Buenos días. Hoy lunes comienza el tiempo ordinario. Y una invitación del evangelio nos dice: Convertíos y creed en el Evangelio. Quizá lo más difícil para el hombre es creer, porque supone dar confianza a una promesa que no podemos ver, y que en muchas ocasiones parece que no existe. La primera lectura hoy nos muestra que dos mujeres casadas con el mismo hombre una de ellas es fértil y tiene hijos, la otra no. Pero sin embargo, su marido la ama y le demuestra su amor, a pesar de que la otra mujer se burle de ella por su dolor de no tener hijos. Dios está siempre presente y nos ama a pesar de que el mundo se burle de nosotros por nuestros problemas. El nos dice que nos ama, sin condiciones. ¿Nos basta su amor? ¿Confiamos en su invitación y creemos en la Buena Noticia que nos regala? Seamos buenos, confiemos en Dios y seremos auténticos pescadores de hombres.
1ª Lectura (1Sam 1, 1-8): Había un hombre sufita, oriundo de Ramá, en la serranía de Efraín, llamado Elcaná, hijo de Yeroján, hijo de Elihú, hijo de Toju, hijo de Suf, efraimita. Tenía dos mujeres: una se llamaba Ana y la otra Fenina; Fenina tenía hijos, y Ana no los tenía. Aquel hombre solía subir todos los años desde su pueblo, para adorar y ofrecer sacrificios al Señor de los ejércitos en Siló, donde estaban de sacerdotes del Señor los dos hijos de Elí, Jofní y Fineés.
Llegado el día de ofrecer el sacrificio, repartía raciones a su mujer Fenina para sus hijos e hijas, mientras que a Ana le daba sólo una ración; y eso que la quería, pero el Señor la había hecho estéril. Su rival la insultaba, ensañándose con ella para mortificarla, porque el Señor la había hecho estéril. Así hacía año tras año; siempre que subían al templo del Señor, solía insultarla así.
Una vez Ana lloraba y no comía. Y Elcaná, su marido, le dijo: «Ana, ¿por qué lloras y no comes? ¿Por qué te afliges? ¿No te valgo yo más que diez hijos?».
Salmo responsorial: 115
R/. Te ofreceré, Señor, un sacrificio de alabanza.
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo. Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo, en el atrio de la casa del Señor, en medio de ti, Jerusalén.
Versículo antes del Evangelio (Mc 1, 15): Aleluya. Se ha acercado el Reino de Dios, dice el Señor: haced penitencia y creed al Evangelio. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mc 1, 14-20): Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva». Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres». Al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras Él.





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