A la niña Asunción de Zaragoza y del Pino
Son tas cuerdos mis consejos,
que me atreveré a jurarte
por mis ojos que, aunque viejos,
aún, Asunción, al mirarte,
aspiran a ser espejos,
que aplicando estos consejos
a mi vejez, todavía
pienso curar, hija mía,
de mi corazón las llagas;
llagas ¡ay! que no tendría,
si yo hubiera hecho algún día
lo que te aconsejo que hagas.

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