Buenos días. Hoy sábado por la mañana, las lecturas nos muestran lo que ocurre cuando no confiamos en Dios y actúa nuestro egoísmo y nuestro miedo. Los discípulos se adentran en el mar para cruzar a la otra orilla, y Jesús duerme en medio de la tempestad; sienten miedo y llega la desconfianza: “¿Es que no te importa que perezcamos?”. Jesús increpa al viento y al mar y enmudecen.
El rey David ha pecado y reconoce que se ha apartado de Dios, pero el mal que causamos tiene consecuencias. Dios nos perdona y quiere que no tengamos miedo sino fe y que confiemos que su voluntad siempre será darnos la felicidad, a pesar de nuestros pecados Dios quiere redimirnos y callar al viento y al mar. Seamos buenos y confiemos en Dios, que crea en nosotros un corazón puro.
Lectura del segundo libro de Samuel 12, 1-7a. 10-17
Llegó un peregrino a casa del rico, y no quiso coger una de sus ovejas o de sus vacas y preparar el banquete para el hombre que había llegado a su casa, sino que cogió la cordera del pobre y la aderezó para el hombre que había llegado a su casa».
Natán se fue a su casa.
El Señor hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David y cayó enfermo.
David oró con insistencia a Dios por el niño. Ayunaba y pasaba las noches acostado en tierra.
Los ancianos de su casa se acercaron a él e intentaban obligarlo a que se levantara del suelo, pero no accedió, ni quiso tomar con ellos alimento alguno.
Salmo 50, 12-13. 14-15. 16-17 R/. Oh, Dios, crea en mí un corazón puro
Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 35-41
Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba en la popa, dormido sobre un cabezal.
El viento cesó y vino una gran calma.
San Juan Bosco, no ocultó nunca su gran cariño a la Madre de Jesús y madre nuestra.
Es a Ella a quien elige como su auxilio en todo momento y a Ella recurre ante cualquier necesidad.
Pero su gran amor y devoción a Ella nunca le alejó de Jesús, sino que cada vez le acercó más y más a el Señor.
Con esta devoción a la Virgen, san Juan Bosco nos enseña a tener a María como nuestra madre, pues al recurrir a Ella nunca nos quedamos sin respuesta.
Es la madre de todos los cristianos, por tanto, en la figura de san Juan Bosco, podemos aprender que una sincera, pura y recta devoción mariana puede ser remedio eficaz para nuestros desvíos y acogedor amparo ante las tribulaciones
Reza hoy con las palabras de Don Bosco que solía decir así: «Un siervo de María jamás perecerá».
Dios te bendiga 






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