Buenos días. Hoy sábado por la mañana las lecturas nos enseñan que Jeremías es un profeta enviado por Dios, y está dispuesto a obedecer, pero también reza ante la injusticia que se le viene encima (“como cordero llevado al matadero”). Cristo en el evangelio habla las palabras de Dios, y su sabiduría convierte los corazones de muchos del pueblo, pero los fariseos no están preparados en su corazón para entender los signos de Dios y se agarran a la norma: sólo de la ciudad de David vendrá el Mesías. El hombre justo Nicodemo les recuerda que para condenar primero hay que escuchar. Todos vivimos la injusticia y el juicio del mundo, pero quien confía en Dios será auténticamente feliz. Seamos buenos y confiemos siempre en Dios, que salva a los rectos de corazón.
1ª Lectura (Jer 11, 18-20): El Señor me instruyó, y comprendí, me explicó todas sus intrigas. Yo, como manso cordero, era llevado al matadero; desconocía los planes que estaban urdiendo contra mí: «Talemos el árbol en su lozanía, arranquémoslo de la tierra de los vivos, que jamás se pronuncie su nombre». Señor del universo, que juzgas rectamente, que examinas las entrañas y el corazón, deja que yo pueda ver cómo te vengas de ellos, pues a ti he confiado mi causa.
Salmo responsorial: 7
R/. Señor, Dios mío, a ti me acojo.
Señor, Dios mío, a ti me acojo, líbrame de mis perseguidores y sálvame; que no me atrapen como leones y me desgarren sin remedio.
Júzgame, Señor, según mi justicia, según la inocencia que hay en mí. Cese la maldad de los culpables, y apoya tú al inocente, tú que sondeas el corazón y las entrañas, tú, el Dios justo.
Mi escudo es Dios, que salva a los rectos de corazón. Dios es un juez justo, Dios amenaza cada día.
Versículo antes del Evangelio (Jn 3, 16): De tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo Unigénito; todo aquel que cree en Él, tiene la vida eterna.
Los cristianos seguimos teniendo delante de nosotros el reto de romper con la dinámica de condena y de autojustificación para entrar en la dinámica de amor y misericordia de Dios. Nicodemo se la juega por Jesús, por la verdad.
Señor, también a mí me indigna la mentira, la injusticia, la violencia, la miseria... Pero en demasiadas ocasiones soy miedoso y no me juego mi fama, no arriesgo mi comodidad, no comparto lo que debiera, para defender la verdad, la justicia y la paz, para luchar en favor de los más débiles.
Señor, aumenta mi confianza en Ti, dame una confianza más grande que mi miedo y mi egoísmo. Y concédeme valor para dar la cara por Ti, por tu Reino, por tus preferidos: los pobres y los que más sufren.
Así te lo pido. Así sea.



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