Gloria a Dios, el Padre que llamó a Rafka a la santa vida monástica, y que fue para ella un padre y una madre. Adoración al Hijo, que la hizo discípula de sufrimientos y redenciones. Gracias al Espíritu Santo, que fortaleció su paciencia y perseverancia. Por su intercesión, Señor, responde a mi oración y concédeme la gracia que te pido (…) y te exaltaré, Padre e Hijo y Espíritu Santo con ella todos los días de mi vida, para siempre. Amén.
(Se reza un Padre Nuestro, Ave María y Gloria).

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