martes, 6 de enero de 2026

EPIFANÍA DEL SEÑOR A

 

Buenos días. Feliz Navidad. Y feliz día de la Epifanía. Hoy la luz de Dios se ha manifestado a todas las naciones. Las lecturas nos enseñan que la salvación no es sólo para los judíos, sino que también es para todos los pueblos de la Tierra. “Se postrarán ante Ti, Señor, todos los pueblos de la Tierra”. Los Magos de Oriente son la señal que ofrece el evangelio de Mateo, para hacer comprender que el Mesías esperado por Israel también será adorado por todos los que reconocen en el niño al Rey de Reyes (oro), al Dios único y verdadero (incienso) y el sacrificio que hará por la humanidad (mirra). Hoy nosotros deberíamos ser capaces de ver la estrella y ponernos en camino para descubrir a Dios en nuestro día a día y poder postrarnos para ofrecernos a Él y seguir el camino de la Gloria. Seamos buenos y confiemos en Dios, que ha venido a salvar nuestras vidas de la pobreza. Ese es nuestro gran regalo.



1ª Lectura (Is 60, 1-6): ¡Levántate y resplandece, Jerusalén, porque llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, y su gloria se verá sobre ti. Caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora. Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen hacia ti; llegan tus hijos desde lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces lo verás, y estarás radiante; tu corazón se asombrará, se ensanchará, porque la opulencia del mar se vuelca sobre ti, y a ti llegan las riquezas de los pueblos. Te cubrirá una multitud de camellos, dromedarios de Madián y de Efá. Todos los de Saba llegan trayendo oro e incienso, y proclaman las alabanzas del Señor.


Salmo responsorial: 71

R/. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos dé la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud.

En sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra.

Los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. Los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones; postraos ante él todos los reyes, y servidle todos los pueblos.

Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres.


2ª Lectura (Ef 3, 2-3a.5-6): Hermanos: Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor de vosotros, los gentiles. Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo, y partícipes de la misma promesa en Jesucristo, por el Evangelio.


Versículo antes del Evangelio (Mt 2, 2): Aleluya. Vimos su estrella en el oriente, y venimos a adorar al Señor. Aleluya.




Texto del Evangelio (Mt 2, 1-12): Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle». En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel’».
Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle».
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el Niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.








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