tomarla?
-¡Pues no ha de querer, señá Nicolasa, pues no ha de querer!
Y el tío Blas, muy contento, se desgañitaba gritando:
-¡Blasillo!... ¡Blasillo!... ven acá, muchacho.
A las voces acudió Blasillo, que por dicha estaba en casa. El tío Blas le dijo:
-Mira hombre, aquí tienes a la señá Nicolasa. Hazme el favor y hazle el favor de ser ahora menos respetuoso con ella que durante el viaje y plantifícale media docena de besos en esa cara tan hermosa, donde ella está deseando que se los des. Si con esto le pierdes un poquito el respeto a la señá Nicolasa y cometes un pecado, ya el cura te absolverá, la absolverá a ella y os echará a ambos las bendiciones.
Blasillo no se hizo de rogar. Arremetió con la viuda, ya sin la menor timidez, le dio muchos más besos que los que el abuelo le recomendó que le diese, los recibió de ella en inmediato pago, y con el mismo brío y facilidad con que había levantado a la señá Nicolasa para subirla en el mulo, la levantó en el aire y la brincó y la chilló como preciada y queridísima prenda suya. La señá Nicolasa se reía de gusto, cerraba los ojos como si fuera a desmayarse y se alegraba de todo corazón de que Blasillo no le hubiese perdido el respeto, a fin de ser pronto toda de él con respeto y con todo.

TANTUM ERGO SACRAMENTUM


LATÍN

Tantum ergo Sacraméntum, Venerémur cérnui: Et antíquum documentum Novo cedat rítui; Præstet fides suppleméntum Sénsuum deféctui. Genitori Genitóque, Laus et iubilátio; Salus, honor, virtus quoque, Sit et benedíctio; Procedénti ab utróque Compar sit laudátio. Amen. 


CASTELLANO

Veneremos, pues, inclinados tan gran Sacramento; y la antigua figura ceda el puesto al nuevo rito; la fe supla la incapacidad de los sentidos. Al Padre y al Hijo sean dadas alabanza y júbilo, salud, honor, poder y bendición; una gloria igual sea dada al que del uno y del otro procede. Amén.

ESTAMPA 19 MAYO 2017 NOVENA MARÍA AUXILIADORA MÁLAGA



ESTAMPA 18 MAYO 2017 NOVENA MARÍA AUXILIADORA MÁLAGA



ESTAMPA 17 MAYO 2017 NOVENA MARÍA AUXILIADORA MÁLAGA



domingo, 14 de mayo de 2017

TOQUE DE SILENCIO

El día ha terminado,
se fue el sol de los lagos,
de las colinas, de los cielos.
Todo está bien.
Descansa protegido, Dios está cerca.
La luz tenue oscurece la vista,
y la estrella embellece el cielo.
Brillando luminosa desde el cielo,
acercándose, cae la noche.
Agradecimientos y alabanzas
para nuestros días debajo del sol,
debajo de las estrellas, debajo del cielo.
Así vamos, esto sabemos: Dios está cerca.

VENID Y VAMOS TODOS

Venid y vamos todos
con flores a porfía,
con flores a María,
que Madre nuestra es.

De nuevo aquí nos tienes,
Purísima doncella,
más que la luna bella,
postrados a tus pies.

A ofrecerte venimos
flores del bajo suelo.
Con cuánto amor y anhelo,
Señora, Tú lo ves.


jueves, 11 de mayo de 2017

CENTENARIO DE LAS APARICIONES DE FÁTIMA. ORACIÓN JUBILAR DE CONSAGRACIÓN




¡Salve, Madre del Señor,
¡Virgen María, Reina del Rosario de Fátima!
Bendita entre todas las mujeres,
eres la imagen de la Iglesia vestida de la luz pascual,
eres la honra de nuestro pueblo,
eres el triunfo sobre la marca del mal.
Profecía del Amor misericordioso del Padre,
Maestra del Anuncio de la Buena Nueva del Hijo,
Señal del  Fuego ardiente del Espíritu Santo,
enséñanos, en este valle de alegrías y dolores,
las verdades eternas que el Padre revela a los pequeños.
Muéstranos la fuerza de tu manto protector.
En tu Inmaculado Corazón,
sé el refugio de los pecadores
y el camino que conduce hacia Dios.
Unido/a a mis hermanos,
en la Fe, la Esperanza y el Amor,
a ti me entrego.
Unido/a a mis hermanos, por ti, a Dios me consagro,
oh Virgen del Rosario de Fátima.
Y, en fin, envuelto/a en la Luz que de tus manos nos viene,
daré gloria al Señor por los siglos de los siglos.
Amén.

HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS PARA DESPUÉS DE COMULGAR (CÁNTICO DE LOS TRES NIÑOS EN EL HORNO DE BABILONIA)

(Himno de acción de gracias del Antiguo Testamento (Daniel 3, 57-88, 56) que los tres jóvenes, Ananías (Sidrac), Misael (Misac) y Azarías (Abdénago), condenados por el rey Nabucodonosor a morir quemados en un horno, cantaron al verse salvados de las llamas por intervención divina).

Antífona:
Cantemos el himno de los tres mancebos, aquel que cantaban los santos en el horno ardiendo, bendiciendo al Señor.
R: 
¡Aleluya!

Cántico de los tres niños en el horno de Babilonia

Obras todas del Señor, bendecid al Señor; loadle y ensalzadle sobre todas las cosas por todos los siglos.
Ángeles del Señor, bendecid al señor; cielos, bendecid al señor.
Aguas todas que estáis sobre los cielos, bendecid al Señor; virtudes todas, bendecid al señor.
Sol y luna, bendecid al Señor; estrellas del cielo, bendecid al Señor.
Lluvias todas y rocíos, bendecid al Señor; espíritus o vientos de Dios, bendecid todos al Señor.
Fuego y calor, bendecid al Señor; frío y calor, bendecid al Señor.
Heladas y nieves, bendecid al Señor; noches y días, bendecid al Señor.
Luz y tinieblas, bendecid al Señor; relámpagos y nubes, bendecid al Señor.
Bendiga al Señor la tierra; alábele y ensálcele sobre todas las cosas por todos los siglos.
Montes y collados, bendecid al Señor; plantas todas que nacéis en la tierra, bendecid al Señor.
Fuentes, bendecid al Señor; mares y ríos, bendecid al Señor.
Grandes cetáceos y cuanto se mueve en las aguas, bendecid al Señor; aves todas del cielo, bendecid al Señor.
Bestias todas y ganados, bendecid al Señor; oh hijos de los hombres, bendecid al Señor.
Bendiga Israel al Señor; alábele y ensálcele sobre todas las cosas por todos los siglos.
Vosotros, sacerdotes del Señor, bendecid al Señor; siervos del Señor, bendecid al Señor.
Espíritus y almas de los justos, bendecid al Señor; vosotros, santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.
Vosotros, Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor; loadle y ensalzadle sobre todas las cosas por todos los siglos.
Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo; alabémosle y ensalcémosle por todos los siglos.
Bendito eres, Señor, en el firmamento del cielo; y digno de alabanza, de loor y de ser ensalzado por todos los siglos.

Salmo 150

Alabad al Señor, en su Santuario; alabadle en la mansión de su poder.
Alabadle por sus estupendos prodigios; alabadle por su inmensa grandeza.
Alabadle al son de clarines; alabadle con el salterio y la cítara.
Alabadle con vuestras danzas sagradas, al son del tímpano; alabadle con instrumentos de cuerda y con la flauta.
Alabadle con sonoros címbalos; alabadle con címbalos de júbilo.
Que alabe a Dios cuanto tenga un soplo de vida.
Gloria al Padre...

Antífona:
Cantemos el himno de los tres mancebos, aquel que cantaban los santos en el horno ardiendo, bendiciendo al Señor.
R: 
¡Aleluya!

Kyrie eléison, Christe eléison, Kyrie eléison. Padrenuestro.

V). Y no nos dejes caer en la tentación.
R). Y líbranos del mal.

V). Todas tus obras te reconozcan, Señor.
R). Y tus santos te bendigan.

V). Se alegrarán los santos en la gloria.
R). Se gozarán en sus mansiones.

V). No a nosotros, Señor, no a nosotros.
R). Sino a tu Nombre de toda la Gloria.

V). Señor, atiende mi oración.
R). Y mi clamor llegue a Ti.

V). El Señor esté con vosotros.
R). Y con tu espíritu.

Oración

Oh Dios, que a los tres niños mitigaste las llamas del fuego, concede propicio que la llama de los vicios no abrase a tus siervos.
Te suplicamos, Señor, que de tu santa inspiración provengan nuestras acciones y con tus auxilios las continúes, para que todas nuestras oraciones y operaciones reciban siempre de Ti su principio, y se encaminen a Ti como a su fin. Concédenos, te rogamos, omnipotente Dios, la gracia de que logremos apagar las llamas de nuestros vicios, Tú que diste al bienaventurado san Lorenzo superar el fuego de sus tormentos. Por Cristo, nuestro Señor.
R). Amén.

lunes, 8 de mayo de 2017

ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN, PATRONA DE ARGENTINA, PARAGUAY y URUGUAY

¡Oh Inmaculada Virgen María!
Que has querido ser venerada por los fieles bajo el título de Nuestra Señora de Luján, manifestando en la imagen que te está dedicada en aquel pueblo, tu poder, tu amor y tu gloria; ten compasión de nosotros y líbranos de tantos males como nos rodean.

Haz que reine en las familias el espíritu religioso de nuestros mayores; conserva a la mujer cristiana en la práctica santa de la religión; preserva a la niñez y a la juventud de los peligros del vicio; ilumina a los que gobiernan.
Aparta de nosotros toda peste; fecunda con lluvias oportunas nuestros campos; bendice sus frutos, haciéndolos saludables.
Convierte, Virgen piadosísima, a los pecadores, que atraen sobre las naciones los castigos del cielo.
Escucha ¡Oh Madre de Clemencia!, el amor que de toda la República llega hasta tu glorioso Santuario y cólmanos a todos de tus maternales bendiciones.

ACTO HEROICO DE CARIDAD EN FAVOR DE LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO

Este acto de caridad, tan agradable a Dios, tan útil a las benditas almas del Purgatorio y tan provechoso a nosotros mismos consiste en hacer entera donación de todas nuestras obras satisfactorias e indulgencias en favor de ellas.
Privilegios concedidos por varios Sumos Pontífices a los que hicieren este voto o donación:
1º.- Que los sacerdotes que hicieren dicho voto puedan gozar todos los días del año de la concesión de altar privilegiado personal.
(Por el voto de las ánimas solo ofrece el sacerdote en favor de ellas el fruto especial y personal que le corresponde, así que puede aplicar la Misa por la intención de otras personas, como si no hubiera hecho dicho voto).
2º.- "Que todos los fieles cristianos que se obligaren con el mismo voto puedan ganar indulgencia plenaria, tan solo aplicable a los fieles difuntos, en cualquier día que se llegaren a la sagrada Comunión, y en cualquier lunes del año que oyeren el Santo Sacrificio de la Misa en sufragio de los mismos fieles difuntos, con tal que en ambos casos visiten alguna iglesia u oratorio público, y por algún espacio de tiempo oren allí por la intención de Su Santidad".
3º.- "Que sea también permitido a los mismos fieles cristianos aplicar por las almas de los difuntos todas y cada una de las indulgencias que pudieren ganar, en cualquier forma que se hubieren concedido o en adelante se concedieren". (Pío IX).

FÓRMULA PARA HACER EL VOTO

Dios mío, uno en esencia y trino en Personas: deseando vuestra mayor gloria e imitar mejor a mi dulcísimo Redentor Jesucristo, y mostrar mi sincera esclavitud a la Madre de misericordia María Santísima, que también es Madre de las pobres almas del Purgatorio, me propongo cooperar a la redención y libertad de aquellas almas, encarceladas por deudas de penas a la divina Justicia, merecidas por sus pecados; y en aquel modo que puedo lícitamente, sin obligación a pecado, os ofrezco mi espontáneo deseo de librar del Purgatorio todas las almas que María Santísima quisiere que sean libres; y en su virtud pongo en manos de esta piadosísima Señora todas mis obras satisfactorias, propias y participadas, tanto en vida como en muerte. Os ruego, Dios mío, que aceptéis y confirméis este mi ofrecimiento que yo os reitero a honra vuestra y bien de mi alma.
Y si tal vez mis obras satisfactorias no bastasen para pagar todas las deudas de aquellas almas predilectas de la Santísima Virgen, y para satisfacer las que yo mismo hubiese contraído por mis culpas, que de todo corazón odio y detesto, me ofrezco, oh Señor, para pagaros, si es vuestra voluntad, en el Purgatorio, todo lo que me faltare, abandonándome al propio tiempo en los brazos de vuestra misericordia, y en los de mi dulcísima Madre María. Y de este mi voto sean testigos todos los vivientes en las tres Iglesias: triunfante, purgante y militante.

Advertencias.

1ª.- Para hacer este voto no es necesario pronunciar palabras; basta que se haga con el corazón: ni es preciso repetirlo muchas veces.
2ª.- en nada se opone este voto al orden de la caridad, que nos obliga a pedir primero por nuestros parientes difuntos, puesto que una cosa es pedir, a lo cual pertenece el fruto impetratorio de que aquí no se trata, y otra el sufragar, a lo cual corresponde el fruto satisfactorio; y si bien es cierto que la caridad también nos pide que ofrezcamos nuestros sufragios en primer lugar por nuestros más allegados, esto no obstante, María santísima conoce mejor que nosotros cuáles son nuestros deberes, y distribuirá nuestras buenas obras entre nuestros parientes, amigos, etc., según el beneplácito divino. Por consiguiente, podemos practicar todas las oraciones acostumbradas, dirigidas a obtener de Dios, de la Virgen santísima y de los Santos cualquier gracia, pues esto no se opone al voto, por el cual solo se aplica a las benditas almas el fruto satisfactorio de nuestras obras, quedando en nosotros siempre el meritorio, el propiciatorio y el impetratorio, cuyos frutos son personales, y no podemos comunicarlos a otros.

Del "Devocionario manual" de la Compañía de Jesús (1893)


Aclaración:

En palabras de San Agustín, todas las obras buenas que se practican en estado de gracia santificante, tienen la virtud de producir cuatro efectos: meritorio, propiciatorio, impetratorio y satisfactorio. El efecto meritorio aumenta la gracia de quien la hace, y no puede cederse. Lo propiciatorio aplaca la ira de Dios; lo impretratorio inclina a Dios a conceder lo que se le pide. Por último, es satisfactoria porque ayuda a satisfacer o pagar la pena por los pecados. Es este último efecto satisfactorio el que se cede a las ánimas del Purgatorio, ofreciendo a Dios una compensación por la pena temporal debida. No es un voto riguroso, ni requiere ningún formalismo más allá de hacerlo con el corazón, sino una cesión voluntaria que puede rectificarse en cualquier momento. Tampoco debería decirse heroico pues se gana más de lo que se cede.


ESTAMPA DEL BEATO MARCELO SPÍNOLA