A un gorrión pequeño
le dieron de comer con tal empeño,
que después de saciarle el apetito
le daban más abriéndole el piquito;
tanto que, sin el fin de hacerle mal,
consiguieron muriese el animal.
le dieron de comer con tal empeño,
que después de saciarle el apetito
le daban más abriéndole el piquito;
tanto que, sin el fin de hacerle mal,
consiguieron muriese el animal.
A veces porfiar con la comida
es atentar contra la ajena vida.
es atentar contra la ajena vida.

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