Buenos días. Feliz jueves, hoy rezamos por las vocaciones, especialmente a la vida sacerdotal. Y las lecturas nos expresan una alegría inmensa al descubrir el favor de Dios en todo lo que vivimos. El rey David da gracias ante Dios porque, sin merecerlo, lo ha escogido para que su descendencia reine para siempre. David acoge humilde este regalo de Dios. En el evangelio nos enseña que la luz no se debe esconder, la luz debe alumbrar a todos. Dios nos ha llamado a ser hijos suyos, sus hermanos y hermanas, si acogemos su palabra, para que brille en medio del mundo y no para escondernos. Todo lo que somos y tenemos es gracia de Dios. Seamos buenos, confiemos en Dios y que brille a través de nuestras obras su luz en el mundo.
1ª Lectura (2Sam 7, 18-19.24-29): Después que Natán habló a David, el rey fue a presentarse ante el Señor y dijo: «¿Quién soy yo, mi Señor, y qué es mi familia, para que me hayas hecho llegar hasta aquí? ¡Y, por si fuera poco para ti, mi Señor, has hecho a la casa de tu siervo una promesa para el futuro, mientras existan hombres, mi Señor! Has establecido a tu pueblo Israel como pueblo tuyo para siempre, y tú, Señor, eres su Dios. Ahora, pues, Señor Dios, mantén siempre la promesa que has hecho a tu siervo y su familia, cumple tu palabra. Que tu nombre sea siempre famoso. Que digan: ‘¡El Señor de los ejércitos es Dios de Israel!’. Y que la casa de tu siervo David permanezca en tu presencia. Tú, Señor de los ejércitos, Dios de Israel, has hecho a tu siervo esta revelación: ‘Te edificaré una casa’; por eso tu siervo se ha atrevido a dirigirte esta plegaria. Ahora, mi Señor, tú eres el Dios verdadero, tus palabras son de fiar, y has hecho esta promesa a tu siervo. Dígnate, pues, bendecir a la casa de tu siervo, para que esté siempre en tu presencia; ya que tú, mi Señor, lo has dicho, sea siempre bendita la casa de tu siervo».
Salmo responsorial: 131
R/. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre.
Señor, tenle en cuenta a David todos sus afanes: cómo juró al Señor e hizo voto al Fuerte de Jacob.
«No entraré bajo el techo de mi casa, no subiré al lecho de mi descanso, no daré sueño a mis ojos, ni reposo a mis párpados, hasta que encuentre un lugar para el Señor, una morada para el Fuerte de Jacob».
El Señor ha jurado a David una promesa que no retractara: «A uno de tu linaje pondré sobre tu trono».
«Si tus hijos guardan mi alianza y los mandatos que les enseño, también sus hijos, por siempre, se sentarán sobre tu trono».
Porque el Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella: «Esta es mi mansión por siempre, aquí viviré, porque la deseo».
Versículo antes del Evangelio (Sal 118, 105): Aleluya. Antorcha para mis pies es tu palabra, y luz para mis sendas. Aleluya.







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