sábado, 13 de abril de 2024

ORACIÓN DE LOS MÁRTIRES DE LA DIÓCESIS DE MÁLAGA DEL SIGLO XX: SIERVO DE DIOS JOSÉ LANZAS ARENAS



José Lanzas Arenas fue el primero de los mártires del s. XX asesinado en Yunquera. Perteneció a la última promoción de seminaristas que estudiaron en el antiguo seminario de la calle Santa María. Tras ordenarse, fue cura ecónomo de Cuevas bajas y después párroco y arcipreste de Yunquera. La Semana Santa de 1936 fue especialmente violenta para don José y la feligresía de Yunquera. El Jueves Santo, la turba y los milicianos entraron en la parroquia en plena misa y obligaron a desalojar el templo. Lanzas Arenas tuvo que marcharse a casa de sus familiares en Antequera. Coincidiendo con el final de curso de sus queridos seminaristas Merino, Díaz y Duarte, don José volvió a Yunquera para recibirlos y estar con ellos. Tras el agravamiento de la situación por el Alzamiento Nacional del 18 de julio, tuvo que refugiarse en un cortijo llamado “el Molino de la Puente”. Por una serie de circunstancias, los milicianos, que lo estaban buscando, se enteraron de que estaba allí oculto e insistentemente intentaron localizarlo sin dar con él, hasta que uno de ellos lo encontró oculto tras un zarzal en la finca. Don José los miró con serenidad y les dijo: “Sois dieciocho contra uno...”; entonces, tras subirlo a una bestia, lo llevaron al calabozo municipal. Allí sufrió todo tipo de maltratos. Una vecina que fue testigo de todo llegó a manifestar: “Pobrecito, lo pasó muy mal, le pegaban, estaba días sin comer, cuando podíamos le llevábamos el cafelito e incluso ropa limpia, ya que le lavábamos las camisas blancas manchadas de sangre”. Tras una semana, el día 6 de agosto, vecinos de Yunquera, acompañados por doce milicianos comunistas armados, lo sacaron de la cárcel y se lo llevaron a un lugar conocido por “los Viñasos”, donde le dieron una muerte lenta y dolorosa. Tras cometer el crimen, uno de los milicianos apareció por el pueblo con las ropas de don José manchadas de sangre y diciendo: “Le hemos dado el pasaporte para el otro mundo”. Sus restos descansan en la cripta del Convento de Belén en Antequera.






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