Buenos días. Feliz Navidad. Es viernes y hoy las lecturas nos quieren enseñar lo que podemos ser si permanecemos unidos a Dios. El evangelio nos muestra a Juan el Bautista que responde a los fariseos que no es ni el Mesías, ni Elías, ni un profeta; él es la voz que grita en el desierto. Sabemos que en la Biblia el desierto es el lugar de descubrimiento de la voluntad de Dios. Esa es la misión de Juan, señalar cómo vivir unidos al Mesías, convirtiendo nuestras vidas y permaneciendo unidos a Dios, para que demos auténticos frutos de vida eterna. Por eso, hoy conviene que nos preguntemos quién soy yo, ¿un cristiano católico? Y, ¿qué significa ser católico? Seamos buenos y confiemos en Dios y, unidos en Él, viviremos en la Verdad.
1ª Lectura (1Jn 2, 22-28): Hijos míos: ¿Quién es el mentiroso, sino aquel que niega que Jesús es Cristo? Ése es el anticristo, porque niega al Padre y al Hijo. Nadie que niegue al Hijo posee al Padre; pero quien reconoce al Hijo, posee también al Padre. Que permanezca, pues, en vosotros lo que desde el principio habéis oído. Si permanece en vosotros lo que habéis oído desde el principio, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre. Ésta es la promesa que él mismo nos hizo: la vida eterna.
Os he escrito esto, pensando en aquellos que tratan de induciros al error. Recordad que la unción que de él habéis recibido, permanece en vosotros y no necesitáis enseñanzas de nadie; esta unción, que es verdad y no mentira, os ilustra a través de todas las cosas; permaneced, pues, en él, como la unción os enseña. Así pues, hijos míos, permaneced en él, para que, cuando él se manifieste, tengamos plena confianza y no nos veamos confundidos por él en el día de su venida.
Salmo responsorial: 97
R/. Todos los términos de la Tierra vieron la salvación de nuestro Dios.
Cantemos al Señor un cántico nuevo, pues ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo le han dado la victoria.
El Señor ha dado a conocer su victoria y ha revelado a las naciones su justicia. Una vez más ha demostrado Dios su amor y su lealtad hacia Israel.
La Tierra entera ha contemplado la victoria de nuestro Dios. Que todos los pueblos y naciones aclamen con júbilo al Señor.
Versículo antes del Evangelio (Heb 1, 1-2): Aleluya. En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros padres, por boca de los profetas. Ahora, en estos tiempos, nos ha hablado por medio de su Hijo. Aleluya.




No hay comentarios:
Publicar un comentario