Buenos días. Feliz domingo. Hoy la Iglesia en todo el mundo se reúne para celebrar la vida, el amor, la esperanza. En las lecturas de este tiempo ordinario vamos a ir descubriendo la misión de Cristo, que comienza con la celebración del bautismo y que hoy volvemos a leer en san Juan. Leemos que el Bautista lo señala como el Cordero que quita el pecado del mundo. Es la principal misión de Jesús, que san Pablo expresa como los santificados en Cristo. Hoy nosotros somos testigos, como Pablo, de que el Señor nos ha dado una vida nueva por el Bautismo en el Espíritu, ya no es un simple acto ritual, sino que nos transforma en hijos de Dios, para hacer su voluntad y para vivir como auténticos cristianos. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos llama a ser testigos del amor entregado de Jesús.
1ª Lectura (Is 49, 3.5-6): Me dijo el Señor: «Tu eres mi siervo, Israel, por medio de ti me glorificaré». Y ahora dice el Señor, el que me formó desde el vientre como siervo suyo, para que le devolviese a Jacob, para que le reuniera a Israel; he sido glorificado a los ojos de Dios. Y mi Dios era mi fuerza: «Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la Tierra».
Salmo responsorial: 39
R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito. Me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios, entonces yo digo: «Aquí estoy».
«-Como está escrito en mi libro- para hacer tu voluntad. Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas».
He proclamado tu justicia ante la gran asamblea; no he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes.
2ª Lectura (1Cor 1, 1-3): Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, a la Iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados por Jesucristo, llamados santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro: a vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
Versículo antes del Evangelio (Jn 1, 14a.12a): Aleluya. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. A cuantos le recibieron les dio poder de ser hechos hijos de Dios. Aleluya.



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