Buenos días. Es lunes y hoy las lecturas nos invitan a trabajar por el Reino de Dios. Pablo escribe la primera lectura a Timoteo y le anima a reavivar la fe, don de Dios, que ha sido también transmitida por su familia, pero que siempre es difícil de vivir. Pablo invita a Timoteo a tomar parte en los padecimientos por el Evangelio, y es que es duro sembrar la semilla y no saber si lo sembrado dará frutos. Por eso, Jesús en el evangelio nos enseña que el crecimiento de la fe y sus frutos no dependen de nosotros, sino de Dios. No nos desanimemos porque la semilla, por pequeña que sea, como el grano de mostaza, crece y da frutos. Seamos buenos, confiemos en Dios, contemos sus maravillas en nosotros a todos y Dios hará crecer el fruto en el mundo entero.
1ª Lectura (2Sam 5, 1-7.10): En aquellos días, todas las tribus de Israel fueron a Hebrón a ver a David y le dijeron: «Hueso tuyo y carne tuya somos: ya hace tiempo, cuando todavía Saúl era nuestro rey, eras tú quien dirigías las entradas y salidas de Israel. Además el Señor te ha prometido: ‘Tú serás el pastor de mi pueblo Israel, tu serás el jefe de Israel’». Todos los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver al rey, y el rey David hizo con ellos un pacto en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos ungieron a David como rey de Israel. Tenía treinta años cuando empezó a reinar, y reinó cuarenta años; en Hebrón reinó sobre Judá siete años y medio, y en Jerusalén reinó treinta y tres años sobre Israel y Judá.
El rey y sus hombres marcharon sobre Jerusalén, contra los jebuseos que habitaban el país. Los jebuseos dijeron a David: «No entrarás aquí. Te rechazarán los ciegos y los cojos». Era una manera de decir que David no entraría. Pero David conquistó el alcázar de Sión, o sea, la llamada Ciudad de David. David iba creciendo en poderío, y el Señor de los ejércitos estaba con él.
Salmo responsorial: 88
R/. Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán.
Un dia hablaste en visión a tus amigos: «He ceñido la corona a un héroe, he levantado a un soldado sobre el pueblo».
«Encontré a David, mi siervo, y lo he ungido con óleo sagrado; para que mi mano esté siempre con él y mi brazo lo haga valeroso».
«Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán, por mi nombre crecerá su poder: extenderé su izquierda hasta el mar, y su derecha hasta el Gran Río».
Versículo antes del Evangelio (2Tim 1, 10): Aleluya. Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte y sacó a la luz la vida por el Evangelio. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mc 3, 22-30): En aquel tiempo, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Está poseído por Beelzebul» y «por el príncipe de los demonios expulsa los demonios». Entonces Jesús, llamándoles junto a sí, les decía en parábolas: «¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir. Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá subsistir. Y si Satanás se ha alzado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, pues ha llegado su fin. Pero nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero al fuerte; entonces podrá saquear su casa. Yo os aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que estas sean. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno». Es que decían: «Está poseído por un espíritu inmundo».
Señor, abre mi corazón a tu palabra y a tu amor. Estar abierto es, ante todo, salir de uno mismo. Romper la coraza del egoísmo que intenta aprisionarnos en nuestro propio yo. Estar abierto es dejar de dar vueltas alrededor de uno mismo. Como si ese fuera el centro del mundo y de la vida. Estar abierto es no dejarse encerrar en el círculo de los problemas del pequeño mundo al que pertenecemos.
Cualquiera que sea su importancia, la humanidad es más grande. Y es a ella a quien debemos servir. Estar abierto no es devorar kilómetros, atravesar los mares o alcanzar velocidades supersónicas. Es ante todo acoger a los otros, descubrirnos, ir a su encuentro, escuchar nuevas ideas, incluso a las que se oponen a las nuestras. Es tener el aire de un buen caminante.
Señor, abre mi corazón a todos mis hermanos, a tu palabra y a tu amor. Así te lo pido. Así sea.




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