Buenos días. Hoy miércoles resuena la antífona del salmo: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. Cristo aparece en el Evangelio curando a los enfermos. Como sabemos, la enfermedad en Israel es igual a pecado, y el pecador es impuro y está apartado de Dios. Por eso Cristo demuestra el amor de Dios curando toda enfermedad. Ha venido al mundo para cumplir la promesa de Dios y que todos podamos oír su llamada, como Samuel, y ser testigos de su amor en medio de nuestro mundo. Seamos buenos y confiemos en Dios, que quien confía en Él es feliz de verdad.
1ª Lectura (1Sam 3, 1-10.19-20): En aquellos dias, el niño Samuel oficiaba ante el Señor con Elí. La palabra del Señor era rara en aquel tiempo, y no abundaban las visiones. Un día Elí estaba acostado en su habitación. Sus ojos empezaban a apagarse, y no podía ver. Aún ardía la lámpara de Dios, y Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios.
El Señor llamó a Samuel, y él respondió: «Aquí estoy». Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy; vengo porque me has llarnado». Respondió Elí: «No te he llamado; vuelve a acostarte». Samuel volvió a acostarse. Volvió a llamar el Señor a Samuel. Él se levantó y fue a donde estaba Elí y le dijo: «Aqui estoy; vengo porque me has llamado». Respondió Elí: «No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte». Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor. Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue a donde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy; vengo porque me has llamado». Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel: «Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: ‘Habla, Señor, que tu siervo te escucha’».
Samuel fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y le llamó como antes: «¡Samuel, Samuel!». Él respondió: «Habla, que tu siervo te escucha». Samuel crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse; y todo Israel, desde Dan hasta Berseba, supo que Samuel era profeta acreditado ante el Señor.
Salmo responsorial: 39
R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor, y no acude a los idólatras, que se extravían con engaños.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy».
«Como está escrito en mi libro: para hacer tu voluntad». Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas.
He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes.
Versículo antes del Evangelio (Jn 10, 27): Aleluya. Mis ovejas oyen mi voz, dice el Señor; y yo las conozco y me siguen. Aleluya.
“Todo el mundo te busca” (Mc 1, 29-39)
Señor Jesús, que yo te busque hoy en los hombres y mujeres con los que me cruce a lo largo del día, con sus alegrías y tristezas, con sus angustias y esperanzas, con sus búsquedas y sus deseos más profundos.
Que yo te busque hoy, Señor Jesús, allí donde haya alguien que necesite ser escuchado, levantado, dignificado, allí donde alguien grite a voces o desde la más absoluta afonía.
Que yo te busque hoy, Señor Jesús, que vaya a tu encuentro, que me dedique 5 minutos a estar ante tu presencia, que guste tu Palabra, que ore pidiéndote que te busque sin descanso.
Que yo te busque hoy, Señor Jesús, porque sin Ti qué sería mi vida, qué fundamentaría mi existencia, qué valor tendrían mis opciones, mis acciones y mis compromisos.
Que yo te busque como Tú me buscas: sin condiciones, sin miedos, sin más intención que amar más y amar mejor, sin más objetivo de sentir que me amas y que nunca me abandonas.
Señor Jesús, que te busque hoy. Afina mis sentidos y sintoniza mi corazón. Y haz posible la paz en nuestro mundo.
Así te lo pido. Así sea.



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