¡Quién fuera luna, allá tras la cañada,
para besar tus huellas en la arena.
Quién el aroma dulce de azucena
para envolverte fresca y perfumada!
para besar tus huellas en la arena.
Quién el aroma dulce de azucena
para envolverte fresca y perfumada!
¡Quién fuera mar tranquila y sosegada
para bañar tu piel suave y morena.
Quién seducción, en cantos de sirena,
para, furtivo, robarte una mirada!
Y fueras tú mujer propia o ajena
y acaso fuera amarte mi pecado,
luego aceptase a gusto mi condena.
Que más prefiero ser atormentado,
sufriendo por amor injusta pena
que, libre de pecar, no haber amado.

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