sábado, 21 de marzo de 2026

SÁBADO IV DE CUARESMA A


Buenos días. Hoy sábado por la mañana las lecturas nos enseñan que Jeremías es un profeta enviado por Dios, y está dispuesto a obedecer, pero también reza ante la injusticia que se le viene encima (“como cordero llevado al matadero”). Cristo en el evangelio habla las palabras de Dios, y su sabiduría convierte los corazones de muchos del pueblo, pero los fariseos no están preparados en su corazón para entender los signos de Dios y se agarran a la norma: sólo de la ciudad de David vendrá el Mesías. El hombre justo Nicodemo les recuerda que para condenar primero hay que escuchar. Todos vivimos la injusticia y el juicio del mundo, pero quien confía en Dios será auténticamente feliz. Seamos buenos y confiemos siempre en Dios, que salva a los rectos de corazón.



1ª Lectura (Jer 11, 18-20): El Señor me instruyó, y comprendí, me explicó todas sus intrigas. Yo, como manso cordero, era llevado al matadero; desconocía los planes que estaban urdiendo contra mí: «Talemos el árbol en su lozanía, arranquémoslo de la tierra de los vivos, que jamás se pronuncie su nombre». Señor del universo, que juzgas rectamente, que examinas las entrañas y el corazón, deja que yo pueda ver cómo te vengas de ellos, pues a ti he confiado mi causa.


Salmo responsorial: 7

R/. Señor, Dios mío, a ti me acojo.

Señor, Dios mío, a ti me acojo, líbrame de mis perseguidores y sálvame; que no me atrapen como leones y me desgarren sin remedio.

Júzgame, Señor, según mi justicia, según la inocencia que hay en mí. Cese la maldad de los culpables, y apoya tú al inocente, tú que sondeas el corazón y las entrañas, tú, el Dios justo.

Mi escudo es Dios, que salva a los rectos de corazón. Dios es un juez justo, Dios amenaza cada día.


Versículo antes del Evangelio (Jn 3, 16): De tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo Unigénito; todo aquel que cree en Él, tiene la vida eterna.




Texto del Evangelio (Jn 7, 40-53): En aquel tiempo, muchos entre la gente, que habían escuchado a Jesús, decían: «Este es verdaderamente el profeta». Otros decían: «Este es el Cristo». Pero otros replicaban: «¿Acaso va a venir de Galilea el Cristo? ¿No dice la Escritura que el Cristo vendrá de la descendencia de David y de Belén, el pueblo de donde era David?».

Se originó, pues, una disensión entre la gente por causa de Él. Algunos de ellos querían detenerle, pero nadie le echó mano. Los guardias volvieron donde los sumos sacerdotes y los fariseos. Estos les dijeron: «¿Por qué no le habéis traído?». Respondieron los guardias: «Jamás un hombre ha hablado como habla ese hombre». Los fariseos les respondieron: «¿Vosotros también os habéis dejado embaucar? ¿Acaso ha creído en Él algún magistrado o algún fariseo? Pero esa gente que no conoce la Ley son unos malditos».

Les dice Nicodemo, que era uno de ellos, el que había ido anteriormente donde Jesús: «¿Acaso nuestra Ley juzga a un hombre sin haberle antes oído y sin saber lo que hace?». Ellos le respondieron: «¿También tú eres de Galilea? Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta». Y se volvieron cada uno a su casa.



Los cristianos seguimos teniendo delante de nosotros el reto de romper con la dinámica de condena y de autojustificación para entrar en la dinámica de amor y misericordia de Dios. Nicodemo se la juega por Jesús, por la verdad.

Señor, también a mí me indigna la mentira, la injusticia, la violencia, la miseria... Pero en demasiadas ocasiones soy miedoso y no me juego mi fama, no arriesgo mi comodidad, no comparto lo que debiera, para defender la verdad, la justicia y la paz, para luchar en favor de los más débiles.

Señor, aumenta mi confianza en Ti, dame una confianza más grande que mi miedo y mi egoísmo. Y concédeme valor para dar la cara por Ti, por tu Reino, por tus preferidos: los pobres y los que más sufren. 

 Así te lo pido. Así sea.







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