martes, 31 de mayo de 2022

EL CHARLATÁN (Félix María Samaniego)



«Si cualquiera de ustedes
se da por las paredes, 
o arroja de un tejado, 
y queda a buen librar descostillado, 
yo me reiré muy bien: importa un pito, 
como tenga mi bálsamo exquisito». 
Con esta relación un chacharero
gana mucha opinión, y más dinero; 
pues el vulgo, pendiente de sus labios,
más quiere a un charlatán que a veinte sabios. 
Por esta conveniencia
los hay el día de hoy en toda ciencia, 
que ocupan igualmente acreditados 
cátedras, academias y tablados.          
Prueba de esta verdad será un famoso 
doctor en elocuencia, tan copioso 
en charlatanería,
que ofreció enseñaría
a hablar discreto con fecundo pico,
en diez años de término, a un borrico. 
Sábelo el rey: lo llama, y al momento 
le manda dé lecciones a un jumento; 
pero bien entendido
que sería, cumpliendo lo ofrecido, 
ricamente premiado,
mas cuando no, que moriría ahorcado. 
El doctor asegura nuevamente
sacar un orador asno elocuente. 
Dícele callandito un cortesano: 
«Escuche, buen hermano;
su frescura me espanta:
a cáñamo me huele su garganta». 
«No temáis, señor mío,
respondió el charlatán, pues yo me río. 
¿En diez años de plazo que tenemos, 
el rey, el asno o yo no moriremos?».

Nadie encuentra embarazo
en dar un largo plazo
a importantes negocios; mas no advierte 
que ajusta mal su cuenta sin la muerte.

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