martes, 13 de enero de 2026

MARTES 1º TIEMPO ORDINARIO A


Buenos días. Es martes y la palabra de Dios nos da un mensaje claro, sus palabras de autoridad son signos de que Dios ha llegado; el reinado de Dios está presente porque habla a los espíritus inmundos y le obedecen. Y es que como nos señala el salmo: "El Señor levanta de la basura al pobre para hacer que se sienta como un príncipe". Deberíamos confiar más en sus promesas y pedirle que nos aumente la fe. Ese es el ejemplo que representa hoy la primera lectura: Ana reza con fe y la oración le cambia hasta el rostro porque confía que Dios le dará lo que necesita. Escuchemos la palabra de autoridad de Cristo en nuestras vidas y pidamos que nos aumente la fe. Seamos buenos y confiemos en Dios, que da la pobreza y la riqueza. 



1ª Lectura (1Sam 1, 9-20): En aquellos dias, después de la comida en Siló, mientras el sacerdote Elí estaba sentado en su silla junto a la puerta del templo, Ana se levantó y, con el alma llena de amargura, se puso a rezar al Señor, llorando a todo llorar. Y añadió esta promesa: «Señor de los ejércitos, si te fijas en la humillación de tu sierva y te acuerdas de mí, si no te olvidas de tu sierva y le das a tu sierva un hijo varón, se lo entrego al Señor de por vida, y no pasará la navaja por su cabeza».

Mientras ella rezaba y rezaba al Señor, Elí observaba sus labios. Y, como Ana hablaba para sí, y no se oía su voz aunque movía los labios, Elí la creyó borracha y le dijo: «¿Hasta cuándo te va a durar la borrachera? A ver si se te pasa el efecto del vino». Ana respondió: «No es así, Señor. Soy una mujer que sufre. No he bebido vino ni licor, estaba desahogándome ante el Señor. No creas que esta sierva tuya es una descarada; si he estado hablando hasta ahora, ha sido de pura congoja y aflicción». Entonces Elí le dijo: «Vete en paz. Que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido». Ana respondió: «Que puedas favorecer siempre a esta sierva tuya».

Luego se fue por su camino, comió, y no parecía la de antes. A la mañana siguiente madrugaron, adoraron al Señor y se volvieron. Llegados a su casa de Ramá, Elcaná se unió a su mujer Ana, y el Señor se acordó de ella. Ana concibió, dio a luz un hijo y le puso de nombre Samuel, diciendo: «Al Señor se lo pedí».


Salmo responsorial: 1Sam

R/. Mi corazón se regocija por el Señor, mi salvador.

Mi corazón se regocija por el Señor, mi poder se exalta por Dios; mi boca se ríe de mis enemigos, porque gozo con tu salvación.

Se rompen los arcos de los valientes, mientras los cobardes se ciñen de valor; los hartos se contratan por el pan, mientras los hambrientos engordan; la mujer estéril da a luz siete hijos, mientras la madre de muchos queda baldía.

El Señor da la muerte y la vida, hunde en el abismo y levanta; da la pobreza y la riqueza, humilla y enaltece.

Él levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para hacer que se siente entre príncipes y que herede un trono de gloria.


Versículo antes del Evangelio (1Tes 2, 13): Aleluya. Recibid la Palabra de Dios no como palabra de hombres, sino según es en verdad, como Palabra de Dios. Aleluya.




Texto del Evangelio (Mc 1, 21-28): Llegó Jesús a Cafarnaum y el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús, entonces, le conminó diciendo: «Cállate y sal de él». Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él.
Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen». Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.



"Jesús no enseñaba como los escribas, sino con autoridad" (Mc 1, 21-28)

Señor, Dios nuestro, enséñanos a enseñar, sé Tú nuestro maestro, sé Tú nuestro modelo, nuestro camino y nuestra pedagogía. Haz que nuestra vida sea nuestra mejor lección. 

Señor, Dios nuestro, enséñanos a enseñar no con razones y principios, no con elucubraciones y demostraciones, sino con autoridad, con la autoridad que procede del servicio, de la disponibilidad y de la caridad que sostiene todo lo fraterno.

Señor, Dios nuestro, enséñanos a enseñar, haznos siempre aprendices, siempre en camino, siempre en formación. Que la Verdad guíe siempre nuestra búsqueda. 

Señor, Dios nuestro, enséñame a enseñar con tu autoridad, sanando, desde mi propio ser y sentirme hijo y  discípulo tuyo. Que enseñe más con mi vida que con mis discursos, más con mis gestos solidarios que con declaraciones de intenciones. 

Señor, Dios nuestro, enséñame a ser como Tú y a pasar por la vida haciendo el bien como Tú . 

Así te lo pido. Así sea.







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