Hoy las lecturas nos recuerdan que Dios ha salido al encuentro del hombre y ha establecido una Alianza que será perpetua. Y a cambio el hombre sólo tiene que guardarla en su corazón y transmitirla. Pero como señala Juan en el evangelio, ¿vivimos con alegría esta experiencia? ¿O quizá nuestro corazón sólo espera lo terrenal y pasajero? Abraham, dice el evangelio, saltó de alegría, ¿y nosotros, hemos descubierto la relación única que Dios tiene con nosotros? Seamos buenos y confiemos en Dios, que es fiel a su promesa de llevarnos a la Tierra Prometida (el Paraíso).
1ª Lectura (Gén 17, 3-9): En aquellos días, Abram cayó rostro en tierra y Dios le habló así: «Por mi parte, esta es mi alianza contigo: serás padre de muchedumbre de pueblos. Ya no te llamarás Abram, sino Abraham, porque te hago padre de muchedumbre de pueblos. Te haré fecundo sobremanera: sacaré pueblos de ti, y reyes nacerán de ti. Mantendré mi alianza contigo y con tu descendencia en futuras generaciones, como alianza perpetua. Seré tu Dios y el de tus descendientes futuros. Os daré a ti y a tu descendencia futura la tierra en que peregrinas, la tierra de Canaán, como posesión perpetua, y seré su Dios». El Señor añadió a Abraham: «Por tu parte, guarda mi alianza, tú y tus descendientes en sucesivas generaciones».
Salmo responsorial: 104
R/. El Señor se acuerda de su alianza eternamente.
Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro. Recordad las maravillas que hizo, sus prodigios, las sentencias de su boca.
¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido! El Señor es nuestro Dios, Él gobierna toda la tierra.
Se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra dada, por mil generaciones; de la alianza sellada con Abrahán, del juramento hecho a Isaac.
Versículo antes del Evangelio (Sal 94, 8): Hoy no endurezcáis vuestros corazones, y oíd la palabra del Señor.
Texto del Evangelio (Jn 8, 51-59): En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás». Le dijeron los judíos: «Ahora estamos seguros de que tienes un demonio. Abraham murió, y también los profetas; y tú dices: ‘Si alguno guarda mi Palabra, no probará la muerte jamás’. ¿Eres tú acaso más grande que nuestro padre Abraham, que murió? También los profetas murieron. ¿Por quién te tienes a ti mismo?». Jesús respondió: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada; es mi Padre quien me glorifica, de quien vosotros decís: ‘Él es nuestro Dios’, y sin embargo no le conocéis, yo sí que le conozco, y si dijera que no le conozco, sería un mentiroso como vosotros. Pero yo le conozco, y guardo su Palabra. Vuestro padre Abraham se regocijó pensando en ver mi día; lo vio y se alegró». Entonces los judíos le dijeron: «¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abraham?». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: antes de que Abraham existiera, Yo Soy». Entonces tomaron piedras para tirárselas; pero Jesús se ocultó y salió del Templo.





No hay comentarios:
Publicar un comentario