Buenos días. Es viernes y las lecturas nos presentan el reinado de Dios. El evangelio es claro: ¿Quién puede perdonar pecados? Sólo Dios. Cristo demuestra quién es Él, porque para que todos lo vean le dice al paralítico que tome su camilla y se vaya a su casa. Así queda demostrado que Cristo actúa, haciendo realidad que el Reino de los cielos ha llegado hasta ellos. Por eso hoy la primera lectura nos habla también de la necesidad que tienen los israelitas de un rey. Pero, ¿cuál es el rey y su función? Samuel advierte de la carga que supondrá, pero ellos se empeñan en tener un rey. Y nosotros hoy ¿queremos tener un rey humano, que nos convierta en servidores? O ¿buscamos un rey que tiene el poder de perdonar pecados? Seamos buenos y confiemos en Dios, que es nuestro escudo salvador frente a todo mal.
1ª Lectura (1Sam 8, 4-7.10-22a): En aquellos dias, los ancianos de Israel se reunieron y fueron a entrevistarse con Samuel en Ramá. Le dijeron: «Mira, tú eres ya viejo, y tus hijos no se comportan como tú. Nómbranos un rey que nos gobierne, como se hace en todas las naciones». A Samuel le disgustó que le pidieran ser gobernados por un rey, y se puso a orar al Señor. El Señor le respondió: «Haz caso al pueblo en todo lo que te pidan. No te rechazan a ti, sino a mí; no me quieren por rey».
Samuel comunicó la palabra del Señor a la gente que le pedía un rey: «Éstos son los derechos del rey que os regirá: a vuestros hijos los llevará para enrolarlos en sus destacamentos de carros y caballería, y para que vayan delante de su carroza; los empleará como jefes y oficiales en su ejército, como aradores de sus campos y segadores de su cosecha, como fabricantes de armamento y de pertrechos para sus carros. A vuestras hijas se las llevará como perfumistas, cocineras y reposteras. Vuestros campos, viñas y los mejores olivares os los quitará para dárselos a sus ministros. De vuestro grano y vuestras viñas os exigirá diezmos, para dárselos a sus funcionarios y ministros. A vuestros criados y criadas, vuestros mejores burros y bueyes, se los llevará para usarlos en su hacienda. De vuestros rebaños os exigirá diezmos. Y vosotros mismos seréis sus esclavos. Entonces gritaréis contra el rey que os elegisteis, pero Dios no os responderá».
El pueblo no quiso hacer caso a Samuel, e insistió: «No importa. ¡Queremos un rey! Así seremos nosotros como los demás pueblos. Que nuestro rey nos gobierne y salga al frente de nosotros a luchar en la guerra». Samuel oyó lo que pedía el pueblo y se lo comunicó al Señor. El Señor le respondió: «Hazles caso y nómbrales un rey».
Salmo responsorial: 88
R/. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.
Dichoso el pueblo que sabe aclamarte: caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro; tu nombre es su gozo cada día, tu justicia es su orgullo.
Porque tú eres su honor y su fuerza, y con tu favor realzas nuestro poder. Porque el Señor es nuestro escudo y el Santo de Israel nuestro rey.
Versículo antes del Evangelio (Lc 7,16): Aleluya. Un gran profeta se ha levantado entre nosotros, y Dios ha visitado a su pueblo. Aleluya.
"A ti te digo: Levántate, coge tu camilla y echa a andar” Mc 2, 1-12)
Señor, gracias. Necesito que me animes, que me libres de mis cargas, que sabes mis heridas, que comprarlas conmigo mis cargas y mis cruces, que me liberes de todo cuanto me hace caer, desconfiar, tirar la toalla y pensar que es imposible estar mejor de como estoy.
Señor, gracias. Necesito que te acerques a mí y me ayudes a descubrir quién soy, qué me habita, qué me mueve, qué razones tengo para seguir esperando, para vivir en plenitud, para saber qué es lo que quieres de mí en este momento de mi vida.
Señor, gracias. Gracias porque sé que un día más estarás a mi lado, a tu modo, y me harás ponerme de pie, coger mi camilla y marcharme a casa a disfrutar de la vida.
Gracias, Señor, porque me quieres tal y como soy. Por favor, habita nuestro corazón y haznos pacificadores.
Así te lo pido. Así sea.





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