Buenos días. Feliz martes. Hoy las lecturas nos quieren ayudar a descubrir al ungido del Señor, al Hijo de David. Llaman la atención a Jesús porque está profanando el sábado y Él señala que el gran elegido del Señor, el rey David, tenía autoridad para profanar los panes de la proposición, cuando lo que estaba en peligro era la vida de los hombres, señalando que Dios está por encima de las normas humanas. Y es que como hoy dice la primera lectura: Dios no se fija en las apariencias sino en el corazón del hombre. Por eso, Cristo señala que el sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado. Ojalá descubramos la verdad de los mandamientos de Dios, que son libertad, y no nos volvamos esclavos de las normas sin importar el corazón. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos ha ungido con óleo sagrado para ser reyes.
1ª Lectura (1Sam 16, 1-13): En aquellos dias, el Señor dijo a Samuel: «¿Hasta cuándo vas a estar lamentándote por Saúl, si yo lo he rechazado como rey de Israel? Llena la cuerna de aceite y vete, por encargo mío, a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos me he elegido un rey». Samuel contestó: «¿Cómo voy a ir? Si se entera Saúl, me mata». El Señor le dijo: «Llevas una novilla y dices que vas a hacer un sacrificio al Señor. Convidas a Jesé al sacrificio, y yo te indicaré lo que tienes que hacer; me ungirás al que yo te diga».
Samuel hizo lo que le mandó el Señor. Cuando llegó a Belén, los ancianos del pueblo fueron ansiosos a su encuentro: «¿Vienes en son de paz?». Respondió: «Sí, vengo a hacer un sacrificio al Señor. Purificaos y venid conmigo al sacrificio». Purificó a Jesé y a sus hijos y los convidó al sacrificio. Cuando llegó, vio a Eliab y pensó: «Seguro, el Señor tiene delante a su ungido». Pero el Señor le dijo: «No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón». Jesé llamó a Abinadab y lo hizo pasar ante Samuel; y Samuel le dijo: «Tampoco a éste lo ha elegido el Señor». Jesé hizo pasar a Samá; y Samuel le dijo: «Tampoco a éste lo ha elegido el Señor». Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel; y Samuel le dijo: «Tampoco a éstos los ha elegido el Señor».
Luego preguntó a Jesé: «¿Se acabaron los muchachos?». Jesé respondió: «Queda el pequeño, que precisamente está cuidando las ovejas». Samuel dijo: «Manda por él, que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue». Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo. Entonces el Señor dijo a Samuel: «Anda, úngelo, porque es éste». Samuel tomó la cuerna de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento, invadió a David el espiritu del Señor, y estuvo con él en adelante. Samuel emprendió la vuelta a Ramá.
Salmo responsorial: 88
R/. Encontré a David, mi siervo.
Un dia hablaste en visión a tus amigos: «He ceñido la corona a un héroe, he levantado a un soldado sobre el pueblo».
«Encontré a David, mi siervo, y lo he ungido con óleo sagrado; para que mi mano esté siempre con él y mi brazo lo haga valeroso».
«Él me invocará: "Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora"; y yo lo nombraré mi primogénito, excelso entre los reyes de la Tierra».
Versículo antes del Evangelio (Cf. Ef 1, 17-18): Aleluya. El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, para que sepamos cuál es la esperanza de nuestra vocación. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mc 2, 23-28): Un sábado, cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando espigas. Decíanle los fariseos: «Mira ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?». Él les dice: «¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y él y los que le acompañaban sintieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en tiempos del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió los panes de la presencia, que sólo a los sacerdotes es lícito comer, y dio también a los que estaban con él?». Y les dijo: «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado».
Recordamos en este día la memoria de san Sebastián. Suele representarse atravesado por flechas, ya que así fue martirizado. No son sólo armas: son símbolos. Cada flecha representa una amenaza, una herida, una prueba que pretende quebrar el cuerpo y el alma. En su tiempo fueron la persecución, la violencia del poder, el miedo a confesar la fe. En el nuestro, las flechas han cambiado de forma, pero no de intención.
Hoy las nuevas “flechas” no siempre se ven. Se llaman soledad, desesperanza, indiferencia, adicciones, guerras invisibles del corazón. Se llaman miedo al futuro, cansancio moral, pérdida de sentido, desprecio por la vida frágil. Son flechas silenciosas que hieren sin sangre, pero con profundidad. Y sin embargo, San Sebastián sigue en pie. No porque no le dolieran las heridas, sino porque no dejó que lo definieran.
Como patrón, no es solo protector contra los males del cuerpo, sino intercesor frente a los males del alma. Nos enseña que se puede ser herido sin ser derrotado, que la fe no elimina las flechas, pero sí da sentido a las heridas. Que San Sebastián nos ayude a reconocer las flechas de nuestro tiempo… y a no renunciar a la fuerza, la fe y el valor para seguir siendo testigos.
Hoy las 41 víctimas del accidente ferroviario en Córdoba son puntas crueles de dolor, sangre, amasijo y muerte que nos hieren a todos. Pero la esperanza no la perdemos. Eso nunca.
Descansen en paz 






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