martes, 21 de abril de 2015

ORACIÓN AL SALIR DE CASA

Diríjame el Señor Todopoderoso por el camino de la paz y felicidad, y el Arcángel San Rafael me acompañe para que vuelva sin daño alguno de alma y cuerpo. Amén.

ORACIÓN PARA CADA HORA

   Te ofrezco, Señor, esta hora que comienza; sea para tu mayor gloria, santificación de mi alma y salvación de todos los pecadores.
   Ave María Purísima. Sin pecado concebida. Libradme, Madre mía, de todo pecado mortal en esta hora (Avemaría).

CONSAGRACIÓN DE LAS FAMILIAS CRISTIANAS A LA SAGRADA FAMILIA

   ¡Oh amabilísimo Jesús, Redentor nuestro, que habiendo bajado del cielo a la tierra para iluminar al mundo con tu ejemplo y doctrina, quisiste pasar oculto en la casa de Nazaret la mayor parte de tu vida mortal sujeto a María y a José y te dignaste consagrar aquella Familia que debía servir de modelo a todas las familias cristianas! Recibe y haz tuya esta familia que ahora se consagra enteramente a ti. Dígnate protegerla, custodiarla y confirmarla con tu santo temor; dándole la paz y la concordia de la caridad cristiana, a fin de que, imitando los ejemplos de tu casita de Nazaret, alcancen todos la vida eterna.
   ¡Oh María, Madre santísima de Jesucristo y Madre nuestra! Dígnate interponer tu piedad y clemencia para que reciba Jesús esta nuestra consagración, y nos prodigue sus favores y bendiciones.
   ¡Oh José santísimo, guardián de Jesús y de María! Socórrenos en todas nuestras necesidades de cuerpo y alma, para que contigo y la bienaventurada Virgen María podamos alabar y bendecir eternamente agradecidos al divino Redentor Jesucristo.



lunes, 20 de abril de 2015

PLEGARIA AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

¡Oh Corazón de María!, el más amable y compasivo de los corazones después del de Jesús, Trono de las misericordias divinas en favor de los miserables pecadores: yo, reconociéndome sumamente necesitado, acudo a Vos, en quien el Señor ha puesto todo el tesoro de sus bondades, con plenísima seguridad de ser por Vos socorrido. Vos sois mi refugio, mi amparo, mi esperanza; por esto os digo y os diré en todos mis apuros y peligros: ¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!
Cuando la enfermedad me aflija, o me oprima la tristeza, o la espina de la tribulación llague mi alma: ¡Oh Corazón de María, sed la salvación mía!
Cuando el mundo, el demonio y mis propias pasiones, coligados para mi eterna perdición, me persigan con sus tentaciones y quieran hacerme perder el tesoro de la divina gracia: ¡Oh Corazón de María, sed la salvación mía!
En la hora de mi muerte, en aquel momento espantoso de que depende mi eternidad, cuando se aumenten las angustias de mi alma y los ataques de mis enemigos: ¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!
Y cuando mi alma pecadora se presente ante el tribunal de Jesucristo para rendirle cuenta de toda su vida, venid Vos a defenderla y a ampararla; y entonces, ahora y siempre: ¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!
Estas gracias espero alcanzar de Vos, ¡oh Corazón amantísimo de mi Madre!, a fin de que pueda veros, y gozar de Dios en vuestra compañía por toda la eternidad en el cielo. Amén.

domingo, 19 de abril de 2015

ORACIÓN DE LA MAÑANA (1)

Señor Dios omnipotente que me has hecho llegar al principio de este día, fortaléceme hoy con tu virtud para que no caiga en pecado alguno: antes todas mis palabras, obras y pensamientos se dirijan a obrar tu santa ley. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en unión del Espíritu Santo, siendo Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.

sábado, 18 de abril de 2015

TESTIMONIO DEL SR. ABAD DELORT, ACERCA DEL PRODIGIO ACONTECIDO EN LA CAPILLA DE LORETO EL 3 DE FEBRERO DE 1822

   Yo el abajo signado, antiguo Ecónomo de la Parroquia de Bari y sacerdote adscrito a la de Santa Eulalia de Burdeos, sin otra intención que la de conformarme con la voluntad de Dios, publicando el favor que S.M. se ha dignado hacer en la casa de las señoras de Loreto, y siendo yo mismo, a pesar de mi indignidad, testigo del prodigio, aseguro y declaro en presencia de mi Dios la verdad de los hechos contenidos en la presente declaración.
   No pudiendo el Sr. Abad-Noaîlles, superior del Instituto de Loreto, dar a la comunidad la bendición con el Santísimo Sacramento, me rogó le sustituyese; fui en efecto a la casa de las señoras, el día 3 de este mes, domingo de septuagésima, a las cuatro y media de la tarde. Apenas llegué y preparándome para dar la bendición, expuse el Santísimo Sacramento, mas apenas hice la primera incensación, habiendo elevado a mi vista a la custodia, no vi las especies sacramentales que yo en ella había puesto, sino que en lugar de las apariencias bajo las cuales el Señor se digna ocultarse, yo mismo vi en el centro del círculo que le sirve de término, como un busto de una persona viva; su rostro era muy blanco y representaba como treinta años, estaba rodeado de una trenza de color rojo oscuro, y de tiempo en tiempo se inclinaba a la derecha, a la izquierda y hacia adelante. Asombrado de este prodigio y no queriendo dar asenso a mis propios ojos, me figuré desde luego que era una ilusión, pero el milagro continuaba y yo podía continuar en esta incertidumbre; hice se llegara a mí el acólito que tenía el incensario y le pregunté si veía algo de particular, a lo que me respondió que veía, y antes había visto el mismo milagro que yo; le obligué que se lo hiciese saber a la superiora, habló a la sacristana, la cual absorta por los sentimientos que este espectáculo inspiraba y admirada de él, no pudo desempeñar la obligación que le estaba confiada. Yo anonadado y postrado en tierra no levantaba mis ojos sino para anonadarme más y más en la presencia del Señor y derramaba lágrimas de alegría, de reconocimiento y confusión. Duró el prodigio mientras el Domine salvum me fac: las oraciones y el cántico, y luego que se hubo este concluido, subí al altar y sin saber cómo (pues no me doy cuenta de cómo tuve valor en tal momento), tomé en mis manos el ostensorio, y di la bendición, considerando siempre al Salvador a quien visiblemente tenía entre mis manos. Habiendo dado a las señoras de Loreto esta milagrosa bendición, que será siempre de eficaces y benéficos resultados para el establecimiento, dejé sobre el altar el ostensorio, mas después que le abrí no pude ver sino las especies sacramentales en que nuestro Señor acababa de ocultarse desde el momento en que di la bendición. Todo inmutado y derramando aún lágrimas de consuelo, salí de la capilla, admirado de la calma que se observó durante ese prodigio que duró tanto; pero yo atribuí esto al estado de confusión en que yo también me hallaba y a la incertidumbre que había de causarme espectáculo tan extraordinario que se creía ilusión. Apenas me hube hallado fuera de la capilla, cuando todas las personas que allí había me rodearon, preguntándome si había yo también observado el prodigio que a todos había admirado, y me dirigieron mil preguntas en este fin. Yo no supe decirles sino estas palabras: ya habéis visto a nuestro Salvador; singular favor es el que os ha concedido, haciéndoos recordar que está realmente con vosotros, y para obligaros a amarle cada vez más, y a practicar las virtudes que os han conseguido tan extraordinario favor.
   Me retiré a mi casa, y en toda la noche no pude descansar, ni dejar de pensar en el prodigio de que acababa de ser testigo. Al siguiente día, lunes, fui a la parroquia de Santa Eulalia, y habiendo hallado al Sr. Abad-Noaîlles, le di parte así como a algunas otras personas, del milagro de que había sido testigo, a pesar de que me había resuelto a no decir nada a nadie, creyendo aplicables a mí las palabras de Jesucristo: Véase de no decirlo a nadie; mas el acólito que sirvió el incensario, y algunos extranjeros que estuvieron en la capilla de Loreto, dieron cuenta del suceso que habían visto como yo, y por esto me creí obligado a apoyar su testimonio. Unos han dado crédito a mi relato, otros me han calificado de visionario, sea lo que fuere ello, yo declaro lo que he visto y por decirlo así he tocado con mis propias manos, y aunque mi testimonio valga poco, me consideraría como el más ingrato y culpable de los hombres si dejaba de testificar la verdad.
   En testimonio de lo cual, Burdeos 5 de febrero de 1822.

                                        DELORT, SACERDOTE. 

                                      

jueves, 16 de abril de 2015

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE LA FAMILIA (VOL. I)


Catequesis sobre la familia

ADIÓS, MAMÁ

Hola, mamá.
Hoy he escuchado tu voz por primera vez y he golpeado tu vientre con mis pies. Nunca te he visto la cara, pero yo sé que es como tu voz: limpia y clara, torrente de luz y esperanza.

Gracias, mamá, a ti y al cielo, que me dejáis vivir aquí en tu seno, y luego nacer y quererte fuera como te quiero dentro.

¿Sabes, mamá? Hoy te oí otra vez,  discutías con alguien de ronca voz, y después llorabas por mí diciendo que yo sería un estorbo para los dos.

¿Que tal, mamá? Aquí estoy yo otra vez, te he escuchado de nuevo discutiendo con él pero sin llorar y empiezo a pensar que estáis de acuerdo y no naceré.

Quizás, mamá, tengas tú razón, tú sabes de estas cosas, has vivido y yo no. No voy a estorbar, te juro mamá que os querré por igual a los dos.

Creo mamá,  creo en Dios y en ti, pero he notado un pinchazo, me dolió y se que al fin ya no estorbaré, ya no te veré, bañado en sangre sé que me iré.

Adiós, mamá, rezaré por ti, desde aquí te perdono aunque nunca te vi. Me marcho mamá, la sangre me inunda... Sé que ya no podré hablarte más, más, más...


HIMNO A NUESTRA SEÑORA DE LA MEDALLA MILAGROSA

La llevo en mi pecho
porque prometiste

al que la portara
una gran bendición.
Tu santa medalla 

me acompaña siempre,
a Ti buena Madre

me entrego hoy.
Los rayos son tus gracias, Milagrosa,
que a todos tú derramas, Milagrosa,
y brotan de tus manos, Milagrosa,
acogen a tus hijos, Milagrosa.


El pueblo confiado a Ti clamó
tu gracia divina
y tu bendición.
Las doce estrellas,
los dos corazones,
la cruz y la M
son la redención.

Los rayos son tus gracias, Milagrosa
que a todos tú derramas, Milagrosa,
y brotan de tus manos, Milagrosa,
acogen a tus hijos, Milagrosa.

Oh María concebida sin pecado,

ruega por nosotros que acudimos a Ti.





miércoles, 15 de abril de 2015

ACTOS PARA DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

1. ACTO DE ADORACIÓN

Adoro, Jesús mío, vuestra divina Persona, que reposa ya en mi pobre corazón.
Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
Oh buen Jesús, óyeme.
Dentro de tus llagas escóndeme.
No permitas me separe de Ti.
Del maligno enemigo defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que en unión de tus Santos
Te alabe por los siglos de los siglos.

2. ACTO DE AMOR

¡Oh! ¡Cómo os amo, Jesús dulcísimo! Os tengo para siempre prendido de mi amor. Siento cómo vuestro corazón preciosísimo palpita dentro del mío.
Yo soy feliz. Abridme los tesoros de vuestro amor. Llenad mi alma de vuestras celestiales caricias. Y para que nunca pueda dejar de amaros, os doy mi corazón. Guardadlo, Jesús mío, para siempre, en el sagrario de vuestro amor.

3. ACTO DE OFRECIMIENTO

Os ofrezco, Jesús mío, mi cuerpo y mi alma, mi vida y corazón.
Os doy mis alegrías y tristezas, mis deseos y esperanzas y todos mis amores: mi familia y todas las personas que me son queridas. Tomadlas bajo vuestra protección, y haced que todos caminemos siempre por el camino del cielo.

4. ACTO DE PETICIÓN

Gracias os doy, Jesús mío, de esta gran merced que me hacéis de venir a mi pobre alma. Ya soy feliz. Mas Vos sabéis, Señor, lo que quiere mi corazón.
Os pido la dicha y la santidad para todos los miembros de mi querida familia; gracias y bendiciones para todos los que amo.
Quiero y amo todo lo que Vos queréis y amáis.
Os pido, sobre todo, que volváis mi vida y mi alma semejante a la vuestra. Y sea mi Comunión como la de los Ángeles, que dure para siempre. Amén.

lunes, 13 de abril de 2015

ACTOS PARA ANTES DE LA COMUNIÓN

1. ACTO DE FE

Creo firmemente que el cuerpo, sangre, corazón, alma y divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, están en la Sagrada Hostia, que voy a recibir.

2. ACTO DE ADORACIÓN

Os adoro, Jesús mío, y ante vuestro acatamiento os reconozco como mi Dios y Señor, Criador y Redentor mío. De la nada me habéis sacado, y para el cielo criado. Sed para mi alma el pan de vida, y volvedla hermosa y pura, para que pueda adoraros en la tierra como los ángeles en el cielo.

3. ACTO DE CONFIANZA

Confío, Señor, en vuestra misericordia, que borra todos los pecados; en vuestra santidad, que purifica mi alma; en vuestro amor, que os hace quedar en esta Sagrada Hostia, para que yo pueda recibiros. Vuestra voz dulcísima me llama al convite celestial. Alegre vengo a la Sagrada Mesa. Venid, Jesús mío; haced de mi corazón vuestro paraíso.

4. ACTO DE AMOR

Os amo, Bondad infinita, y deseo recibiros, para amaros sin cesar.
Oh Jesús de la Cuna, venid a mí; sea mi alma vuestro Belén.
Santidad de Jesús, sed mi pureza.
Belleza de Jesús, sed mi encanto.
Alma de Jesús, traedme al cielo.
Sangre de Jesús, dadme la vida.
Corazón de Jesús, dadme el amor.


LA LUZ DE UN BICENTENARIO (Elías Miguel)

En el bicentenario del nacimiento de don Bosco (1815-2015)

Ríen hoy los más pequeños,
como ríen los almendros
cuando Primavera llega
y ven cumplidos sus sueños.
Ríen también los mayores
y es sonrisa que, allá adentro,
en la enseñanza de Bosco
tiene su fuente y su centro.
Y, sobre todo, los jóvenes
ríen, porque su maestro
les señala un porvenir
jubiloso, aun con esfuerzo.
Todos hoy, por él unidos,
girando en el mundo entero,
ríen, cantan,juegan, rezan
y trabajan con su ejemplo.
Juan Bosco, bicentenario,
brilla en azul firmamento
y, a la luz de su figura,
el mundo parece nuevo.
Pues su doctrina de amor
y de templanza y esfuerzo
sigue perenne; y es faro
para un mundo que anda ciego.


domingo, 12 de abril de 2015

ORACIÓN POR LAS ALMAS BENDITAS DEL PURGATORIO (2)

1. ¡Oh María Reina del Purgatorio!, os ruego por aquellas almas, por las cuales tengo o pueda tener alguna obligación, sea de caridad o de justicia (Avemaría + Requiem aeternam dona eis, Domine; et lux perpetua lucent eis).
2. ¡Oh María Reina del Purgatorio!, os ruego por las almas más abandonadas y olvidadas, por las cuales nadie ruega: ¡Vos, oh Madre!, que os acordáis de ellas, aplicadles los méritos de la Pasión de Jesús, vuestros méritos y los de los Santos, y encontrarán saludable refrigerio (Avemaría + Requiem aeternam dona eis, Domine; et lux perpetua lucent eis).
3. ¡Oh María Reina del Purgatorio!, os ruego de una manera especial por aquellas almas que han de estar más tiempo padeciendo y satisfaciendo a la Divina Justicia. Tened compasión de ellas, ya que no pueden merecer, sino solo padecer; abreviad sus penas y derramad sobre las mismas el bálsamo de vuestro consuelo (Avemaría + Requiem aeternam dona eis, Domine; et lux perpetua lucent eis).
4. ¡Oh María Reina del Purgatorio!, os ruego por aquellas almas que han de salir más pronto de aquel lugar de penas, para que vayan cuanto antes a cantar en vuestra compañía las eternas misericordias del Señor (Avemaría + Requiem aeternam dona eis, Domine; et lux perpetua lucent eis). 
5. ¡Oh María Reina del Purgatorio!, os ruego de un modo especial por aquellas almas que más padecen. Es verdad que todos sufren con resignación, pero sus penas son atroces y no podemos imaginarlas siquiera. Interceded por ellas, y Dios escuchará vuestra plegaria (Avemaría + Requiem aeternam dona eis, Domine; et lux perpetua lucent eis).

                                                         Oración final

¡Oh Virgen Santa!, os pido que, así como me acuerdo yo de las almas del Purgatorio, se acuerden de mí los demás, si he de ir allá a satisfacer por mis pecados. En Vos, ¡oh Madre!, pongo toda mi confianza de hijo y sé que no he de quedar defraudado. Amén.



sábado, 11 de abril de 2015

ORACIÓN DE PÍO XII PARA LA FIESTA DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

Al definir el papa Pío XII el dogma de la Asunción de María Santísima en cuerpo y alma al cielo, compuso la siguiente oración, cuyo rezo se recomienda en esta fiesta para conmemorar el Misterio e implorar la protección de la Reina coronada.

¡Oh Virgen Inmaculada, Madre de Dios y Madre de los hombres!:

1. Creemos con todo el fervor de nuestra fe en tu Asunción triunfal en alma y cuerpo al cielo, donde eres aclamada Reina por todos los coros de los Ángeles y por toda la legión de los Santos: nos unimos a ellos para alabar y bendecir al Señor, que te ha ensalzado sobre todas las puras criaturas, y para ofrecerte los afectos de nuestra devoción y de nuestro amor (Avemaría y Gloria).

2. Sabemos que tu mirada, que acariciaba maternalmente la humanidad humilde y paciente de Jesús en la tierra, se sacia en el cielo con la vista de la humanidad gloriosa de la Sabiduría increada y que la alegría de tu alma al contemplar cara a cara a la Trinidad adorable hace palpitar tu Corazón con ternuras beatíficas: pobres pecadores, a quienes la pesadez del cuerpo entorpece el vuelo del alma, te suplicamos purifiques nuestros sentidos, para que ya desde ahora aprendamos a gustar a Dios, a Dios solo, en los encantos de las criaturas (Avemaría y Gloria).

3. Confiamos en que tus ojos misericordiosos se inclinan hacia nuestras miserias y nuestros dolores, hacia nuestros combates y nuestras debilidades; en que tus labios sonríen con nuestras alegrías y nuestras victorias; en que Tú oyes la voz de Jesús que te dice de cada uno de nosotros, como otra vez de su discípulo amado: "He aquí a tu hijo". Y nosotros, que te invocamos como Madre nuestra, como Juan, te tomamos por guía, fortaleza y consuelo en nuestra vida mortal (Avemaría y Gloria).

4. Tenemos la certeza de que tus ojos, que lloraron sobre la tierra regada por la sangre de Jesús, se vuelven aún hacia este mundo en presa con las guerras, con las persecuciones, con la opresión de los justos y de los débiles. Y entre las tinieblas de este valle de lágrimas esperamos de tu celestial mirada y dulce piedad alivio para las penas de nuestros corazones, para las pruebas de la Iglesia y de nuestra Patria (Avemaría y Gloria).

5. En fin, creemos que en la gloria, donde reinas vestida del sol y coronada de estrellas, eres, después de Jesús, el gozo y la alegría de todos los Ángeles y de todos los Santos. Y desde esta tierra, donde caminamos como peregrinos, confortados por la fe de la futura resurrección, miramos hacia Ti, nuestra vida, nuestra dulzura, nuestra esperanza; atráenos con la suavidad de tu voz para mostrarnos un día, después de nuestro destierro, a Jesús fruto de tu vientre. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María! (Avemaría y Gloria).


viernes, 3 de abril de 2015

ORACIÓN PARA DESPUÉS DE COMULGAR (Luis de Trelles)

Dios mío:
Yo te ofrezco esta Comunión por el alma de mis hermanos fallecidos en la Santa Iglesia Católica, nuestra madre común. Yo te la ofrezco recordando, venerando y aplicando los méritos infinitos y las virtudes inefables de esta Hostia santa, pura e inmaculada, que quiso ofrecerse en la Cruz por la salvación del linaje humano, abrasada en el amor más puro y desinteresado. Ve, Dios mío, ese fuego inextinguible que compensa infinitamente el fuego impuro que ardió en el pecho de nuestros hermanos difuntos. Te ofrezco, Señor, en su nombre todos y cada uno de los méritos incomparables de aquella inmolación perfectísima del Corazón Divino de Jesús en el árbol santo que nos dio fruto de redención; las virtudes de Jesús, como compensación de los vicios de los que allí sufren; el amor infinito de Dios Hijo a su Padre, por la tibieza y desamor de aquéllos; y las acciones perfectísimas todas de Jesús, por las imperfecciones todas inherentes a nuestra mísera humana condición. Te ofrezco también las virtudes eucarísticas por los pecados del mundo, de que fueron nuestros hermanos culpables; las aspiraciones fervorosas y elevadas de Jesús, por aquellas fragilidades y tibiezas de los pecadores fallecidos. Y sobre todo, te presentamos, Señor, el mérito sublime de esta esclarecida caridad que, después de entregar al Hijo de Dios vivo a sus verdugos en la pasión, lo trae a nuestros altares, y lo hace entregarse a nuestra Comunión, expuesto a los ultrajes que recibe en el tabernáculo, y a los de los malos cristianos que lo recibimos indignamente, admitiendo con perfectísimo conocimiento todas estas afrentas por el amor que nos tiene, y por tal de unirse a algunas pocas almas justas con las que se recrea su Divina Majestad de estar. Te ofrezco, Señor y Dios mío, la Sangre preciosísima de Jesús para extinguir y apagar el fuego voraz del purgatorio. Creo firmisimamente que una sola gota de esta purísima y divina Sangre es capaz de apagar aquel incendio, y de redimir y pagar por las almas benditas que allí padecen. Espero que pueda contribuir a ello mi pobre intención, que siento no sea mayor y mejor.
Y sobre todo, y para suplemento de todo, te ofrezco la caridad sobreexcelente y sublime que se anida en el Corazón de Jesús, que reside en el Sacramento Augusto de nuestros altares, como oferta y prenda suficiente a pagar la deuda que solventan en el purgatorio nuestros hermanos difuntos, especialmente aquellos que me estaban unidos por los vínculos de la sangre o del afecto; y de aquellos que estén más necesitados y que fueron más devotos del Sacramento del Altar, y más fervorosos en la recepción de su Divina Majestad. Uno a este acto, y a esta mi plegaria, la oración que sube del tabernáculo, y el espíritu de abnegación y de sacrificio con que el Señor se anonada en aquel sublime misterio de amor. Y reproduzco estas ofertas y manifestaciones una y mil veces, deseando repetirlas todos los días, a todas horas, y toda mi vida.
Admite, Dios mío, mi humilde súplica y mi indigna e imperfecta impetración, agregándola a la purísima oración que se alza a Dios, y que le presenta y ofrece con las manos levantadas al cielo, el sacerdote ante el excelso trono del Eterno Padre, que vive y reina con el Hijo y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

domingo, 29 de marzo de 2015

ORACIÓN A NUESTRO PADRE JESÚS CAUTIVO DE MÁLAGA

Señor Jesucristo:
Tú, que has querido pasar por la condición de esclavo
para librarnos de nuestras esclavitudes,
mira con bondad a los que sufrimos bajo el peso del egoísmo,
las pasiones, mentiras, injusticias y pecados,
y haznos libres por el amor y la verdad.
 Líbranos de todos los males y
cautívanos con las ataduras de tu amor,
para que, siguiendo tus huellas de Pasión,
alcancemos los gozos eternos de la Resurrección.
Amén.

Rvdo. Don Fernando García Sánchez




jueves, 26 de marzo de 2015

ORACIÓN POR UN HIJO

Señor, quiero pedirte por mi hijo. Es mi alegría y el regalo más valioso que Tú me has hecho, pero sufro por él. Yo le amo y deseo de todo corazón que sea feliz, pero tengo miedo porque le rodea un mundo engañoso y lleno de trampas. Dame sabiduría para guiarle, generosidad para amarle, paciencia para educarle. Haz, Señor, que sepa enseñarle a volar, a descubrir su propio camino: el suyo, el que Tú quieres para él y no aquel que yo busco con egoísmo. Si decide casarse, ayúdale a encontrar a la persona que le quiera de verdad y con la que pueda llevar a buen término un proyecto común que dé sentido a su vida.
Señor, me gustaría que te conociera bien. Quiero transmitirle mi fe para que descubra que en su interior tiene una luz y una fuerza que no le fallará nunca. Que dé siempre testimonio de Ti sin desánimo, que no se olvide de rezarte y agradecerte todo, y te ame siempre.
Tú sabes, Señor, lo difícil que es ser padre. Hay momentos en los que me desanimo y en los que tengo la sensación de que mis esfuerzos son en vano o de que mis oraciones no tienen eco. No permitas, Señor, que me deje abatir por el pesimismo. Permite que siempre siembre la buena semilla en su corazón, convencido de que, tarde o temprano, dará fruto.
Ayúdame a enseñarle a amar y respetar a su prójimo.
Soy consciente de que como padre he cometido muchos errores y de que no son pocas las veces en las que he fallado. Pero sabes que ha sido a causa de mi debilidad y no por mala voluntad.
Que tu fuerza y bondad, Señor, superen mis limitaciones.
Te pido que no dejes de tu mano nunca a mi hijo, especialmente cuando desee recorrer su propio camino lejos de casa.
Te lo confío plenamente, convencido de que Tú siempre cuidarás de él y de que un día nos encontraremos juntos a tu lado en el cielo. Gracias, Señor. Amén.

miércoles, 25 de marzo de 2015

ORACIÓN A LA VIRGEN DE LA MEDALLA MILAGROSA POR LA CURACIÓN DE UN ENFERMO

El 27 de noviembre de 1830 la Virgen Santísima se apareció a Santa Catalina Labouré, humilde religiosa vicentina, y se le apareció de esta manera: La Virgen venía vestida de blanco. Junto a Ella había un globo luciente sobre el cual estaba la cruz. Nuestra Señora abrió sus manos y de sus dedos fulgentes salieron rayos luminosos que descendieron hacia la tierra. María Santísima dijo entonces a Sor Catalina:
"Este globo que has visto es el mundo entero donde viven mis hijos. Estos rayos luminosos son las gracias y bendiciones que yo expando sobre todos aquellos que me invocan como Madre. Me siento tan contenta al poder ayudar a los hijos que me imploran protección. ¡Pero hay tantos que no me invocan jamás! Y muchos de estos rayos preciosos quedan perdidos, porque pocas veces me rezan".
Entonces alrededor de la cabeza de la Virgen se formó un círculo o una aureola con estas palabras: "Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti". Y una voz dijo a Catalina: "Hay que hacer una medalla semejante a esto que estas viendo. Todas las personas que la lleven, sentirán la protección de la Virgen", y apareció una M, sobre la M una cruz, y debajo los corazones de Jesús y María. Es lo que hoy está en la Medalla Milagrosa.


ORACIÓN: ¡Oh María, sin pecado concebida, cuya inmensa bondad y tierna misericordia no excluye el alivio de este amargo fruto de la culpa que se llama enfermedad de la cual es con frecuencia víctima nuestro miserable cuerpo! ¡Oh Madre piadosa, a quien la Iglesia llama confiada ¡Salud de los enfermos! Aquí me tenéis implorando vuestro favor. Lo que tantos afligidos obtenían por la palabra de vuestro Hijo Jesús, obténgalo este querido enfermo, que os recomiendo, mediante la aplicación de vuestra Medalla. Que su eficacia, tantas veces probada y reconocida en todo el mundo, se manifieste una vez más: para que cuantos seamos testigos de este nuevo favor vuestro, podamos exclamar agradecidos: La Medalla Milagrosa le ha curado.


HIMNO A LA VIRGEN DE COROMOTO, PATRONA DE VENEZUELA



  • Apareciste en los llanos
    de esta tierra, como aurora
    de la redención, y al indio
    le abriste el camino de la vida,
    la esperanza de la salvación.
    Eres madre de una patria
    que hoy espera, que confía
    en tu protección, de tu mano
    caminamos en la paz y la alegría.
    Madre mía, esta es tu canción.

    Virgen de Coromoto,
    Patrona de Venezuela,
    tu eres el alba que anuncia
    la luz de un nuevo sol,
    Virgen de Coromoto,
    Patrona de Venezuela,
    nos consagramos, oh Madre,
    a tu corazón.

    Tú nos brindas ternura
    en la mirada, nos alumbras
    con los rayos de tu luz,
    en tus labios la sonrisa
    de una madre que nos ama,
    y en los brazos tu hijo Jesús,
    como ayer hoy nos guías
    el camino, nos ayudas con
    tu bendición a vivir en la paz
    y a trabajar siempre unidos,
    y a ser una gran nación.
      
      Virgen de Coromoto,
      Patrona de Venezuela,
      tú eres el alba que anuncia
      la luz de un nuevo sol, 
      Virgen de Coromoto,
      Patrona de Venezuela,
      nos consagramos, oh Madre,

      a tu corazón.
      Madre, a tu corazón.

domingo, 22 de marzo de 2015

ORACIÓN DE UNA NIÑA A SAN JOSÉ (Luis de Trelles)

 Dulcísimo esposo de la Santísima Virgen María, padre putativo de Jesús, gran patriarca de la nueva ley: Te saludo y te felicito por la dicha que alcanzaste y mereciste por tus virtudes ocultas y grande y virginal pureza, de ser padre de Jesús y esposo de María. En memoria de los dones que para nosotros recibiste, te suplico que me adoptes por tu hija, y cubras mi debilidad con el escudo acerado de tu santo patrocinio. Te veo con los ojos del espíritu sentado en el cielo, cerca de tu Hijo Santísimo y resplandeciente de la gloria que destella sobre ti ese sol purísimo, en recompensa de los altísimos dones y mercedes que siempre correspondiste; y me parece verte bajar los escalones de tu trono uno a uno, y luego descender a la tierra para venir a buscarme, y tomarme de la mano, como un padre tierno y cariñoso que conduce a una hija niña y débil. Tú me elegiste por protegida, más bien que yo a ti por protector. Gracias, Santo mío.
No me dejes de la mano, para que no tropiece con los escollos de la vida del mundo. Continúame tu amparo que tan claramente veo en cuantas ocasiones acudo a ti, que nunca me desoyes. Llévame, José, a Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar. Recomiéndame a Él y ruégale por mí, para que me recree muchas veces en su visita en la Sagrada Comunión, y para que permanezca conmigo, como prometió en su Evangelio, viviendo en mi pobre corazón y yo en el suyo. Y tú, hermoso Santo, cúbreme con tu protección como con un escudo impenetrable, que me defienda de mí misma, que soy mi mayor enemigo, y que mantenga limpio el cristal de mi pureza, para que no lo empañe la menor sombra. Y luego, llévame también cerca de la Virgen Santísima, tu excelsa esposa. Sobre todo, Santo mío, no separes tu vista de mí para que no ofenda a Dios, y (para ayudarme) aún en lo temporal: pues soy tan miserable, que de todo necesito.
Dulcifica mis penas alcanzándome: paciencia para ellas; templanza en las alegrías; resignación en las adversidades; obediencia y sumisión gustosa a la voluntad de mis padres y superiores; y pureza en los pensamientos, palabras y obras: para que logre relativamente paz en la vida; y para que te puede llegar a ver resplandeciente en la gloria, como te sueña mi amor filial en el cielo, cerca del Hijo, y con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

sábado, 21 de marzo de 2015

"ACORDAOS" DE SAN BERNARDO

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestra asistencia y reclamando vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Animado por esta confianza, a Vos también acudo, ¡oh Virgen Madre de las vírgenes!, y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados. me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana. No desechéis ¡oh Madre de Dios!, mis humildes súplicas; antes bien, inclinad a ellas vuestros oídos y dignaos atenderlas favorablemente. Amén.
   Cúmplase en todas las cosas la justísima, altísima y amabilísima voluntad de Dios y eternamente sea glorificada y ensalzada.
   Bendita sea la Purísima e Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, Madre de Dios.

LA EUCARISTÍA

La Eucaristía es el sacramento del Cuerpo y Sangre de Jesucristo bajo las especies de pan y de vino.
En la Eucaristía está real y verdaderamente Jesucristo y lo recibimos en la Sagrada Comunión. Después de la consagración la Hostia (pan de trigo) es el Cuerpo de Jesucristo y en el cáliz (vino con agua) está la Sangre de Jesucristo. Recibimos a Jesucristo en la Sagrada Comunión para que sea alimento de nuestras almas, nos aumente la gracia y nos dé la vida eterna. Para recibirlo debemos estar en gracia de Dios, guardar el ayuno eucarístico (al menos una hora) y saber a quién recibimos. 

jueves, 12 de marzo de 2015

ORACIÓN AL SEÑOR DE LA SALUD

Dulce Jesús: 
Que eres el autor de la vida y en tus manos está la salud de los hombres: no rechaces mi humilde plegaria.
Señor, que en los días de tu vida mortal sanaste a cuantos enfermos te invocaron con fe y confianza, animado con tales sentimientos vengo a pedirte concedas la salud a nuestros hermanos enfermos, a fin de que, experimentando, una vez más, tu paternal amor, te sirvan en adelante. Amén.
(Recibida en locución por una niña de Latinoamérica el 23 de abril de 2014, a las 14.14 horas).

ORACIÓN A SAN RAFAEL ARCÁNGEL (1)

Arcángel san Rafael que dijiste: "Bendecid a Dios todos los días y proclamad sus beneficios. Practicad el bien y no tropezaréis en el mal. Buena es la oración con ayuno y hacer limosna es mejor que atesorar oro", te suplico me acompañes en todos mis caminos y me alcances gracias de sanación y liberación de toda enfermedad, malestar o fiebre. Amén.

ORACIÓN A SAN JOSÉ (10)

Glorioso san José, fiel guardián de Jesucristo: a ti dirijo mis plegarias para implorar tu poderosa intercesión y obtener del Corazón de Jesús todo lo que necesitamos para nuestro bien espiritual y temporal. Este favor te pido hoy... (se menciona la petición particular).
¡Oh fiel esposo de la Santísima Virgen! Quiero imitar tu vida y tus virtudes, especialmente la confianza e intimidad con Jesús y tu esposa María; protege a mi familia y ayúdala a superar todas las dificultades que en esta vida encuentre. Ayúdanos a obtener la feliz eternidad. Amén.

viernes, 27 de febrero de 2015

ORACIÓN DE LOS ESPOSOS

Señor:
Haz de nuestro hogar
un sitio de tu amor.
Que no haya injuria
porque Tú nos das comprensión.
Que no haya amargura
porque Tú nos bendices.
Que no haya egoísmo
porque Tú nos alientas.
Que no haya rencor
porque Tú nos das el perdón.
Que no haya abandono
porque Tú estás con nosotros.
Que sepamos marchar hacia Ti
en nuestro diario vivir.
Que cada mañana amanezca
un día más de entrega y sacrificio.
Que cada noche nos encuentre
con más amor de esposos.
Haz, Señor, de nuestras vidas
que quisiste unir,
una página llena de Ti.
Haz, Señor, de nuestros hijos
lo que Tú anhelas:
ayúdanos a educarlos
y orientarlos por tu camino.
Que nos esforcemos
en el consuelo mutuo.
Que hagamos del amor
un motivo para amarte más.
Que demos lo mejor de nosotros
para ser felices en el hogar.
Que cuando amanezca
el gran día de ir a tu encuentro
nos concedas el hallarnos unidos
para siempre en Ti. Amén.

lunes, 23 de febrero de 2015

LA SALVE (Miguel Antonio Caro)

¡Salve, oh Virgen María!
¡Salve, reina inmortal del alto cielo,
Madre de Dios, del ángel alegría,
De los hombres consuelo!
Deja que con los ángeles el hombre
Te salude y te nombre:
¡Salve, Reina inmortal, salve, María!

Virgen, tú nuestra vida,
Tú eres nuestra salud. ¿Sin ti qué hiciera
La pobre humanidad? Ciega y perdida
En sombras falleciera.
Tú al dragón quebrantaste la garganta,
Virgen, con tierna planta:
¡Tú eres nuestra salud, tú nuestra vida!


Tú eres nuestra dulzura;
Tú, Madre de piedad, nuestra esperanza.
Tus favores, bondades y ternura,
¿Quién a decir alcanza?
Tú, bendita entre todas las mujeres,
Nuestra dulzura eres,
Tú, Madre de piedad, nuestra esperanza!

¡Señora, a ti clamamos
Los hijos de Eva en nuestro valle triste,
¡Oh Madre, a ti los ojos levantamos!
Nuestra flaqueza asiste.
Sí; peregrinos de la patria ausentes,
Con lágrimas ardientes
Los ojos levantando, a ti clamamos.

Clamamos; caen al suelo
Lágrimas de dolor, hondo gemido
Brota de nuestro labio y sube al cielo.
No entregues al olvido,
Tú que lloraste al pie del leño santo,
Tú que sufriste tanto,
Nuestras lágrimas, ¡ay! nuestro gemido.

Tú eres nuestra abogada,
Tus claros ojos vuélvenos, María;
Y al fin de nuestra mísera jornada,
Muéstranos, Virgen pía,
El fruto santo de tu seno, fuente
De luz indeficiente:
¡Tú que eres nuestro bien, Virgen María!

ENSEÑANZAS (Dalmau)

Seis cosas Dios aborrece
Y otra séptima abomina:
Ojos soberbios o erguidos;
Lengua que dice mentira;
Mano que sangre derrama;
Corazón que vil maquina;
Pies que al mal corren ligeros;
Hombre que falso atestigua,
Y al que entre hermanos promueve
La discordia y las rencillas.

miércoles, 18 de febrero de 2015

ORACIÓN DE SANACIÓN DE HERIDAS POR CALUMNIAS (María Vallejo-Nágera)

   Jesús, Tú sabes bien en qué estado se encuentra hoy mi corazón. Me han herido y me siento amenazado. Temo que mi familia sufra a causa de esta injusticia. Tú lo ves todo, Señor, y por eso sabes que de lo que me acusan es falso. Percibo en ajenos hostilidad hacia mí por algo que no he cometido, y nada me consuela. Hazlo tú, Jesús. Solo Tú sabes sanar heridas y reparar lo dañado. Tú todo lo ves y sabes que soy inocente. Solo tu consuelo te pido. Abrázame esta noche, lléname de confianza, de tu protección y de tu ternura. Con el poder que me confiere mi Bautismo, y por el hecho de sentirme hijo verdaderamente de Dios Padre, te pido que me empapes ahora mismo con la sangre y agua que mana de tu costado. Que esa sangre bendita derramada desde la Cruz me consuele y proteja de este mal.
   Madre María: envuelve con tu manto a toda mi familia esta noche y protégela de todo el mal que esta calumnia grave ha causado en nuestro entorno. Que ninguno de los míos sufra por su causa. Confío en tu protección y tu consuelo.
   Jesús y María: pongo en vuestras manos amorosas a la persona (se puede nombrar aquí a la persona culpable), que me ha calumniado, y os pido que derraméis gracias, amor y perdón sobre ella. Y a mí, concededme el don de amarla a pesar de la adversidad. Prestadme para ello vuestros ojos y enseñadme a amarla tanto como la amáis vosotros. Que mi corazón no se llene de rencor, sino de amor hacia ella. Amén.

martes, 17 de febrero de 2015

PLEGARIA A DIOS (Gabriel de la Concepción Valdés "Plácido")

Ser de inmensa bondad, Dios poderoso,
A vos acudo en mi dolor vehemente:
Extended vuestro brazo omnipotente,
Rasgad de la calumnia el velo odioso
Y arrancad este sello ignominioso
Con que el mundo manchar quiere mi frente.

Rey de los reyes, Dios de mis abuelos,
Vos solo sois mi defensor, Dios mío;
Todo lo puede quien al mar sombrío
Olas y peces dio, luz a los cielos,
Fuego al Sol, giro al aire, al Norte hielos,
Vida a las plantas, movimiento al río.

Todo lo podéis Vos, todo fenece
O se reanima a vuestra voz sagrada:
Fuera de Vos, Señor, el todo es nada
Que en la insondable eternidad perece;
Y aun esa misma nada os obedece,
Pues de ella fue la humanidad creada.

Yo no os puedo engañar, Dios de clemencia,
Y pues vuestra eternal sabiduría
Ve al través de mi cuerpo el alma mía
Cual del aire a la clara transparencia,
Estorbad que, humillada la inocencia,
Bata sus palmas la calumnia impía.

Estorbadlo, Señor, por la preciosa
Sangre vertida, que la culpa sella
Del pecado de Adán, o por aquella
Madre cándida, dulce y amorosa,
Cuando envuelta en pesar, mustia y llorosa,
Sintió tu muerte como helíaca estrella.

Por Aquella de Regia venerada
Que un tiempo en Montserrat apareciera
De refulgente aureola iluminada,
Sobre radiante disco placentera:
Por Aquella tu esposa idolatrada
Que en su seno divino te tuviera,
Tiende, Señor, el iris de bonanza,
Y al monstruo horrendo en el abismo lanza...

Mas si cuadra a tu suma Omnipotencia
Que yo perezca cual malvado impío,
Y que los hombre mi cadáver frío
Ultrajen con maligna complacencia...
Suene tu voz, y acabe mi existencia...
Cúmplase en mí tu voluntad, ¡Dios mío!...

ORDEN Y PATRIA (Himno de los Carabineros de Chile)

Orden y Patria es nuestro lema,
la ley espejo de nuestro honor;
del sacrificio somos emblema,
Carabineros de la Nación.

Si el mal acecha la paz del nido,
do la inocencia se cobijó,
vamos sin miedo tras el bandido;
somos del débil el protector.

Nuestra bandera flamea al viento
como un heraldo de bienestar;
nuestros clarines son el acento
con que sus dianas cantan la paz.

Otros la vida gocen en calma,
disfruten ellos dicha y solaz;
nosotros vamos tras de la palma
que el sacrificio nos brindará.

Duerme tranquila, niña inocente,
sin preocuparte del bandolero,
que por tu sueño dulce y sonriente
vela tu amante carabinero.

Duerme y no temas la sombra oscura
que allá en el valle su tul tendió;
nosotros somos sol que fulgura,
Carabineros de la Nación.


domingo, 8 de febrero de 2015

TRANSFORMANDO UNA BARRA DE HIERRO EN AGUJA (Cuento chino)

 


Varios niños que, en vez de ir a la escuela, jugaban en la calle, vieron a una anciana que frotaba incansablemente una barra de hierro contra una piedra.
Intrigados, le preguntaron:
- ¿Qué está haciendo ahí, señora?
Ella contestó seriamente:
- Estoy frotando este lingote para adelgazarlo; quiero hacer con él una aguja para coser mi ropa.
Los muchachos soltaron la risa.
- ¡Nunca conseguirá hacer una aguja con una barra de hierro de ese grosor!
- La froto todos los días, y cada día disminuye algo más, por fin terminará siendo una aguja. Pero pequeños flojos como ustedes no pueden comprender esto – dijo la anciana.
Los niños se miraron entre sí, avergonzados, y corriendo, regresaron a la escuela.
De esta historia nos viene la antigua sentencia que aún circula en nuestros días:
«El trabajo perseverante puede convertir una barra de hierro en una aguja para bordar».
                                                    Qian Que Lei Shu