viernes, 26 de febrero de 2016

LA CAÍDA DE LA HOJA (CUENTO MORAL)

   - Es necesario que deje usted pronto, muy pronto, esa clase de trabajo. Tiene usted poca salud, su naturaleza es muy delicada y no resistiría fácilmente una enfermedad cualquiera si continúa usted un mes más en la fábrica de cerillas.
   - Si no fuera por mis dos hijitas, créame, señor médico, que me importaría poco si me llevase Dios cuanto antes. Desde que murió mi marido ya no ha habido dicha en esta casa, y para vivir así...
   - Unos tiempos traen otros, María. Tiene usted dos niñas como dos soles, buenas, buenísimas, y si se cuida usted para ellas, dentro de pocos años la cuidarán a usted.
   - Es verdad, señor médico, pero...
   - ¿Pero qué?... Siempre hay peros cuando se trata de la salud porque se cree que una enfermedad mortal no puede llegar, y después, ¡claro! se llega tarde, cuando ya nada pueden hacer los médicos.
   - No, señor, no quería decir eso; quería decir que he hecho ya todo lo posible por encontrar otra ocupación; ayer, sin ir más lejos, me presenté en casa del señor Rico, el notario, pues buscaban una criada; pero no quisieron admitirme.
   - ¿Por qué?
   - Porque puse por condición que me permitieran venir a dormir a mi casa para poder cuidar de mis pequeñas; pero la señora no quiso, pretextando que no podría efectuar este milagro sino sisando más que las demás criadas y que estaba ya hasta los pelos de ver cómo todas le robaban.
   - Se busca otra cosa.
   - Es muy fácil decirlo. Pero aquí no es como en las ciudades. En fin, que busca una y no encuentra. No hay otro remedio que seguir en la fábrica... y gracias que no falte allí trabajo.
   Al llegar a este punto de la conversación, María tuvo un fortísimo acceso de tos, congestionándosele el rostro hasta ponerse rojo como una cereza.
   - Eso no me gusta, -exclamó el médico mirando con extraordinaria fijeza a María, mientras esta se limpiaba con una punta del delantal los ojos bañados en agua por el esfuerzo violentísimo de la tos.
   - ¡Bah! No es nada. Gracias a que no me ataca más que unas tres o cuatro veces al día, casi siempre por la noche, -objetó la obrera.
   - ¿Y hace mucho tiempo que tiene usted semejante tos? -preguntó el galeno.
   - Sí, hace unos seis meses.
   - ¡Hum!..., -murmuró el médico-. Repito que no me gusta eso... ¡A ver! Aproxímese usted; hay que reconocer ese pecho.
 
El médico, con cariñosa solicitud, auscultó detenidamente a la obrera.
   Si María hubiese podido ver el rostro del médico, se hubiera alarmado más de lo que se alarmó cuando este le dijo:
   - Nada, nada, María; por primera providencia tiene que tomar usted a pasto la medicina que voy a recetar; debe cuidarse mucho, no exponerse al rocío de la mañana ni al relente de la noche; la cosa no es de cuidado, pero puede llegar a serlo si no sigue usted mis consejos y, sobre todo, si a todo trance no deja el trabajo de la fábrica. Bueno... ¡Adiós! y hasta otro día, pues vendré con frecuencia... ¿Y Mariucha y Teresina?...
   - Abajo, jugando en el patio, a la sombra de las acacias.
   - Hasta otro día, María... ¡Adiós!
   Apenas salió el médico, María, densamente pálida, fue a mirarse al espejo.
   - Sí, estoy muy desmejorada -murmuró entre dientes y mirándose con atención-; esto ya sé lo que es aunque el médico quiera ocultármelo; así comenzaron Emilia, la del tabernero; Rosinda, mi mejor amiga; Carmen, aquella pobrecita que precintaba 300 cajas por hora... y yo... no me hago ilusiones, he comenzado como ellas y como ellas moriré... tísica. ¡Qué terrible enfermedad es la tisis! Bien sabe Dios que no lo siento por mí, sino por mis hijitas. ¡Qué pronto se quedarán sin madre!
   Se sentó María con el espejo en las manos y permaneció más de media hora en actitud meditabunda. En tal actitud la sorprendieron sus hijas Mariucha y Teresina, las cuales se abalanzaron al cuello de su madre para besarla.
   - ¿Qué tienes, madre? -preguntó Teresina, viendo correr una lágrima por la mejilla de su madre.
   - ¿Qué tienes? -preguntó Mariucha repitiendo según costumbre las palabras de su hermana.
   María hizo un esfuerzo por aparentar alguna satisfacción y dibujándose una forzada sonrisa en sus labios, besó a las niñas diciéndoles:
   - No tengo nada, tontinas; estaba triste porque pensaba en cosas muy tristes; pero vosotras me alegráis y... ¡vamos a comer! ¿Tenéis apetito?...
   - Nosotras te alegraremos siempre -dijo Teresina sin contestar a la pregunta de su madre.
   - Y yo tengo un hambre así -añadió Mariucha extendiendo cuanto pudo los brazos para ponderar su hambre dándole tamaño.
   Mientras comen las dos niñas con su mamá, nosotros vamos a haceros el retrato de las dos hermanas.

                                                                     **********
   
   Es Teresina la mayor de las dos, de poco más de diez años de edad, una niña modelo por la bondad de sus sentimientos, amantísima de su madre, a la que adora, y tan discreta, juiciosa y aplicada que no hay otra que la aventaje entre las cien niñas que asisten a la escuela del pueblo. Y de tal modo sobresale en las labores que sus encajes han salido del pueblo para que se admirasen por las gentes en los escaparates de un gran comercio de la vecina ciudad.
   Casi siempre se halla muy triste. Su maestra, que la quiere mucho, no cesa de preguntarle:
   - ¿Qué tienes, Teresina?
   Y la niña, que no sabe determinar la causa de su tristeza, contesta invariablemente:
   - Nada, señora maestra.
   Al contrario de otras niñas revoltosas, corretonas y vivarachas, Teresina es ingenua, sencilla y crédula sobre toda ponderación. Su poca malicia la ha hecho ser algunas veces objeto de burla por parte de sus compañeras.
   Se levanta y acuesta con el mismo ideal siempre: quiere ser mayor, quiere ser mujer a todo trance para que su pobre madre no trabaje tanto.
   Mariucha, que acaba de cumplir los siete años, es realmente la sombra de su hermana, de la que no se separa ni un instante desde que amanece hasta que anochece. Al contrario que su hermana, es muy alegreta, pero de igual fondo bueno que Teresina y tan inteligente como esta. Es algo curiosilla, defecto muy común en las niñas de su edad, y tan sencilla e ingenua como su hermana. Causa muchísima gracia a cuantos la conocen porque tiene la costumbre de repetir todo lo que dice Teresina.

                                                                 **********

   Pasaron tres meses desde aquel día en que asistimos a la visita hecha por el médico a la madre de Teresina y Mariucha.
   La pobre María, lejos de mejorar, fue languideciendo poco a poco, declarándose la tisis y haciendo tales estragos, que el médico se creyó en el deber de tomar otras determinaciones.
   Había conseguido del director de la fábrica que se ocupase a María en trabajos menos peligrosos, destinándola al taller de empaquetado.
   - Es necesario que María deje absolutamente la fábrica -, se dijo, porque, humanitario y estudioso por demás, no se declaraba vencido aunque los enfermos se hallasen a las mismas puertas de la muerte.
   Acompañado de tales reflexiones iba nuestro buen médico, cuando vio llegar a él corriendo a todo correr una niña. Era Teresina, jadeante, sofocada y con el espanto retratado en el semblante.
   - Señor médico -exclamó entrecortadamente-, haga el favor de venir pronto a casa. Mi madre se ha puesto muy mala; acaba de tener un gran vómito de sangre.
   - ¡Oh!... ¡Lo que me temía! -prorrumpió a media voz el médico-. Ven, Teresina, dame la mano y vamos enseguida.
   Cuando llegó el médico a casa de María, ya esta se hallaba en la cama.
   - Esto va ya de veras -dijo a media voz la enferma cuando se acercó el galeno a pulsarla.
   Las dos niñas, arrinconadas en un ángulo del cuartito, limpio como una patena, lloriqueaban ahogando sus sollozos y conteniendo sus hipos.
   Al oírlas su madre, dijo en voz alta y guiñando significativamente un ojo al médico:
   - ¿No es verdad, don Blas, que después de haber echado esa sangre que estorbaba, iré ya mejorando de día en día?
   El médico, emocionado por aquel amor maternal y por tan admirable calma de espíritu, hizo un esfuerzo para contestar:
   - Sí, es verdad; unos pocos días de cama y ya después podrá usted salir como si tal cosa.
   La enferma lanzó un largo suspiro como si se le hubiera quitado del pecho un gran peso y dirigió al médico una mirada de agradecimiento.
   - Esas pobres hijitas... -dijo  en voz muy baja María.
   - No pase usted pena; ya dejaré arreglado esto para que se las atienda mientras esté usted en cama... que no será mucho.
   - No me hago ilusiones -contestó la enferma-; bien sé que estos males rara vez se curan, pero si pudiese ir tirando un año... dos... ¡Quién sabe!
   Las niñas parecían ya un tanto tranquilizadas.
   - Oíd, moninas -les dijo el médico-, aguardad aquí un momento mientras voy a busscar a vuestra vecina, la señora Luisa, que os quiere mucho.
   Salió el médico y al cuarto de hora se oyó en la escalera de la casa ruido de gente que subía.
   Mariucha, que, como ya os lo he dicho antes, tenía el defecto de ser curiosa, salió sigilosamente y escuchó la conversación que sostenían el médico y la vecina Luisa.
   - ¿Y dice usted que vivirá poco la buena María? -preguntó la mujer deteniéndose en la escalera.
   Estamos a principios de junio... pues bien, allá para la caída de la hoja... morirá..., es seguro.
   - ¡Pobrecilla!... Y si supiese usted qué pobre es la María, señor médico.
   - En cuanto a eso, no importa; todos haremos lo que podamos... a ver... tome usted esta cerilla... alúmbreme... ¡hola! ¡ajajá! Si traigo dinero en la cartera... Bien, tome usted este billete de cien pesetas por ahora... más tarde veremos de dónde se saca y cuánto se saca.
   - ¡Qué bueno es usted, señor médico!
   - ¡Qué bueno ni qué ocho cuartos!... Todos tenemos la obligación de hacer lo que se pueda por los pobres y por los desgraciados... ¡Esa fábrica de cerillas acaba con todas las mujeres del pueblo!... ¡Chitón, ya hemos llegado!
   María pareció tranquilizarse al ver a su vecina Luisa instalada como enfermera, y dirigiendo miradas de gratitud al médico y a la vecina, se quedó profundamente dormida.
   Aquella noche contó Mariucha a Teresina cuanto había visto y oído en la escalera. Acostadas juntas las dos hermanas, hablaban en voz bajísima.
   - ¿Qué quiere decir eso de la caída de la hoja? -preguntó Mariucha.
   - ¡La caída de la hoja!... Cuando llega el otoño... Sí, entonces se cae la hoja de los árboles, contestó Teresina con voz más apagada todavía por la congoja.
   - Oye, Teresina..., ¿quieres que recemos mucho a Dios para que no caigan las hojas este año?

                                                                   **********

   Al día siguiente se presentó sola en la escuela Teresina, con gran asombro de la maestra, que preguntó:
   - ¿Está enferma tu hermanita?
   - No, señora; es mi madre la que está muy grave. Y contó a la maestra todo lo de la víspera.
   - ¿No tienes fuera unas tías?
   - Sí, señora; la una está en Bilbao, la otra en Barcelona; las dos son criadas de servicio -respondió la niña.
   - Pues mira, escríbeles tú, y yo pondré los sellos y los sobres; pero no digas nada a tu madre... Oye, ¿te atreverías a hacer unas cuantas varas de encaje como esta? -dijo sacando una muestra.
   - ¡Oh, sí, señora! Eso es muy fácil.
   - ¿Sí?... Pues entonces vas a ganar algunas pesetas para que puedas atender mejor a tu madre.
   Escribió Teresina las cartas, recogió la muestra de encaje y se despidió de su maestra con lágrimas en los ojos.
   Con la venida inmediata de las dos hermanas de María, con los ahorros y cuidados de estas, con el trabajo de Teresina y con los donativos del médico, fue posible atender a la enferma, la cual ni mejoraba ni empeoraba.
   D. Blas, el médico, era un sabio, un héroe de la ciencia. Eran tantas las obreras que salían tísicas de la fábrica de cerillas, que hubo de tomar a empeño el hacer estudios muy especiales, tomando como cuerpo de ensayo el de María.
   Se le veía de continuo atareado, moviendo la cabeza con aire de duda cuando visitaba a María, la predilecta de sus enfermas.
   Cuando medió el mes de septiembre y vio continuarse los calores estivales aumentaron sus zozobras; algunos días se presentaba con el semblante iluminado por la satisfacción.
   En tanto trabajaban todos por salvar a la enferma, Mariucha, casi desatendida, bajaba al patio tan pronto como amanecía. Más tarde, acudían dos muchachos de la vecindad, dos amigotes de Mariucha, con los que se entretenía en hacer mil diabluras al pie de las acacias. Habían llevado al patio una escala de madera, que a veces caía con estrépito. Mariucha y los dos muchachos tenían su frente cubierta de chichones.
   Todo el mes de octubre se mantuvo con una dulce temperatura; el campo conservaba todas sus galas, no parecía sino que se vivía en una primavera perpetua.
   Llegó el día 1º de noviembre. De pronto cambió bruscamente el tiempo. Soplaba un viento desagradable y frío; caían las hojas de los árboles empujadas por una tenaz llovizna.
   A las ocho de la mañana se presentó el médico, pálido, preocupado, silencioso. Pulsó a la enferma, encontrándola más fortalecida; sacó un frasco de su gabán e hizo beber a María dos cucharadas del contenido de aquel. Acto seguido se dirigió a la puerta y la abrió; luego a las ventanas e hizo lo mismo. Se dirigió a la cabecera de la cama, observó largo rato a María y, por fin, lanzando un gran suspiro, exclamó en voz alta:
   - Está salvada, la curaré; he encontrado ya la medicina que me hacía falta. ¡La curaré y la curaré!
   En aquel instante se oyó en el patio un estrépito de palmoteos y gritos infantiles. Se acercaron todos a la ventana y vieron abajo, en el fondo del patio, a Mariucha y sus dos amigazos al pie de las dos acacias, palmoteando cada vez que una ráfaga de viento inclinaba las ramas o las retorcía. Los dos árboles presentaban una facha extraordinaria: unas ramas estaban envueltas en papelotes formando bolsas y otras cubiertas de cuerda y esparto.
   Mariucha, erguida y palmoteando, gritaba:
   - Ya no caerá la hoja, ya no morirá madre... Dios me dijo que lo hiciese así... ¡Viva Dios!
   El médico se retiró de la ventana con lágrimas en los ojos.
   - Sí -dijo-, bendito sea Dios y bendito también tú, hermoso ángel; tu madre vivirá; si la ciencia no la hubiese salvado, la hubieran salvado tu fe y tu inocencia.

                                                               Encarnación Hidalgo Rey    

jueves, 4 de febrero de 2016

RUMORES ACERCA DE ZENG SHEN (CUENTO CHINO)


Una vez, cuando Zeng Shen fue al distrito de Fei, un hombre de su mismo nombre cometió un asesinato. Alguien fue a decirle a la madre de Zeng Shen
-Zeng Shen ha matado a un hombre.
- Imposible – contestó –. Mi hijo jamás hará tal cosa.
Y tranquilamente siguió tejiendo.
Poco después, alguien más vino a comentar:
Zeng Shen mató a un hombre.
La anciana continuó tejiendo.
Entonces llegó un tercer hombre e insistió:
Zeng Shen ha matado a un hombre.
Esta vez la madre se asustó. Arrojó la lanzadera y escapó, saltando la tapia.
A pesar de que Zeng Shen era un buen hombre y su madre confiaba en él, cuando tres hombres lo acusaron de asesinato, aun queriéndole tanto, la madre no pudo evitar dudar de él.

Anécdotas de los Reinos Combatientes

jueves, 28 de enero de 2016

EL RELOJERO



PEQUEÑO CUENTO CHINO

Un hombre bueno dio de comer en su casa a una familia muy pobre. Ellos, agradecidos, quisieron devolverle el favor y lo invitaron también a la suya para compartir lo que tuvieran ese día para la cena. Él, consciente de lo poco que tenían, sintió lástima y les dijo amablemente que no se preocuparan. Rechazó la invitación. Ellos, en silencio, se alejaron de la casa y no volvieron a pedirle nunca más a este hombre nada, aunque, algunas veces, les faltaba lo necesario.

jueves, 21 de enero de 2016

ORACIÓN A SAN JOSÉ (11)

Lo primero que ante todo, en el estudio de tu vida, se descubre ¡oh José glorioso! es un desprecio total de todas las humanas grandezas. Ni las riquezas, ni los honores ni aun aquellas distinciones a las que con legítimo derecho podías optar, fueron parte en lo más mínimo para sacarte de tu interior felicidad, y aparente bajeza. Es que a través de la humana y fingida pompa, cual por transparente velo, divisabas allá lejos, a la otra parte, llantos y miserias; es que te habías convencido bien de aquellas palabras del Espíritu Santo que dice que excepción hecha de amar y servir a Dios, todo lo de este mundo es vanidad de vanidades; humo, por lo tanto, que a lo mejor se disipa dejándonos sumidos en el más cruel desengaño. ¡Oh con cuánto tino y acierto elegiste tú, con preferencia a tan deleznables bagatelas, el retiro y soledad del alma para que sin estorbo pudiera remontarse a Dios!

JACULATORIA. Haz que logre seguir tus huellas con el interior recogimiento de mi corazón aun en medio del mundanal ruido. Amén.

jueves, 7 de enero de 2016

LA LEYENDA DEL CUARTO REY MAGO

Se cuenta que había un cuarto Rey Mago llamado Artabán que también vio brillar la estrella sobre Belén y decidió seguirla. Como regalo pensaba ofrecerle al Niño un cofre lleno de perlas preciosas. Sin embargo, en su camino se fue encontrando con diversas personas que iban solicitando de su ayuda. Este Rey Mago las atendía con alegría y diligencia, e iba dejándoles una perla a cada uno. Pero eso fue retrasando su llegada y vaciando su cofre. Encontró muchos pobres, enfermos, encarcelados y miserables y no podía dejarlos desatendidos. Se quedaba con ellos el tiempo necesario para aliviarles sus penas y luego procedía su marcha, que nuevamente era interrumpida por otro desvalido.
Sucedió que cuando por fin llegó a Belén, ya no estaban los otros Magos y el Niño había huido con sus padres hacia Egipto, pues el Rey Herodes quería matarlo. El Rey Mago siguió buscándolo, ya sin la estrella que antes lo guiaba. Buscó y buscó y buscó… y dicen que estuvo más de treinta años recorriendo la tierra, buscando al Niño y ayudando a los necesitados.
Hasta que un día llegó a Jerusalén justo en el momento que la multitud enfurecida pedía la muerte de un pobre hombre. Mirándolo, reconoció en sus ojos algo familiar. Entre el dolor, la sangre y el sufrimiento, podía ver en sus ojos el brillo de la estrella. ¡Aquel miserable que estaba siendo ajusticiado era el Niño que por tanto tiempo había buscado! La tristeza llenó su corazón, ya viejo y cansado por el tiempo. Aunque aún guardaba una perla en su bolsa, ya era demasiado tarde para ofrecérsela al Niño que ahora, convertido en hombre, colgaba de una Cruz. Había fallado en su misión...
Y sin tener a dónde más ir, se quedó en Jerusalén para esperar que llegara su muerte.
Apenas habían pasado tres días cuando una luz aún más brillante que la de la estrella, llenó su habitación. ¡Era el Resucitado que venía a su encuentro! El Rey Mago, cayendo de rodillas ante Él, tomó la perla que le quedaba y extendió su mano mientras hacía una reverencia. Jesús le tomó tiernamente y le dijo:
“Tú no fracasaste. Al contrario, me encontraste durante toda tu vida. Yo estaba desnudo, y me vestiste. Yo tuve hambre y me diste de comer. Tuve sed y me diste de beber. Estuve preso, y me visitaste. Pues yo estaba en todos los pobres que atendiste en tu camino.
¡Muchas gracias por tantos regalos de amor, ahora estarás conmigo para siempre, pues el Cielo es tu recompensa!


miércoles, 16 de diciembre de 2015

SÚPLICA A MARÍA SANTÍSIMA

    Inmaculada Virgen y Madre mía, María Santísima: a Ti que eres la Madre de mi Salvador, la Reina del mundo, la abogada, la esperanza y el refugio de los pecadores, recurro en este día yo, que soy el más miserable de todos. ¡Te adoro, oh gran Reina! y humildemente te agradezco todas las gracias y mercedes que hasta ahora me has hecho, especialmente la de haberme librado del infierno, tantas veces merecido por mis pecados: te amo, Señora amabilísima, y por el amor que te tengo, propongo siempre servirte y hacer todo lo posible para que de todos seas servida. En Ti, ¡oh Madre de misericordia! después de mi Señor Jesucristo, pongo todas mis esperanzas; admíteme por tu siervo y defiéndeme con tu protección; y ya que eres tan poderosa para con Dios, líbrame de todas las tentaciones y alcánzame gracia para vencerlas hasta la muerte. Te pido un verdadero amor para con mi Señor Jesucristo: y por Ti espero alcanzar una buena muerte. ¡Oh Señora y Madre mía! por el gran amor que tienes a Dios, te ruego que siempre me ayudes; pero mucho más en el último momento de mi vida, no me desampares hasta verme salvo en el cielo, alabándote y cantando tus misericordias por toda la eternidad. Amén.

ORACIÓN DE SAN ANDRÉS CRETENSE A LA VIRGEN MARÍA

   
Te adoro, ¡oh llena de gracia!, el Señor es contigo. Te adoro, ¡oh instrumento de nuestra alegría!, por el cual en tu Hijo la sentencia de nuestra condenación se rasgó y mudó en juicio de bendición. Te adoro, ¡oh templo de la gloria de Dios!, casa sagrada del Rey del cielo. Tú eres en Jesucristo la reconciliación de Dios con los hombres. Te adoro, ¡oh Madre de nuestra alegría!, en verdad Tú eres bendita porque solo Tú entre todas las mujeres fuiste digna de ser Madre de nuestro Criador: todas las naciones te llaman bienaventurada, ¡oh María! Si pongo mi confianza en Ti alcanzaré los medios de mi salvación. Si estuviere debajo de tu protección nada temeré, porque ser tu devoto es un escudo impenetrable a los asaltos de mis enemigos.
    ¡Oh Madre de misericordia, aplaca a tu Hijo! Sí, a Ti, que estás en lo más alto del cielo, todo el mundo reconoce como propiciatorio común de todas las gentes. Nosotros te rogamos, ¡oh Virgen Santísima!, nos concedas el socorro de tus súplicas delante de Dios; súplicas que son más estimables y más preciosas que todos los tesoros de la tierra; súplicas que obligan a Dios a perdonarnos nuestros pecados, y nos alcanzan una gran abundancia de gracias; súplicas que ahuyentan a nuestros enemigos, confunden sus designios y triunfan de sus ardientes esfuerzos.

martes, 15 de diciembre de 2015

BENDICIÓN DEL PESEBRE Y DEL ÁRBOL DE NAVIDAD

El pesebre es una tradición cristiana que consiste en recordar el nacimiento de Jesús. Es un signo de fe en Dios, que en Belén "vino a habitar entre nosotros" (Jn 1, 14).
Reunidos junto al pesebre contemplamos a la Sagrada Familia y a quienes la acompañan: los pastores, los Magos de Oriente, los habitantes de la región, y todo su contexto: las casas, los animales, la naturaleza.
Oremos: Oh Dios, Padre nuestro, que tanto amaste al mundo que nos entregaste a tu único Hijo, Jesús, nacido de la Virgen María, para salvarnos y llevarnos de nuevo a Ti, te pedimos que con tu bendición estas imágenes del nacimiento nos ayuden a celebrar la Navidad con alegría y a reconocer en nosotros y en todos los que necesitan muestro amor la presencia de Cristo.

El árbol de Navidad evoca el pino que durante la estación de invierno permanece siempre verde, convirtiéndose en signo de la vida que no muere. Este símbolo de nuestra tradición navideña nos trae a la memoria el árbol de la vida, representación de Cristo, don supremo de Dios a la humanidad, y las luces que lo adornan nos recuerdan que Jesús es la Luz del mundo y nosotros reflejo de esa luz.

Reunidos en torno al árbol de Navidad adornado con luces, junto al pesebre, contemplamos que con el nacimiento de Jesús florece de nuevo el árbol de la vida que nutre continuamente a la humanidad.
Oremos: Bendito seas, Señor y Padre nuestro, que nos concedes recordar con fe en estos días de Navidad los misterios del nacimiento de Jesucristo. Concédenos a quienes hemos adornado este árbol y lo hemos embellecido con luces vivir también a la luz de los ejemplos de la vida santa de tu Hijo y ser enriquecidos con las virtudes que resplandecen en su santa infancia.


Gloria a Él por cada momento que nos acompaña en nuestra historia. Amén.

jueves, 10 de diciembre de 2015

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS DE LA NAVIDAD

    Benignísimo Dios de infinita caridad, que nos has amado tanto y que nos diste en tu hijo la mejor prenda de tu amor, para que hecho hombre en las entrañas de una virgen naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio. Yo en nombre de todos los mortales te doy infinitas gracias por tan soberano beneficio. En retorno de él te ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de tu hijo humanado, y te suplico por sus divinos méritos, por las incomodidades en que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, dispongas nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido y con tal desprecio de todo lo terreno, que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén.
    Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.  

lunes, 7 de diciembre de 2015

EL SURICATO Y EL HIPOPÓTAMO

Había una vez un suricato muy pequeño que apenas comía nada porque el resto de los suricatos, más grandes que él, llegaban a toda la comida y él  no podía alcanzarla. Un día buscó un hipopótamo y se hizo su amigo. A partir de entonces se subía al lomo del hipopótamo y podía alcanzar toda la comida que quería.
-¿Y qué ganaba el hipopótamo con ello?
-El hipopótamo ganó un amigo.


viernes, 4 de diciembre de 2015

ORACIÓN DE SAN EFRÉN A LA INMACULADA VIRGEN MARÍA

   ¡Oh inmaculada, oh enteramente pura Virgen María, Madre de Dios! Vos sois superior a todos los santos; sois la esperanza de los pecadores después de vuestro Hijo Jesucristo, y la alegría de los justos. Por vuestra mediación somos reconciliados con Dios. ¡Oh gran Princesa! cubridnos con las alas de vuestra misericordia, tened piedad de nosotros, y pues nos hemos entregado a vuestro servicio y consagrado a vuestro obsequio, admitidnos en el número de vuestros siervos, y no permitáis que Lucifer nos arrastre al infierno. ¡Oh Virgen inmaculada! nosotros nos acogemos a la sombra de vuestra protección, y por eso con una filial confianza os rogamos detengáis con vuestras súplicas la ira de vuestro Hijo, provocado de nuestros pecados, para que no nos desampare y abandone al poder del demonio nuestro enemigo.
   ¡Oh Reina del universo y señora nuestra! Vos sois la más poderosa abogada de los pecadores, después de Jesucristo, que es nuestro principal abogado para con el Padre: Vos sois en el mismo Señor el puerto seguro de los que naufragan: sois la consolación del mundo, el rescate de los cautivos, la alegría de los enfermos, la recreación de los afligidos, el refugio de toda la tierra. ¡Oh llena de gracia! alumbrad mi entendimiento. Soltad mi lengua para cantar vuestros loores, principalmente la Salutación angélica tan digna de Vos. Os adoro, oh paz, oh salvación, oh consolación de todo el mundo. Os adoro, paraíso de delicias, fuente de gracias, medianera entre Dios y los hombres. 

lunes, 30 de noviembre de 2015

EL MILAGRO DE LA TRANSUBSTANCIACIÓN

(Extraído del Catecismo de la Iglesia católica de 1992)

En el santísimo sacramento de la Eucaristía están contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo y, por consiguiente, Cristo entero. Esta presencia se denomina "real" porque es substancial, y por ella Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente presente.
Mediante la conversión del pan y del vino en su Cuerpo y Sangre, Cristo se hace presente en este sacramento. Por la consagración del pan y del vino se opera el cambio de toda la substancia del pan en la substancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la substancia del vino en la substancia de su Sangre; la Iglesia católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transubstanciación.
La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas. Cristo está todo entero presente en cada una de las especies y todo entero en cada una de sus partes, de modo que la fracción del pan no divide a Cristo.
En la liturgia de la misa expresamos nuestra fe en la presencia real de Cristo bajo las especies de pan y de vino, entre otras maneras, arrodillándonos o inclinándonos profundamente en señal de adoración al Señor.
En su presencia eucarística permanece misteriosamente en medio de nosotros como quien nos amó y se entregó por nosotros, y se queda bajo los signos que expresan y comunican este amor.
La presencia del verdadero Cuerpo de Cristo no se conoce por los sentidos, sino solo por la fe, la cual se apoya en la autoridad de Dios.

domingo, 29 de noviembre de 2015

NOVENA A LA BEATA NAZARIA IGNACIA MARCH, FUNDADORA DE LAS MISIONERAS CRUZADAS DE LA IGLESIA

   
Oh Santísima Trinidad, que infundiste el amor a la Santa Iglesia en el corazón de la beata Nazaria Ignacia y le inspiraste la fundación de un Instituto misionero, concédenos por su intercesión la gracia que pedimos...
(Pídase la gracia que se desea obtener).
Así mismo, concédenos que amando y siguiendo a Cristo, cooperemos con la Iglesia en su obra de predicar el Evangelio a toda criatura.
Todo esto te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
(Padrenuestro, Avemaría y Gloria).

Beata Nazaria Ignacia, ruega por nosotros.

SÚPLICA A JESÚS NAZARENO

   Oh Jesús Nazareno, brazo fuerte y protector mío, no me abandones en tan duro trance, protege y ampara mi alma abatida y llena de amor por Ti, ya que eres brazo fuerte y poderoso y todo lo sabes y puedes.
   Jesús de mi alma, Jesús crucificado, Espejo de luz, ven a mí con tu corona de espinas, con tu costado abierto y con soga en tu cintura.
   Jesús mío crucificado, haz que tus ojos me vean, haz que tus oídos escuchen lo que te pido.

(Hacer la petición y rezar tres Credos).

martes, 17 de noviembre de 2015

ORACIÓN DE JUAN PABLO II A NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE CHIQUINQUIRÁ (COLOMBIA, 1986)



Oh Virgen, bella flor de nuestra tierra,
envuelta en luz del patrio pabellón,
eres tú nuestra gloria y fortaleza,
madre nuestra y de Dios.
En burda tela avivas tu figura con resplandor de lumbre celestial,
dando a tus hijos la graciosa prenda de la vida inmortal.
Orna tus sienes singular corona de gemas que ofreciera la nación,
símbolo fiel del entrañable afecto y del filial amor.
A ti te cantan armoniosas voces y te aclaman por Reina nacional
y el pueblo entero jubiloso ofrenda el don de su piedad.
Furiosas olas a la pobre nave contra escollos pretenden azotar;
tu cetro extiende y bondadosa calma las olas de la mar.
Brote la tierra perfumadas flores que rindan culto a tu sagrado altar;
prodiga siempre a la querida patria los dones de la paz.
A Ti, Jesús, el Rey de las naciones, a quien proclama el corazón por Rey,
y al Padre y Padre y al Espíritu se rinda gloria, honor y poder.
Amén.
Reina y Madre de Colombia, te corona nuestro amor;
Virgen Santa del Rosario, protege al pueblo y nación.
El santuario provinciano redunda en gracia y piedad,
es centro de romerías, centro de culto filial.
Dichosa la tierra amada que goza de tu favor,
irradia, Madre, en tus hijos de tu imagen el fulgor.
Concurre el fiel a tu templo para ofrecer tu oblación;
por cánticos y valles se oyen sus cánticos y oración.
Gloria a Ti, Jesús, nacido de la Madre virginal; al Espíritu y al Padre se rinda gloria inmortal.
Amén.

domingo, 15 de noviembre de 2015

ORACIÓN POR LAS VÍCTIMAS DEL ATAQUE TERRORISTA EN PARÍS


Dios todopoderoso y eterno, de infinita misericordia y bondad, con el corazón apesadumbrado acudimos a Ti. Escucha nuestra oración, ten misericordia de nosotros, atiende las súplicas de quienes te invocan en esta hora de tribulación y prueba. Te pedimos, Dios de la vida, por las víctimas mortales del ataque terrorista en París. Son hijos tuyos, son hermanos nuestros. Nunca debían haber muerto en esas circunstancias. Padre nuestro, acógelos en tu seno. Atiende nuestra oración, Dios de la salud, por los heridos de esta masacre. Sana sus heridas, fortalece sus corazones, llénalos de tu gracia y de tu paz. Visita, Dios consolador, a los familiares de las víctimas. Son también inocentes. Reviste con tu manto de misericordia y de amor las llagas de su corazón y de su alma ateridos.
Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, Salud de los enfermos, Consoladora de los afligidos, Reina de la Paz y de las familias. Ruega por nosotros. Amén. 



sábado, 14 de noviembre de 2015

LETANÍAS A LA DIVINA MISERICORDIA

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Jesucristo, óyenos.
Jesucristo, escúchanos.
Dios Padre Celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad que eres un solo Dios verdadero, ten piedad de nosotros.

Después de cada invocación se dice:   "En Ti confío".                        
"Misericordia Divina, que brota del seno del Padre.  Misericordia Divina, supremo atributo de Dios.  Misericordia Divina, misterio incomprensible.  Misericordia Divina, fuente que brota del misterio de la Santísima Trinidad.
Misericordia Divina, insondable para todo entendimiento humano o angélico.
Misericordia Divina, de donde brotan toda vida y felicidad.
Misericordia Divina, más sublime que los cielos.
Misericordia Divina, fuente de milagros y maravillas.
Misericordia Divina, que abarca todo el universo.
Misericordia Divina, que baja al mundo en la Persona del Verbo Encarnado.
Misericordia Divina, que manó de la herida abierta del Corazón de Jesús.
Misericordia Divina, encerrada en el Corazón de Jesús para nosotros y especialmente para los pecadores.
Misericordia Divina, impenetrable en la institución de la Sagrada Hostia.
Misericordia Divina, en la institución de la Santa Iglesia.
Misericordia Divina, en el sacramento del Santo Bautismo.
Misericordia Divina, en nuestra justificación por Jesucristo.
Misericordia Divina, que nos acompaña durante toda la vida.
Misericordia Divina, que nos abraza especialmente a la hora de la muerte.
Misericordia Divina, que nos otorga la vida inmortal.
Misericordia Divina, que nos acompaña en cada momento de nuestra vida.
Misericordia Divina, que nos protege del fuego infernal.
Misericordia Divina, en la conversión de los pecadores empedernidos.
Misericordia Divina, asombro para los ángeles, incomprensible para los Santos.
Misericordia Divina, insondable en todos los misterios de Dios.
Misericordia Divina, que nos rescata de toda miseria.
Misericordia Divina, fuente de nuestra felicidad y deleite.
Misericordia Divina, que de la nada nos llamó a la existencia.
Misericordia Divina, que abarca todas las obras de sus manos.
Misericordia Divina, corona de todas las obras de Dios.
Misericordia Divina, en la que estamos todos sumergidos.
Misericordia Divina, dulce consuelo para los corazones angustiados.
Misericordia Divina, única esperanza de las almas desesperadas.
Misericordia Divina, remanso de corazones, paz ante el temor.
Misericordia Divina, gozo y éxtasis de las almas santas.
Misericordia Divina, que infunde esperanza, perdida ya toda esperanza".
                                                                          

V.  Las Misericordias de Dios son más grandes que todas sus obras.
R.  Por eso cantaré las Misericordias de Dios para siempre.

ORACIÓN

"Oh Dios Eterno, en quien la misericordia es infinita y el tesoro de compasión inagotable, vuelve a nosotros Tu mirada bondadosa y aumenta Tu misericordia en nosotros, para que en momentos difíciles no nos desesperemos ni nos desalentemos, sino que, con gran confianza, nos sometamos a Tu santa voluntad, que es el Amor y la Misericordia Mismos. Amén"

jueves, 5 de noviembre de 2015

LETANÍAS DE LA SAGRADA FAMILIA


Señor, ten piedad de nosotros.
Jesucristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Jesucristo, óyenos.
Jesucristo, escúchanos.
Dios Padre, que estás en los cielos, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Trinidad santísima, que eres un solo Dios, ten piedad de nosotros.
Jesús, salvador del mundo, ten piedad de nosotros.
Jesús, hijo de María, nuestro amable hermano, ten piedad de nosotros.
Jesús, tesoro y delicias de la Sagrada Familia, ten piedad de nosotros.
Santa María, Reina de los cielos, ruega por nosotros.
Santa María, madre de Jesús y nuestra cara madre, ruega por nosotros.
Santa María, ornamento y gozo de la Sagrada Familia, ruega por nosotros.
San José, padre putativo de Jesús, ruega por nosotros.
San José, casto esposo de María, ruega por nosotros.
San José, guía y apoyo de la Sagrada Familia, ruega por nosotros.
Sagrada Familia, bajo la protección de la cual nos hemos consagrado a Dios, estad siempre con nosotros.
Sagrada Familia, que hemos tomado por modelo, estad siempre con nosotros.
Sagrada Familia, querida del Padre Celestial, estad siempre con nosotros.
Sagrada Familia, conducida por el Espíritu Santo, estad siempre con nosotros.
Sagrada Familia, santificada por la presencia del Hijo de Dios, estad siempre con nosotros.
Sagrada Familia, resplandeciente a los ojos del Eterno, estad siempre con nosotros.
Sagrada Familia, terror del infierno, estad siempre con nosotros.
Sagrada Familia, asilo de todas las virtudes, estad siempre con nosotros.
Sagrada Familia, santuario de la Divinidad, estad siempre con nosotros.
Sagrada Familia, tabernáculo de Dios vivo, estad siempre con nosotros.
Sagrada Familia, oscura e ignorada sobre la Tierra, estad siempre con nosotros.
Sagrada Familia, pobre y laboriosa, estad siempre con nosotros.
Sagrada Familia, humilde y penitente, estad siempre con nosotros.
Sagrada Familia, modelo de paciencia y de resignación, estad siempre con nosotros.
Sagrada Familia, gloriosa en las tribulaciones, estad siempre con nosotros.
Sagrada Familia, venerada de los pastores, estad siempre con nosotros.
Sagrada Familia, honrada por los Magos, estad siempre con nosotros.
Sagrada Familia, por Herodes perseguida, estad siempre con nosotros.
Sagrada Familia, por los judíos despreciada, estad siempre con nosotros.
Sagrada Familia, admiración de los patriarcas, estad siempre con nosotros.
Sagrada Familia, de los ángeles respetada, estad siempre con nosotros.
Sagrada Familia, ejemplo de todos los Santos, estad siempre con nosotros.
Sagrada Familia, decoro de la celestial Jerusalén, estad siempre con nosotros.
Sednos propicia, os lo rogamos, oídnos.
Socorrednos en todos los peligros de alma y cuerpo, os lo rogamos, oídnos.
Sed nuestro refugio contra los males que nos aquejan, os lo rogamos, oídnos.
Sed nuestra fuerza en los combates y pruebas, os lo rogamos, oídnos.
Sednos un muro contra los ataques del enemigo de nuestra salud, os lo rogamos, oídnos.
Sed nuestra esperanza en nuestra vida y nuestro consuelo en la hora de la muerte, os lo rogamos, oídnos.
Sed la poderosa protectora de aquellos que os invocan con una verdadera confianza, os lo rogamos, oídnos.
Sed la mediadora de aquellos que mueren en el Señor y la abogada de los pecadores acerca del Soberano Juez, os lo rogamos, oídnos.
Sed la libertadora de las almas detenidas en el purgatorio y la salud de aquellos que esperan en vos, os lo rogamos, oídnos.
Sed siempre el sostén de los débiles y la ayuda de los imperfectos, os lo rogamos, oídnos.
Sed siempre la protectora de nuestra Sociedad, os lo rogamos, oídnos.
Sed siempre el espejo de los justos y el tesoro de los fieles, os lo rogamos, oídnos.
Sed siempre la consoladora de los afligidos y el refugio de los verdaderos cristianos, os lo rogamos, oídnos.
Sed siempre el apoyo y la defensa de aquellos que se han consagrado a vuestro servicio, os lo rogamos, oídnos.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, oh Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, escúchanos, oh Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.
V. Sagrada Familia, sed glorificada en todos los siglos.
R. Reinad para siempre en todos los corazones.

                                                         ORACIÓN
Divino Salvador, bendice todas nuestras obras; recompensa de una manera digna de Ti a todos los que contribuyen a su suceso. Concede la paz y la vida eterna a nuestros hermanos y hermanas que han muerto. Concede también a tus fieles y siervos sobre la tierra las gracias que les son necesarias para la conversión de los pecadores, la santificación de los justos y aumento de tu Sagrada Familia, a fin de que seas conocido y glorificado de todas las criaturas con María y José; y a fin de que reines en todos los corazones ahora y siempre, oh Tú que vives y reinas con Dios Padre en unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.


ORACIÓN A SAN MARTÍN DE PORRES


Señor Nuestro Jesucristo, que dijiste "pedid y recibiréis", humildemente te suplicamos que, por la intercesión de san Martín de Porres, escuches nuestros ruegos.
Renueva, te suplicamos, los milagros que por su intercesión durante su vida realizaste, y concédenos la gracia que te pedimos si es para bien de nuestra alma. Así sea.
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PARA PEDIR UN FAVOR 

En esta necesidad y pena que me agobia acudo a ti, mi protector san Martín de Porres. Quiero sentir tu poderosa intercesión. Tú, que viviste solo para Dios y para tus hermanos, que tan solícito fuiste en socorrer a los necesitados, escucha a quienes admiramos tus virtudes. Confío en tu poderoso valimiento para que, intercediendo ante el Dios de bondad, me sean perdonados mis pecados y me vea libre de males y desgracias. Alcánzame tu espíritu de caridad y servicio para que amorosamente te sirva entregado a mis hermanos y a hacer el bien. Padre celestial, por los méritos de tu fiel siervo san Martín, ayúdame en mis problemas y no permitas que quede confundida mi esperanza. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.