¡Feliz aquella suerte!
¡Feliz cuando te amé por vez primera!
Que a solas pude verte,
amor, y te pidiera
quedarte entre mis brazos prisionera.
¡Feliz cuando te amé por vez primera!
Que a solas pude verte,
amor, y te pidiera
quedarte entre mis brazos prisionera.
Feliz aquella muerte
a todo lo que a amarte se opusiera.
Que, luego de tenerte,
ya todo lo tuviera
y, amándote, mi vida se cumpliera.
Pues, sólo por quererte,
contigo mi camino repitiera,
y luego, hasta la muerte,
mi vida te ofreciera,
como una flor se ofrece en primavera.

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